Pablo Zhong recuerda a Fernando Fazzolari

2 febrero, 2026

La semana pasada DangDai informó sobre la muerte del artista plástico y empresario Fernando Fazzolari, en circunstancias que están siendo investigadas por la Justicia. El también artista y calígrafo Zhong Chuanmin (Pablo), lo homenajeó desde Chengdu con un hermoso texto en las redes sociales chinas.

Dice así:

Pablo Zhong apareció de la noche a la mañana en los reportes de varios medios de Argentina y hasta del Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina y Clarín. Pero qué tristeza, porque fue acompañado de la noticia del fallecimiento de mi querido estudiante Fernando Fazzolari. ¡Simplemente no puedo creer que sea verdad!

Durante más de veinte años que viví en Argentina, he enseñado a cientos, incluso miles de estudiantes, y también he tenido muchos colegas y amigos. Pero Fernando era especial, no por sus logros o su posición, sino por la sincera amistad que existía entre nosotros.

Era un artista respetado, cuyas obras se exhibieron en muchos países de América del Sur, así como en Europa y Estados Unidos, y que recibió importantes premios. Era el director de una empresa de ingeniería y arquitectura; un sabio que amaba China y sentía un profundo interés por la cultura china; un ingeniero que planeaba, junto con empresas chinas, abrir un corredor a través de la Cordillera de los Andes para hacer el comercio entre ambos países más fluido y estrecho.

Hace diez años, Dawei, un estudiante que yo tenía en el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios argentino, me dijo que había un profesor que deseaba mucho aprender caligrafía conmigo. Al principio no quise aceptar: yo mismo me consideraba solo un aficionado que garabateaba por placer; escribir en mi día a día y enseñar en clase eran como comparar un vaso de agua con un balde. Pero al final fui… cosas del destino. En ese momento tuve una inspiración y decidí no cobrar honorarios. Desde entonces, todos los problemas dejaron de ser problemas.

Fernando vivía en un edificio antiguo de los años 20 o 30, a pocas cuadras de la Casa Rosada. Quienes conocen Argentina saben que en Buenos Aires hay muchos edificios de esa época: majestuosos, de excelente calidad, algunos verdaderas joyas arquitectónicas, que aportan un brillo especial a esta ciudad conocida como el “París de Sudamérica”, una combinación perfecta con el tango.

La habitación de Fazzolari era tan amplia como un depósito, llena de pinturas y libros. Allí se podían ver cosas familiares como imágenes de Dunhuang, la Gran Muralla, los Guerreros de Terracota y hasta botellas del licor Erguotou de Beijing, además de pinceles de todos los tamaños. Vale la pena mencionar que Fernando, como ingeniero, tenía una gran habilidad manual: tras muchos esfuerzos consiguió cañas de bambú —extremadamente raras en Argentina— y crines de caballos de carrera. En manos de este maestro hábil y paciente, los pinceles que simbolizan la civilización del antiguo Oriente renacieron en tierras extranjeras.

Fue uno de los dos únicos alumnos a quienes nunca cobré por mis clases y de quienes obtuve un aprendizaje inmenso: un buen estudiante y un gran amigo, maestro y compañero a la vez. Hasta antes de esta triste noticia, sentía profundamente que en Argentina había un anciano bondadoso, un gran maestro del arte, cuya luz iluminaba constantemente el camino hacia adelante. Nunca imaginé que esa lámpara se apagaría de repente…

La revista DangDai también publicó un reportaje; en una foto aparecemos Fernando Fazzolari y yo bebiendo Moutai juntos. A él le gustaba especialmente el té de mandarina verde (xiao qing gan); hace unos meses le envié una lata, no sé si llegó a beberla. El artículo de DangDai elogia al artista y amigo como un puente del intercambio cultural entre China y Argentina.

Todos los reportes me mencionan como el maestro de caligrafía de Fernando Fazzolari. Pero es algo que realmente no merezco. Frente a Fernando Fazzolari, él era el puente; yo, a lo sumo, era solo un ladrillo…

Descansa en paz, maestro.

Zhong Chuanmin, Pablo.

Categorías: Cultura

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