China, el factor MAZU y la soberanía digital

18 septiembre, 2026

Para Beijing, la soberanía digital está a la altura de la territorial y cada país tiene derecho a defenderla. Qué es la WAICO y por qué Washington quiere ponerle límites. El ejemplo de la tecnología que China puso a disposición de Nepal tras su devastador alud.

Por Fernando Capotondo. El rescate de un trabajador chino que pasó once días atrapado en un túnel de Nepal ofreció un respiro en medio de una catástrofe que dejó miles de muertos y desaparecidos. El desastre, ocurrido el 26 de agosto por el colapso de un glaciar cerca de la frontera con China, arrasó viviendas, infraestructura y varios proyectos hidroeléctricos. En ese contexto de emergencia, la asistencia enviada por Beijing incluyó el uso de MAZU, una plataforma de alerta meteorológica basada en IA, que combina datos de distintas fuentes con información de los satélites Fengyun-3 y Fengyun-4.

La herramienta entró en escena en el paso fronterizo Gyirong-Rasuwa, donde era prioritario evaluar los daños y organizar las primeras tareas de rescate. “La Administración Meteorológica de China ha estado proporcionando a Nepal una amplia gama de productos meteorológicos a través de MAZU”, confirmó Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China. Pronósticos, monitoreos meteorológicos e información satelital quedaron así incorporados a un operativo que se desarrollaba en uno de los puntos más golpeados por el desastre.

El nombre MAZU combina la última tecnología china con una figura milenaria de la cultura que protege a los navegantes. Por un lado, es la sigla inglesa de Multi-hazard, Alert, Zero-gap and Universal, el sistema pensado para las alertas meteorológicas tempranas, y por el otro hace referencia a Mazu, una antigua diosa del mar venerada especialmente en las regiones costeras del sur de China. 

La cuestión fue que Nepal puso en práctica algo que Beijing había anunciado meses antes en Shanghái. En la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial, realizada en julio, el presidente Xi Jinping afirmó que China ayudaría a 30 países a utilizar MAZU durante los próximos cinco años. El paquete incluirá además 5.000 oportunidades de capacitación en IA para países en desarrollo y la creación de centros internacionales de cooperación con la ASEAN, la Liga Árabe, la Unión Africana, la CELAC, la Organización de Cooperación de Shanghái y los BRICS.

“Debemos rechazar conductas como generalizar el concepto de seguridad nacional en el ámbito de la IA y poner la seguridad de un país por encima de la de otros”, destacó Xi. ¿Quién puede acceder a los últimos adelantos, quién decide qué tecnología puede utilizar un país y hasta dónde la seguridad nacional puede utilizarse para cerrar mercados o dividir en bloques el desarrollo de la IA?

En esa misma cumbre, 29 países firmaron un acuerdo para crear la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO), una entidad con sede en Shanghái que, según los papeles, se dedicará a promover la cooperación y la gobernanza global de la IA. En el acto de lanzamiento, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que la IA puede ser “la mayor oportunidad de la humanidad en el siglo XXI”, pero también “uno de sus mayores riesgos”. “La tecnología que dará forma al futuro debe ser moldeada por toda la humanidad”, agregó el diplomático.

Días después, Beijing presentó el Documento de Posición de China sobre la Gobernanza Global de la Red en la Era Digital/Inteligente durante la primera reunión del Mecanismo Permanente de Ciberseguridad de la ONU. Más allá del nombre largo, el documento reivindica el respeto mutuo de la soberanía digital y sostiene que cada país tiene derecho a elegir su propio camino de desarrollo tecnológico. Parte de una premisa que atraviesa la postura china: el ciberespacio es una extensión del mundo real. Ni más, ni menos. 

El texto también rechaza los monopolios tecnológicos y cuestiona lo que China define como “hegemonía digital”. ¿Teléfono para Washington? Sin dudas.

Estados Unidos, por su parte, viene construyendo su propia arquitectura tecnológica alrededor de iniciativas como Pax Silica, lanzada por el Departamento de Estado para coordinar con aliados y socios las cadenas consideradas estratégicas. Desde minerales críticos a semiconductores e infraestructura para IA, todo entra en la bolsa. 

El secretario del Tesoro Scott Bessent había definido en junio que “el mayor riesgo para la IA es que China se adelante” a Estados Unidos. Tres meses después fue todavía más lejos al plantear que “no hay un día después si China gana en esto”. 

Mientras Beijing habla de soberanía digital y de no elegir necesariamente un bando, Washington empezó a poner límites a esa posibilidad. En agosto, trascendió un borrador del Departamento de Estado que contemplaba pedir a los socios de Pax Silica que eligieran entre esa iniciativa y la coalición de IA impulsada por China.

De los dos lados del mostrador, no. Pero sí. Kazajistán quedó en medio de esa tensión, ya que fue uno de los países que firmaron el acta constitutiva de WAICO con la República Popular China y, al mismo tiempo, ingresó en junio pasado a Pax Silica, la iniciativa impulsada por Estados Unidos.

En paralelo a este embrollo, China llevó la soberanía digital a su legislación. La Ley de Ciberseguridad, reformada en octubre de 2025, y vigente desde el 1 de enero de 2026, incorporó disposiciones sobre la seguridad de la IA y aumentó las penas por infracciones. La norma estableció, además, la posibilidad de sancionar determinadas actividades realizadas desde el exterior que afecten la ciberseguridad china.

Cada país, sostiene Beijing, tiene derecho a decidir su propio camino tecnológico y cómo defenderlo. Para China, la soberanía no se negocia. La digital tampoco.

Categorías: Ciencia y Tecnología

PUBLICAR COMENTARIOS