Lazos sino-latinoamericanos: entre lejanía y proximidad

16 abril, 2026

En Nueva Sociedad, leemos a Pablo Blitstein sobre las relaciones intelectuales y políticas entre China y América Latina, con su una historia extensa y asimétrica que hoy, ante la creciente presencia de China en el continente, obliga a nuestra región a repensar ese vínculo “entre la fascinación y el temor que inspira”.

El autor argentino radicado en Francia, donde enseña en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) de París, refiere desde la admiración ilustrada latinoamericana por el modelo económico chino hasta los debates republicanos y antiimperialistas de principios del siglo xx, pasando por el maoísmo y el tercermundismo.

Con “el declive de estos últimos en las décadas de 1980-1990, el vínculo se redujo a lo meramente comercial y diplomático”.

Blitstein rastrea antecedentes en los jesuitas, en el interés económico por el proteccionismo chino en Manuel Belgrano o, más recientes, como la última atracción anterior a la actual del siglo XXI por “lo chino”, al menos para las izquierdas latinoamericanas, en el maoísmo, y plantea sobre la actualidad:

“¿Cuánto de esta prehistoria queda en el siglo xxi? En China, el sentimiento es quizá más de continuidad que de reorientación. Tanto por su legado político como por sus objetivos económicos y diplomáticos, los dirigentes chinos nunca cesaron de estudiar las realidades latinoamericanas, o al menos las que consideran relevantes para sus propósitos. Los centros de investigación se reforzaron, los lazos se multiplicaron. No podía ser de otra manera: si el proyecto era elevarse a potencia mundial, ¿acaso China podía desentenderse de un continente inmenso situado entre el Atlántico y el Pacífico, entre Asia y África? América Latina debía ocupar un lugar importante en su proyección global”.

Para concluir que “las elites latinoamericanas parecen en cambio sorprendidas por el lugar que ocupa China en su continente y en el mundo. En algunos casos, esta realidad despierta reflejos dormidos, entusiasmo antiimperialista o miedos anticomunistas; en otros provoca perplejidad o aviva ambiciones neodesarrollistas. Sea como fuere, el resultado es un intento de recobrar el tiempo perdido. Aparecen nuevos especialistas, nuevas instituciones, nuevos temas de estudio: el interés por China crece y se diversifica rápidamente en la región. Y ya no se trata de simple curiosidad. Obligados a entender un mundo en plena transformación, a los latinoamericanos no les queda otro remedio que observar a China, del mismo modo que China los observa; observar el mundo, del mismo modo que el mundo los observa, y más aún pensar el mundo, antes de que el mundo siga pensando por ellos”.

Categorías: Latinoamérica

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