Académico chino sostiene que la verdadera disputa por la inteligencia artificial será por la energía
En un artículo de opinión publicado por China Daily, Lu Donghong, investigador asociado del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China, plantea que el gran límite para el desarrollo de la inteligencia artificial ya no será solo la disponibilidad de chips o algoritmos, sino la capacidad de los países para sostener con energía suficiente, estable y sustentable la expansión de los centros de datos.
Lu Donghong sostiene que el debate global sobre inteligencia artificial se concentró durante años en semiconductores, modelos y capacidad de cómputo, pero que el crecimiento acelerado de la IA está mostrando una realidad más básica: la inteligencia artificial funciona con electricidad, no solo con código. En su columna publicada por China Daily, el investigador afirma que sin energía abundante, confiable y accesible, la capacidad informática queda reducida a una promesa técnica.
El autor señala que la expansión de la IA y de los centros de datos está convirtiendo a los sistemas eléctricos en un factor decisivo de competitividad nacional. Advierte que en algunas regiones de Estados Unidos el crecimiento de las grandes tecnológicas choca con redes locales que no fueron diseñadas para absorber semejante demanda, lo que puede trasladar costos a hogares y pequeñas empresas y generar resistencia social.
Frente a ese escenario, Lu Donghong presenta a China como un caso de planificación integrada entre infraestructura digital y sistema energético. Destaca que el Informe de Trabajo del Gobierno chino de 2026 enfatiza la coordinación nacional de la capacidad de cómputo y la construcción de grandes clusters inteligentes, junto con redes de transmisión, generación eléctrica, almacenamiento y seguridad energética. También subraya que China superó en 2025 los 10 billones de kilovatios-hora de consumo eléctrico y proyecta invertir 5 billones de yuanes en infraestructura de red durante el XV Plan Quinquenal, entre 2026 y 2030.
Para el autor, la competencia por la IA se definirá cada vez más por la capacidad de construir sistemas eléctricos resilientes, equitativos y sustentables, capaces de sostener el crecimiento digital sin provocar inestabilidad de red, aumento excesivo de costos sociales ni mayores riesgos ambientales. En ese marco, el análisis resulta relevante para países como Argentina, que buscan fortalecer sus vínculos tecnológicos con China y, al mismo tiempo, cuentan con recursos energéticos estratégicos para participar en la nueva geografía global de la economía digital.

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