Las elecciones de Brasil ponen en juego el futuro de la asociación estratégica con China

21 octubre, 2026

En un análisis publicado en su Substack, la periodista Iara Vidal examina cómo el resultado de las elecciones presidenciales brasileñas de 2026 podría influir en la cooperación económica, científica y tecnológica con China. Sostiene que el desafío no consiste en elegir entre Beijing y Washington, sino en aprovechar las relaciones internacionales para fortalecer la soberanía y el desarrollo nacional.

La relación entre Brasil y China constituye uno de los principales ejes del debate sobre la política exterior brasileña ante las elecciones presidenciales de 2026. En un artículo titulado “Brasil-China: o que está em jogo para a parceria na eleição de 2026”, la periodista Iara Vidal, residente en Beijing, sostiene que la continuidad de una política exterior orientada al multilateralismo y a la cooperación con el Sur Global puede resultar decisiva para transformar los vínculos comerciales en desarrollo industrial y tecnológico. Según los datos que presenta, China es el principal socio comercial de Brasil desde 2009 y el intercambio bilateral alcanzó los 171.000 millones de dólares en 2025. Entre enero y septiembre de 2026, las exportaciones brasileñas al mercado chino sumaron 84.700 millones de dólares, más del triple de las destinadas a Estados Unidos. Sin embargo, Vidal advierte que el crecimiento comercial no alcanza si Brasil continúa concentrando sus exportaciones en soja, mineral de hierro y petróleo.

La autora destaca que, desde el regreso de Luiz Inácio Lula da Silva a la Presidencia en 2023, la cooperación bilateral se amplió hacia sectores como energías limpias, industria automotriz, infraestructura, salud y tecnología. Recuerda que durante la visita de Lula a Beijing, en mayo de 2025, se anunciaron inversiones chinas por 27.000 millones de reales, aunque subraya que esos proyectos todavía deben concretarse y traducirse en empleos, fortalecimiento industrial y transferencia tecnológica. Como ejemplo de una asociación basada en el desarrollo de capacidades propias, recupera el programa espacial CBERS, iniciado en 1988 mediante un acuerdo entre ambos países. Brasil aportó desde el comienzo la experiencia científica de su Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), mientras China contribuyó con sus capacidades de fabricación y lanzamiento de satélites. La cooperación continúa actualmente con el CBERS-6, cuyo lanzamiento está previsto para 2028. Para Vidal, esa experiencia demuestra que la soberanía tecnológica requiere planificación estatal, inversión pública y continuidad institucional.

El artículo también examina la relación entre comercio, seguridad alimentaria y autonomía nacional. Vidal señala que China produjo aproximadamente 715 millones de toneladas de granos en 2025, resultado de una estrategia de largo plazo que incluye infraestructura rural, investigación agrícola, mecanización y preservación de tierras cultivables. Aunque continúa dependiendo de las importaciones de soja brasileña, Beijing procura diversificar sus proveedores y reducir su vulnerabilidad ante las tensiones internacionales. La periodista plantea que Brasil debería extraer una enseñanza de esa política: en lugar de limitarse a exportar materias primas, necesita desarrollar capacidades agroindustriales, científicas y tecnológicas. En esa misma línea, recuerda que en noviembre de 2024 los gobiernos de Lula y Xi Jinping acordaron vincular la Iniciativa de la Franja y la Ruta con programas brasileños como el Nuevo PAC y la Nueva Industria Brasil, sin que Brasil adhiriera formalmente a la iniciativa china.

De cara a la disputa presidencial, Vidal contrapone las orientaciones internacionales de Lula y Flávio Bolsonaro. Mientras el primero promueve el fortalecimiento de los BRICS, el multilateralismo y las relaciones con el Sur Global, el segundo prioriza el acercamiento a Estados Unidos, Israel y Argentina. La autora considera que una eventual victoria de Flávio Bolsonaro no implicaría necesariamente una ruptura comercial con China, como tampoco ocurrió durante el gobierno de Jair Bolsonaro, pese a sus enfrentamientos diplomáticos con Beijing. No obstante, advierte que un cambio de orientación política podría modificar las prioridades de inversión y el ritmo de la cooperación científica y tecnológica. Su conclusión es que Brasil debe evitar tanto la subordinación a Washington como una dependencia acrítica de Beijing: “La respuesta no está en Beijing ni en Washington. Está en Brasil”, escribe, al reivindicar una política exterior guiada por un proyecto nacional de desarrollo y soberanía.

Categorías: Latinoamérica

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