Discusiones y pretensiones de Occidente sobre modernidad, valores y democracia
Durante un seminario organizado por el Conicet, Hu Chunchun, un académico con mucha formación académica en China y en Alemania, disertó sobre las visiones occidentales acerca de su país.
Fue este viernes 17 en el cuarto encuentro virtual “Seminario internacional China desde China. Trayectorias socio-históricas en la configuración de la China contemporánea”, organizado por el Centro de Investigación Mixto Internacional Globalización y Sociedad (que une al CEIL del Conicet argentino con la Universidad de Shanghái) y la línea de investigación “Poder, Tecnología y Territorio” del Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR/Conicet).
El evento fue coordinado por Luciana Guido del CEUR y Nuria Giniger del CEIL y presentado por Mariana Versino y Claudia Figari , a cargo de ambas áreas del Conicet respectivamente.
Hu, actualmente profesor asociado en Shanghai International Studies University (SISU), donde dirige su Instituto de Estudios Europeos y el programa de posgrado de Estudios de Civilización Europea, se refirió a cómo Occidente ha dominado el concepto de modernización, tanto que hasta cuando en Occidente se habla de la modernización china, se la compara con la de Occidente, como referencia, dijo.
“En el discurso occidental, que sigue manteniendo su dominio global, abordar China como tema y objeto de investigación supone un formidable desafío. Uso el término ‘Occidente’ para referirme a las entidades internacionales y regionales que, desde que el mundo entró en la era moderna en el siglo XVIII, fueron las primeras en abrazar la modernidad e interpretarla; se trata principalmente de Europa —o, más concretamente, de Europa Occidental— y de América del Norte. En cuanto a si América Latina pertenece a este ‘Occidente’ —un término que, por supuesto, tiene una carga ideológica—, no es el tema de nuestro debate de hoy. Pero es un hecho indiscutible que el discurso occidental ha dominado, y de hecho determinado, la comprensión y la imaginación de la modernidad en el mundo, hasta el punto de que cualquier debate sobre modernidades alternativas se enmarca necesariamente en relación con el discurso occidental”.
Lo mismo sucede, dijo Hu, cuando se habla de la democracia o el rol del Estado. ¿Cómo se podríamos –si solo el modelo “occidental” de mercado lo permitiría con sus valores, explicar la transformación de China en segunda economía mundial, con tantos avances industriales o en innovación si tenemos esa perspectiva?, preguntó.
Cuestionó, textualmente: “¿China es moderna? ¿Es un Estado autoritario como lo describen muchas veces? ¿Es China un Estado-nación moderno? ¿Es su sistema político lo que a menudo se describe como autoritario? Si una economía de mercado desarrollada solo puede coexistir con instituciones democráticas, ¿cómo podemos explicar la transformación de China en las últimas cuatro décadas, de un país agrario pobre a la segunda economía más grande del mundo, la mayor potencia industrial y una sociedad altamente innovadora? ¿Ha evolucionado también la cultura china hacia una forma de cultura moderna según el modelo de globalización dominado por Occidente? Desde perspectivas culturales e históricas, China sigue experimentando una profunda ruptura con sus tradiciones, y está tratando de responder a esta ruptura renegociando sus concepciones morales y éticas fundamentales”.
También cuestionó la narrativa de Estados Unidos en estos términos, al aludir a casos como las agresiones contra Venezuela, Cuba o Irán.
“Desde que EE.UU. ha adoptado explícitamente un enfoque de ‘Doctrina Monroe’ hacia América Latina —secuestrando al presidente venezolano, amenazando a Cuba, reclamando Groenlandia en Europa y lanzando una guerra contra Irán que es muy controvertida según el derecho internacional—, no estoy del todo seguro de si la opinión pública internacional sigue definiendo la distinción entre Occidente y China de esta manera; sin embargo, es probable que la comunidad académica siga adhiriéndose a su postura teórica original. El problema de esta narrativa es que los atributos enumerados en las palabras clave que aquí se asignan a China son tan ambivalentes y intolerantes que, en el mejor de los casos, son adecuados para su uso autorreferencial en los think tanks políticos occidentales y los documentos gubernamentales, pero difícilmente sirven como referencia para la moral universal —tal y como afirma el ‘Occidente de los valores’”, sostuvo.
Luego hizo un recorrido de las continuidades y rupturas en la historia china hacia su modernización y al final mantuvo un intercambio con los académicos presentes. Y dejó dos reflexiones. La primera: “Ya sea por voluntad propia o por obligación: la China moderna es inconcebible sin la influencia de Occidente y sin compararse constantemente con él. Sin embargo, esta visión centrada en Occidente es como un arma de doble filo: ¿son las cuestiones chinas auténticas cuestiones propias de China, o son simplemente cuestiones sobre China formuladas por Occidente, que a su vez son repetidas por los propios chinos?”. Y la segunda, una cita de Wen Yi, un economista chino formado en Estados Unidos: “Un sistema democrático sin una base industrial es un castillo en el aire llamativo pero vacío. Y sin una voluntad nacional unificada y la estrategia de desarrollo adecuada, la industrialización no puede tener éxito”.

PUBLICAR COMENTARIOS