El invisible, de Ge Fei, traducido por Miguel Ángel Petrecca

11 noviembre, 2016

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La editorial argentina Adriana Hidalgo publicó la novela El invisible (???), de Ge Fei (??), con traducción de Miguel Ángel Petrecca —para quien el autor es “tal vez el más interesante de la camada de narradores que empezaron a publicar en la década del 80”.


Petrecca elige este pasaje del texto con Enrique Vila-Matas dando cuenta de la novela:

“Recuerdo un treintavo piso en un rascacielos de Hangzhou, donde la ventana no encajaba en su marco y afuera el estuco estaba por pintar. Todo allí parecía provisional, incompleto, y sin embargo el hotel había sido inaugurado hacía dos años. Me acordé de la inteligente relación entre la cultura china y el tiempo. Si las demás grandes civilizaciones de la antigüedad quisieron desafiar la erosión de los años y utilizaron materiales resistentes para sus monumentos (que, de todos modos, también sucumbieron), en China, en cambio, la estrategia fue la contraria: en palabras de Victor Segalen, la arquitectura de este país se ha valido siempre esencialmente de materiales frágiles para que los edificios exijan una reconstrucción frecuente, pues para ellos la eternidad no debería habitar el edificio, sino que debería habitar al edificador.

 Esta naturaleza transitoria de sus creaciones otorga al chino un rostro muy contemporáneo que muchos no esperan encontrar en un país que parece tan inmóvil en el tiempo. Pero es que ya en los propios orígenes del escritor Ge Fei está la movilidad. Este destacado narrador de Dantu (Jiangsu), gran admirador de Borges, emergió de pronto en la década de los ochenta, dispuesto a luchar contra el plúmbeo oficialismo del realismo socialista y experimentar técnicas y lenguajes frágiles de vanguardia, que permitieran a la literatura china contemporánea reconstruir su “ritmo antiguo de pies descalzos”, por decirlo con un verso de Pessoa.

Hoy en día es difícil profundizar en la escena artística china sin haber entrado en el mundo de Ge Fei, uno de los escritores más radicalmente literarios de Oriente. Le conocí el año pasado en la Concesión Francesa de Shanghái y después me acerqué a su literatura a través de las versiones francesas de sus libros, de las que recuerdo especialmente Yin shen yi (El invisible), donde nos narra cómo en el Pekín de hoy un ciudadano común, un fabricante de sistemas de sonorización que lleva una existencia feliz pero torpe, va entrando en el ambiguo y transgresor mundo de un cliente muy enigmático que poco a poco parece indicarle que se abra a la diversidad y al misterio, pues aun está a tiempo de descubrir que en realidad “la vida es extremadamente bella. ¿O acaso no lo es?”

Estas últimas palabras cierran El invisible y parecen querer recordarnos que al final lo que cuenta es la intensidad de la sensación, de la exaltación del sentir y, por tanto, del vivir, “cuando el ser humano –decía Segalen– sabe abrirse a la espléndida diversidad del mundo, no para apropiarse de ella y asimilarla sino para verse a sí mismo, y también a los demás, revestidos de un extrañamiento inquietante, la única sensación que permite una cercanía al conocimiento de uno mismo.”

Categorías: Cultura

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