El acuerdo petrolero EE.UU.-Venezuela pone en jaque la deuda con China

6 septiembre, 2026

Venezuela se está convirtiendo en un importante campo de pruebas para las ambiciones hemisféricas de Donald Trump, y emerge como otra fuente potencial de rivalidad con China.

Tras anunciar sus planes para tomar el control de más de 65 mil millones de barriles de las reservas de crudo de Venezuela, la administración Trump dejó claro que eso era solo el comienzo. China es un gran acreedor del país caribeño-sudamericano, que solía pagar con petróleo esas acreencias. Ahora China ya casi no importa crudo venezolano, pero sí tiene a su favor una cuantiosa deuda del gobierno de Caracas.

Bloomberg y Sputnik han reportado sobre el asunto. Por delante, se vislumbra una campaña estadounidense para marginar a China y potencias como Rusia (que también tejió con Venezuela fuertes lazos en el ciclo chavista), a las que la Casa Blanca ha calificado de “actores extranjeros malintencionados”, con el objetivo de garantizar que “el dominio estadounidense en nuestro hemisferio jamás vuelva a ser cuestionado”.

El siguiente punto en la agenda de Washington es el intento de reestructurar la deuda venezolana, que incluye miles de millones de dólares adeudados a China. El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, declaró el miércoles que Pekín no tendrá derecho a reclamar los ingresos derivados de la nueva producción venezolana, lo que elimina una vía para realizar los pagos. China respondió con energía exigiendo la protección de sus intereses legítimos en territorio venezolano.

Estados Unidos ha presentado su campaña como el capítulo más reciente de la “Doctrina Donroe”, codificada en la Estrategia de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, que afirma el derecho unilateral de Estados Unidos a negar a las potencias rivales la capacidad de poseer o controlar “activos estratégicamente vitales”. Bajo este lema, arrebatar los yacimientos petrolíferos venezolanos a empresas chinas representa una oportunidad geopolítica para alinearlos con los intereses de Washington.

China ha reducido su exposición a Venezuela en los últimos años y es probable que a Trump le resulte difícil replicar la magnitud de sus acciones en el país caribeño en otros lugares, lo que significa que para Beijing las implicaciones son más políticas que económicas.

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