La Segunda Combinación y el desafío para la sinología contemporánea

22 junio, 2026

¿Qué significa realmente la “Segunda Combinación”, uno de los conceptos más citados por la dirigencia china en los últimos años? ¿De qué manera dialogan el marxismo y las tradiciones intelectuales de China en la construcción de una modernidad propia? Herta Manenti explora esas preguntas desde una perspectiva sinológica, proponiendo una lectura original que conecta la tradición del cambio presente en el Yijing, el pensamiento daoísta y las ideas contemporáneas sobre gobernanza, desarrollo y renovación política.

Por Herta Manenti (transform!EU). Las lentes analíticas occidentales suelen tener dificultades para captar el “carácter chino” de la modernización contemporánea. Utilizo deliberadamente la palabra carácter en su doble significado.

Por un lado, remite al ideograma: un signo escrito en el que una civilización deposita memoria, experiencia histórica y una determinada visión del mundo. Por otro, alude a la naturaleza intrínseca: una forma distintiva de organizar la relación entre orden y cambio, tradición e innovación, continuidad y transformación.

Quizás la limitación más frecuente de los análisis occidentales sobre la China contemporánea consista en intentar comprender el carácter chino en el segundo sentido mientras se ignora el primero. Observamos instituciones, políticas y estrategias, pero con frecuencia perdemos de vista la gramática cultural que continúa otorgando sentido a esas mismas prácticas. El desafío de la sinología contemporánea consiste en desarrollar herramientas interpretativas capaces de leer la China moderna a partir de categorías surgidas de su propia experiencia histórica, evitando reducir su complejidad a conceptos elaborados en otros contextos.

Es desde esta perspectiva que debemos examinar el concepto de la Segunda Combinación (第二个结合) y proponer una lectura de la “autocorrección” no simplemente como un eslogan político, sino como una forma de transformación continua y guiada.

Más allá de la ornamentación cultural

La Segunda Combinación se refiere a la integración de los principios fundamentales del marxismo con los elementos más valiosos de la cultura tradicional china. Esta fórmula no debe entenderse como una simple ornamentación cultural. No significa añadir citas clásicas a un discurso político moderno para hacerlo más atractivo o aceptable.

Por el contrario, significa que la modernización china se está construyendo mediante su propia gramática cultural. En este proceso, el lenguaje marxista de la transformación histórica entra en un diálogo profundo con categorías tradicionales chinas vinculadas al cambio, la armonía, el orden, la medida y la relacionalidad.

En este sentido, la autocorrección —o autorrevolución (ziwo geming, 自我革命)— puede entenderse como un principio más amplio de transformación continua. Como he sostenido en mis investigaciones, la “segunda respuesta” del Partido al ciclo histórico de ascenso y decadencia no puede reducirse a las campañas anticorrupción. Más bien apunta a la construcción de un sistema político que busca incorporar la autocorrección como principio permanente de legitimidad y renovación.

La hipótesis de un “marxismo con características daoístas”

En este punto, la tradición china del cambio adquiere una importancia fundamental. El Zhouyi o Libro de los Cambios no concibe el cambio como una ruptura caótica, sino como la transformación regulada de configuraciones. El daoísmo, por su parte, no propone la inacción; propone una acción que no violente el ritmo interno de las cosas. El wuwei puede entenderse así como la capacidad de actuar sin forzar la realidad.

A partir de mi formación académica en estudios daoístas, propongo una expresión deliberadamente interpretativa: “marxismo con características daoístas”.

Esta fórmula no pretende reducir el pensamiento político chino contemporáneo al daoísmo ni sugerir una continuidad simple e ininterrumpida entre Laozi y la gobernanza actual. Tampoco busca sustituir la fórmula oficial de “socialismo con características chinas”. Más bien, pone de relieve un problema hermenéutico crucial: el ADN vivo de una cultura no puede quedar confinado al escolasticismo del pasado.

Reconozco aquí una deuda particular con el sinólogo Kristofer Schipper, quien insistió en el carácter no museístico del daoísmo. Schipper lo describió no como un residuo arcaico o una supervivencia folclórica, sino como una tradición viva, capaz de seguir organizando prácticas, símbolos, cosmologías y formas de vida social. De la cultura del yin y el yang, y del pensamiento de los Cambios, se despliega una parte sustancial de la civilización china. Es perfectamente legítimo plantear la hipótesis de que esta larga continuidad cultural siga informando, bajo formas nuevas e históricamente determinadas, las “características chinas” del pensamiento político contemporáneo.

La tríada del gobierno: Dao, Li y Fa

Esta continuidad resulta particularmente visible en el marco conceptual de la gobernanza. En los debates contemporáneos influenciados por la Segunda Combinación, la tríada formada por Dao (道, la Vía o principio subyacente), Li (理, el patrón inteligible o principio organizador) y Fa (法, las normas y las instituciones) ofrece una poderosa herramienta interpretativa.

Esta tríada revela una concepción de gobierno en la que la ley no es simplemente un mandato soberano. La autoridad política, en esta lectura, no crea arbitrariamente el orden. Más bien procura reconocer las leyes objetivas de la realidad (keguan guilü, 客观规律) y traducir esa comprensión en formas institucionales. Este aspecto es crucial si se desea evitar reducir la especificidad china a un compromiso mecánico entre mercado y planificación. La especificidad china es civilizatoria, institucional y cognitiva.

Sabiduría clásica en la diplomacia contemporánea

Dos ejemplos recientes provenientes del discurso diplomático chino ilustran con claridad esta gramática cultural en funcionamiento.

El primero es el discurso pronunciado por el ministro de Relaciones Exteriores Wang Yi durante la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero de 2025. En esa intervención, Wang Yi recurrió a dos referencias clásicas. La primera procede del primer hexagrama del Zhouyi, Qian (乾): “Así como el Cielo se fortalece mediante un movimiento incesante, el hombre noble se perfecciona sin descanso”. La segunda es una expresión de inequívoco sabor daoísta: “Que el otro sea fuerte; la brisa clara sigue acariciando la cresta de la montaña. Que el otro sea arrogante; la luna brillante continúa iluminando el gran río”.

En ambos casos, China se presentó no simplemente como un actor reactivo dentro de un orden internacional conflictivo, sino como un sujeto histórico dotado de continuidad, de una temporalidad propia y de la capacidad de navegar el cambio mediante paciencia estratégica y confianza cultural.

El segundo ejemplo es el discurso pronunciado por el presidente Xi Jinping en la apertura de la Cumbre SCO+ celebrada en Tianjin el 1 de septiembre de 2025. En sus palabras de cierre, Xi citó el capítulo 35 del Daodejing: “Aquel que sostiene la Gran Imagen, hacia él converge el mundo”.

La Gran Imagen (Daxiang, 大象) no designa un objeto visible, sino el principio arquetípico de orden inherente al Dao mismo: una fuerza invisible capaz de generar coherencia sin recurrir a la coerción. Esta imagen expresa una concepción del liderazgo basada en la capacidad de ofrecer una visión compartida antes que imponer poder mediante la fuerza.

Repensar la modernidad desde dentro

Naturalmente, estas autorrepresentaciones deben estudiarse de manera crítica. Sin embargo, para el sinólogo, la tarea no consiste ni en creer ciegamente ni en descartar cínicamente tales formulaciones. La tarea consiste en comprender su estructura, su genealogía, su función y su coherencia interna.

Mi hipótesis es que la Segunda Combinación permite a la China contemporánea concebir la modernización como un proceso de autocorrección permanente. Del marxismo proviene la lógica de la contradicción y de la transformación histórica. De la tradición china procede una estructura arquetípica del cambio: la alternancia entre yin y yang y la transformación de las configuraciones. Ambas perspectivas entienden la realidad no como una sustancia inmutable, sino como proceso, tensión y transformación.

La autocorrección, entonces, no es inmovilidad. Es la forma en que un sistema procura cambiar sin perder su centro.

La China contemporánea ya no se presenta únicamente como un país en desarrollo que intenta alcanzar a Occidente. Se presenta como una civilización que reformula la modernidad desde su propia experiencia histórica. Eso es lo que está en juego en la Segunda Combinación: no un retorno al pasado, no una imitación de Occidente y tampoco un mero pragmatismo político. Se trata de una modernización que busca generar una forma específicamente china de universalidad, arraigada en su propia trayectoria histórica y proyectada hacia el exterior mediante el lenguaje de las modernidades múltiples y de una comunidad de futuro compartido para la humanidad.

Para los estudiosos de China, esto plantea un desafío preciso: investigar el punto en el que tradición y marxismo interactúan, se transforman mutuamente y generan nuevas categorías políticas. Quizás la verdadera pregunta no sea si la tradición china sobrevive dentro de la modernización contemporánea. La pregunta es cómo una civilización que durante siglos ha pensado el mundo a través del lenguaje del cambio ha releído el marxismo a través del prisma de su propia experiencia histórica. Es en ese espacio donde puede encontrarse el significado más profundo de la Segunda Combinación. Y es precisamente allí donde las lentes occidentales podrían comenzar nuevamente a leer el “carácter chino”, en ambos sentidos de la expresión.

Categorías: China

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