Una alianza con China como base de un nuevo proyecto de desarrollo
Mariano Ciafardini sostiene que la Argentina necesita comprender el cambio de época del capitalismo y propone una alianza estratégica con China como base de un nuevo proyecto de desarrollo industrial, científico y tecnológico.
Por Mariano Ciafardini. Muchas mentes ilustradas no se cansan de repetir que el problema argentino no es económico sino político. Como si hubiera tanta diferencia entre lo uno y lo otro. (Para ser justos hay que decir que no todos adolecen de esta carencia intelectual, hay movimientos políticos importantes y partidos -que no pesan electoralmente- que tiene clara la cuestión.)
Los analistas políticos, algunos muy reconocidos, creen que el tema es cómo armar una oposición política al “esperpento” de Milei para, después, si lo vencen en las elecciones, repetir modelos ya fracasados o vaya uno a saber qué otra cosa. Desde “expertos” de la política hasta partidos u organizaciones y especialistas en el tema insisten en ello y no es que no lleven razón en parte ya que es obvio que hay un grave problema económico y político. El tema es lo que no se dice, ni se considera.
Y esto es que, antes que político o económico, el problema es ideológico.
Un problema ideológico que si se aborda y resuelve abre el camino para las tan mentadas soluciones políticas y económicas que pongan fin a la grave situación económica y política en el que han metido al país diversas gestiones (y no solo la de Milei).
La cuestión principal referida a este problema ideológico es que si no se entiende que ha habido un cambio cualitativo de época entre el siglo XX y el XXI (por hablar en la simplicidad de términos cronológicos) y se pretende actuar desde paradigmas vigentes en el siglo anterior, especialmente aquellos que tuvieron de alguna manera su “época de oro” desde 1946 hasta 1975 (circa), no se entiende nada.
Para hacer un paréntesis filosófico que aclare (o confunda aún más las cosas para algunos) la dialéctica hegeliana es triádica no por capricho, casualidad o mitología en torno al número tres, sino porque la vida y especialmente el proceso de vida de la humanidad es tríadico, es decir todo se mueve en constantes e imbricadas afirmaciones, negaciones, y negaciones de las negaciones (simplificando mucho: tesis antítesis y síntesis —como en el silogismo. Claro que, para no desviarse de ello, en el proceso del pensamiento, es necesario hacer un esfuerzo que vaya más allá de la compresión de texto. Pero fundamentalmente hay que tener una base de pensamiento matemático mínimo que en las “Ciencias Sociales” es nada más ni nada menos que el pensamiento lógico, tal como la entendieron muchos grandes pensadores, entre ellos, Hegel y Marx
Desde este punto de vista el capitalismo, hablando tríadicamente, ha tenido tres etapas: la de la acumulación originaria predominantemente mercantil, la del imperialismo, básicamente industrial desarrollista con países dependientes (Lenin da como ejemplo a la Argentina del siglo XX), y la actual globalización neoliberal financiera que como última es parasitaria destructiva y final.
Al no comprender esto muchos de los pensadores de la política argentina caen (en el mejor de los casos hablando de los sectores “progresistas”) en el soliloquio de una verborragia vigesimonónica acerca de los países dependientes y de los países imperialistas, relación, que salvo excepciones, en términos paradigmáticos, ya no existe, y buscan adecuaciones forzadas de aquellos viejos términos que no solo no explican nada sino que confunden.
El imperialismo como concepto político (y como realidad) ha terminado. Era el famoso capitalismo monopolista de estado que tenía una dinámica muy distinta a la de la extracción de recursos de los países subdesarrollados. Hoy ha sido reemplazado por el financiarismo rentista con sus diversos mecanismos expoliadores.
Hoy el mundo es otro (vaya novedad) No existen más los monopolios que extraían principalmente de los países dependientes recursos (plusvalía, regalías) son sus casas filiales y los defraudatorios términos del intercambio. Este modo paradigmático de acumulación de capital ha cambiado. Nos encontraos ahora, en términos de a fórmula marxista, de la acumulación del capital como D D’ (dinero que genera dinero sin producción ni intercambio)
Hoy el capitalismo succiona las ganancias de los países otrora dependientes a partir de la extorsión de la deuda (de cuyo pago Milei es un campeón) y de los “carry trade” y las infinitas formas de explotación financiera que despoja de recursos a todos los países En síntesis el enemigo de la humanidad es el capital financiero y sus derivados. Esto no es el imperialismo del siglo XX.
Lo importante de insistir en esta cuestión político ideológica es la de que si no estamos ya en el imperialismo del siglo XX y sus formas desarrollistas de acumulación de capital, las estrategias de los diversos pueblos por un mundo nuevo, más justo, equitativo y sustentable no puede ser la misma que la de la época en que imperaban las grandes guerras , existía la URSS y en la que en números casos los pueblos de los países subdesarrollados se defendían a través de lucha de masas por la liberación nacional entre ellos Argentina.
La pregunta desde este enfoque ideológico es como siempre “¿qué hacer?”. Como enfrentar con éxito esta nueva estrategia del capital tan sofisticada cuasi- invisible, arteramente defraudatoria y extorsiva.
Acá es donde aparece una gran paradoja de la historia que, en última instancia, ha de estar final e inevitablemente del lado de los pueblos.
El hecho es que para transformarse el capital en capital paradigmáticamente financiero y desde allí tratar de gobernar el mundo, (incluido el de los países desarrollados), causó involuntariamente un fenómeno que a partir de la desterritorialización inicial de las empresas que habían quedado fuera del juego financiero transformó a la República Popular China en la segunda economía mundial y en algunos casos la primera. China es hoy el taller del mundo no tiene competencia contra sus exportaciones y está gobernada efectivamente por el Partido Comunista. Un país con una historia milenaria y un proceso comunista que empezó en el año 1935 y triunfó en 1949 y que tiene la segunda cantidad de población mundial y un territorio amplio y lleno de recursos.
Es decir, la China y su red de comercio, relaciones pacíficas y de colaboración con todo el mundo no tiene nada que ver con la exacción de la renta financiera o con las viejas artimañas imperialistas del siglo XX. Por el contrario se les opone y dificulta sus estrategias depredadoras (de allí la oposición férrea de Trump y muchos dirigentes de la comunidad económica europea).
Estamos avizorando la importancia de China y su red de acuerdos y asociaciones mundiales en la medida en que se debe hacer desde un punto de vista que revela ideológicamente un cambio epocal.
Mo me refiero a que esto lo comprenda Milei, a quien sería cruel pedírselo. Me refiero a los que se están preguntando hoy ¿qué hacer? Particularmente desde la visión progresista y Nac&Pop (y muchos otros desde el amplio espectro peronista y otros partidos) y siguen dando vueltas con la cuestión del problema político electoral como cuestión definitoria.
No puede caber dudas que una economía “exitosa” no es de ninguna manera aquella en la que cierren las cuentas públicas ni aunque sostenga con recursos del estado la supervivencia de casi la mitad del país (aunque ello en términos urgentes no pueda postergarse por ahora, como tampoco pueden postergarse las luchas de resistencia contra los ataques destructivos a las jubilaciones, la educación, la salud etc.).
Economía exitosa es aquella que saque a toda la gente de la pobreza y logre pleno empleo real de calidad (no de contratos basura) atraiga a los científicos y técnicos a quedarse en el país y permita una vida digna a todos.
Cuál es el único camino para lograr esto en una economía globalizada totalmente diferente de la del siglo XX, cuyo taller productivo es China y cuando del otro lado lo único que hay es voracidad por la explotación a través principalmente de la deuda.
Pareciera (o es casi evidente) que el camino no es sino el acercamiento o más aun el estrechamiento sinérgico con lo que es hoy el proyecto nuevo con visos de transformarse en la potencia tecnocientífica por excelencia como lo es la República Popular y a sus redes de intercambio y colaboración. China ha demostrado que, cuando el proyecto político económico del país anfitrión es serio y sostenible (y no es solo una oferta de productos primarios que enriquecen a pocos) está dispuesta a la intervención proactiva y positiva del famosos “ganar ganar”, la construcción de infraestructura y de industria que transforme al país recipiente en un país industrial con procesos cada vez más sofisticados entrando así en la cadena de valor global que establece principalmente una potencia antibelicista, solidaria y ecológica, interesada por el desarrollo global (comunidad de destino compartido para la humanidad)
Con un gobierno nacional y popular, o aun de otro tipo, que gobierne realmente sin corrupción ni favoritismos políticos se podría avanzar notablemente en por ejemplo: producción de materiales activos, componentes de baterías y reciclaje ,fabricación local de partes para parques solares y eólicos, redes eléctricas y almacenamiento ferrocarriles recuperación de talleres, producción de vagones, señalización y proveedores nacionales También en agroindustria maquinaria agrícola, biotecnología, riego, semillas y alimentos elaborados para el mercado chino. También cooperación científica, reactores, satélites, observación terrestre y formación de especialistas. Desarrollo de la economía digital, las telecomunicaciones, inteligencia artificial, centros de datos, robótica y comercio electrónico, la electromovilidad, autobuses eléctricos, baterías, cargadores y componentes, no solamente importación de vehículos. Nada de ello lo ofrece el capitalismo decadente en las condiciones en que lo ofrece China.
Ya existen bases materiales: empresas chinas han realizado inversiones importantes en minería, energía e infraestructura. Por ejemplo, Ganfeng puso en producción el proyecto de litio Mariana, en Salta, con una inversión informada de USD 790 millones y un parque solar adicional
Argentina debería negociar cada inversión mediante un programa nacional que incluya:
asociación de empresas chinas con compañías públicas y privadas argentinas;
porcentajes progresivos de proveedores y componentes nacionales;
centros conjuntos de investigación vinculados con CONICET, CNEA, CONAE, INTI y universidades; formación de ingenieros y técnicos argentinos; transferencia efectiva de conocimiento y licencias; metas de exportación de productos elaborados.
Pero esto no se comprende o no se quiere comprender. Y si no se entiende ideológicamente que China no es ni capitalista y mucho menos imperialista y que la estrategia del sujeto histórico que lucha por un mundo nuevo no puede quedarse en las dinámicas del siglo XX, que fue el más carnicero de la historia con guerras calientes y la guerra fría, con una alianza atlántica dominada por EEUU, anticomunista feroz y cuyo interés real era el de hacerse con el poder mundial para explotar al resto del globo con los medios que sean, no se puede entender la geopolítica actual y a partir de allí tampoco las situaciones nacionales.
Llevada las cosas a terreno político de nuestro país y al extravío de las propuestas políticas que intentan disputarle electoralmente el gobierno a Milei, de lo que se trata sí, es obviamente, de formar una gran alianza nacional y popular, pero no con cualquiera. El punto de división de esta alianza tiene que ser entre un frente que tenga como objetivo este tipo de relación con China y no con el que no lo tiene o solo lo tiene formalmente.
Es decir que cuando se trata de estrategias política económicas lo que queda claro es que debe apoyarse firmemente a cualquier proyecto político que teniendo al menos algunas posibilidades electorales demuestre a la vez una voluntad férrea de acercamiento y entrelazamiento con China, y rechazar los contrarios.
En honor a la verdad (nobleza obliga) el kircherismo en sus años de gobierno hasta el 2010, tuvo más o menos claras intenciones en este sentido, aunque no se sabe hasta qué punto intentaría llegar con ello (no nos olvidemos que en ese entonces China era el mayor importador de soja argentina y el precio de la sola estaba por las nubes) Sin embargo se acordaron la construcción represas, el mejoramiento de ferrocarriles y hasta un proyecto de central nuclear. Lo ideológico muestra que el mundo cambio, muestra como cambió y muestra cuales son las nuevas respuestas a todo aquello que reacciona contra el desarrollo justo y sustentables de la humanidad.
Lo ideológico está en comprender que un mundo viejo está cayendo (y dando zarpazos) y un mundo nuevo está naciendo con perspectiva comunitaria y cooperativa. Pero fundamentalmente, lo ideológico está en la toma de decisión acerca de qué lado estamos.
* Doctor en Ciencias Sociales

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