Jeanmaire, en la piel de la adolescente Lin Su Nuam

7 julio, 2016

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Por Marcela Fernández Vidal

La editorial Anagrama le publicó a Federico Jeanmaire (autor de obras como Montevideo, Mitre, Papá o Más liviano que el aire, entre muchas otras; ganador de varios premios, experto en estudios sobre el Quijote) su nueva novela, Tacos altos. La protagonista es una chica de 15 años, Lin Su Nuam, quien ha repartido su vida entre Argentina con sus padres inmigrantes y China con sus abuelos. En esta entrevista con Dang Dai, habla del proceso creativo de esta historia en la que el autor logró meterse en la piel de una adolescente para intentar desentrañar temas como la identidad cultural, la entrada al mundo de los adultos y la venganza. 


Tacos altos, la última novela de Federico Jeanmaire, se publicó en España en este mes de marzo y en el de abril en Argentina. Fue inspirada, dijo JeanmaIre, por una “historia mínima” que sucedió en diciembre de 2013 cuando hubo saqueos en Argentina. En Tucumán, donde murió mucha gente, o en la provincia de Buenos Aires.

“Hubo un caso –señala el autor- que prácticamente nadie notó, ocurrió en Glew. Y creo que pasó desapercibido a propósito: tenían miedo de que en el conurbano bonaerense se replicaran ese tipo de hechos, iniciados por una huelga Una historia mínima, una locura, una ficción policial. Sólo hubo dos diarios que apenas si lo reseñaron con una mínima descripción de lo sucedido”.

¿De qué trata la novela?

-La historia real es la de un chino a quien le avisan temprano que le van a saquear el supermercado, y esta persona no quiso entregar la mercadería y se encerró en el local. En un momento, como no pudieron entrar, le tiraron una bomba molotov, le incendiaron el local y él prefirió morir quemado. Toda una locura, una barbaridad que, me parece, merecía convertirse en una novela raramente épica. Y con esa historia yo armé otra de ficción, que es la de la hija de ese hombre, quien de alguna manera cuenta esa otra historia. Pero la novela es bastante más que este hecho, el cuento de ese hecho es sólo una parte, la novela intenta muchas otras cosas. Algo interesante que me ocurrió es que con Tacos altos fue la primera vez, después de terminar una novela, aun después de varios meses, que me sigue gustando. A un amigo le dije al respecto: me parece que me estoy poniendo viejo y sería un buen momento para morirme. Supongo que esto tiene que ver con la edad, no con ser escritor.

¿Te llevó mucho tiempo escribirla?

-No. Me costaron muchísimo las primeras páginas, estuve algunos meses con las primeras veinte o treinta, pero después, una vez que le encontré el juego, la escribí rapidísimo, en unos tres meses.

En otra entrevista que te hice un tiempo atrás hablabas de algo parecido, cuando escribiste Más liviano que el aire, también inspirada en un hecho “mínimo”, la noticia en TV de un caso policial que involucró a un joven y a una anciana en una casa del barrio de La Paternal…

-Exacto, son ideas chiquitas con las cuales me surge escribir una novela y después lo que sale a veces no tiene nada que ver, o poco que ver, con el hecho real, porque no puedo escribir una novela sabiendo de ante mano qué es lo que quiero, eso me aburriría y no la podría seguir: quiero que cada vez que retomo la escritura de un texto me sorprenda lo que les va pasando a los personajes.

¿Te resultó muy difícil meterte en la piel de una adolescente china, inmigrante en la Argentina? ¿Cómo trabajaste eso?

-Me costó y me encantó. Ambas cosas. El riesgo tiene algo imposible de detener. Tardé mucho en encontrar la manera de contarlo, la voz de la protagonista… Pero una vez que la encontré, no pude parar de escribirla apelando a mi enorme cariño por los chinos, a mi saber, quizá mínimo, de su cultura, y al viaje iniciático que hice a China en 2010 junto a mi hijo Juan.

Categorías: Cultura

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