El PCCh, como “intelectual colectivo” de la gobernanza nacional

2 noviembre, 2026

Por Javier Vadell, para DangDai. Entre el 26 y el 29 de octubre de 2026, el XX Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) se reunió en Beijing para celebrar su quinta sesión plenaria. El encuentro aprobó la Decisión del órgano sobre algunas cuestiones importantes relativas al avance de la administración integral y rigurosa del Partido con perseverancia.

A diferencia de los plenos centrados en la economía o en la planificación quinquenal, este tuvo como objeto al propio Partido.

Antonio Gramsci escribió que el partido moderno debía ser el “Príncipe moderno”, es decir, un organismo colectivo capaz de elaborar una voluntad colectiva y conducir una reforma intelectual y moral de la sociedad. Desde esta perspectiva, el partido es un intelectual colectivo que organiza el consenso, educa a sus cuadros y proporciona una orientación ética al conjunto de la sociedad.

En esta línea, el Quinto Plenario reafirma la autocomprensión del PCCh como un intelectual ético colectivo que necesita nutrirse constantemente de compromisos éticos en el ejercicio de su función de gobierno. Se trata de un sujeto que reivindica para sí la tarea de educarse, disciplinarse y renovarse a sí mismo como condición para sostener su capacidad de gobernar a largo plazo.

La autorrenovación como proyecto ético

El comunicado del plenario sostiene que el PCCh ha encontrado dos respuestas para romper el “ciclo histórico de ascenso y caída” de las dinastías y los regímenes: “someter el gobierno al escrutinio del pueblo” y la “autorrenovación”. La segunda se presenta como una creación propia del Partido y como una contribución a la teoría marxista de los partidos políticos. El documento también reconoce, con una franqueza poco habitual, que antes de 2012 hubo un período de “debilitamiento, ineficacia y relajamiento” del liderazgo partidario.

La Decisión consagra el pensamiento de Xi Jinping sobre el fortalecimiento del Partido como una síntesis que integra el marxismo con el contexto chino y la cultura tradicional. Frente a los “cuatro desafíos” y los “cuatro riesgos”, el texto define el fortalecimiento del compromiso con el PCCh como una tarea fundamental. Este compromiso comprende ideales y convicciones, lealtad, sentido de servicio al pueblo, búsqueda de la verdad en los hechos y cultivo de la integridad moral.

Es aquí donde la dimensión ética se hace explícita. El Partido no se presenta únicamente como administrador del Estado, sino también como formador del carácter: educa a sus más de 100 millones de miembros, selecciona cuadros en función de su “convicción política” y su “estilo de trabajo ejemplar”, y vincula la ética confuciana del funcionario virtuoso con la disciplina leninista. En la formulación de Marx en las Tesis sobre Feuerbach, el educador también necesita ser educado; y el plenario transforma esta exigencia en una política institucional.

Coerción, instituciones y consenso: los “tres no”

El núcleo de la estrategia anticorrupción es la fórmula de los “tres no” (不敢腐、不能腐、不想腐): crear un entorno en el que nadie se atreva, pueda o quiera ser corrupto. El plenario la define como una directriz fundamental para vencer la lucha contra la corrupción y afirma que el Partido y la corrupción son incompatibles “como el agua y el fuego”.

La fórmula reproduce la articulación entre coerción y consenso:

– “No atreverse” corresponde a la disuasión: una elevada presión sobre las finanzas, las empresas estatales, el sector energético y la educación, que alcanza tanto a los “tigres” de alto rango como a las “moscas” de las bases.

– “No poder” corresponde a las instituciones: la Comisión Nacional de Supervisión, la Ley de Supervisión y los “Ocho Requisitos” contra los “cuatro vientos” (formalismo, burocracia, hedonismo y extravagancia).

– “No querer” corresponde a la hegemonía propiamente dicha: la interiorización de los valores de integridad mediante la educación ideológica y moral.

Las cifras indican la magnitud de esta iniciativa. Según datos oficiales divulgados en octubre de 2026, desde 2012 los organismos de inspección disciplinaria registraron 8.105 millones de casos y sancionaron a 7.922 millones de personas, entre ellas 963 cuadros bajo la supervisión del Comité Central. Solo en 2025 fueron investigados 115 funcionarios de nivel ministerial o superior.

El tercer “no” es el más ambicioso. Sancionar y regular son tareas del Estado; lograr que un cuadro no quiera corromperse es la tarea de un intelectual colectivo que pretende moldear las conciencias.

Depuración y renovación de la cúpula

El plenario fue también un acto de autodepuración a gran escala. Participaron 162 miembros titulares y 117 suplentes, 279 en total, frente a los 376 elegidos en 2022 (205 titulares y 171 suplentes).

Se aprobaron informes de investigación sobre 34 dirigentes: 18 elaborados por la Comisión Central de Inspección Disciplinaria y 16 por la Comisión Militar Central. El plenario confirmó la expulsión de 33 de ellos y destituyó a Li Yunze de su cargo partidario.

Al mismo tiempo, el plenario se renovó. Diez miembros suplentes fueron promovidos a miembros titulares y Zhang Shengmin fue elegido para el Buró Político. La interpretación oficial considera este movimiento una expresión de la “autosuperación” del PCCh; los analistas externos también ven en él la consolidación del poder del liderazgo central y un reajuste de lealtades, especialmente en las Fuerzas Armadas. Ambas interpretaciones no son excluyentes: la disciplina ética es también un instrumento de poder.

Hacia el XXI Congreso: consideraciones finales

El plenario fijó la celebración del XXI Congreso Nacional partidario para el segundo semestre de 2027, en Beijing. El comunicado lo describe como un congreso de “suma importancia”, que tendrá lugar cuando el Partido se esfuerza por alcanzar, en términos generales, la modernización socialista.

El Quinto Plenario muestra al PCCh actuando como un intelectual ético colectivo en sentido pleno: produce teoría, establece criterios éticos para sus cuadros, institucionaliza la vigilancia y aplica sanciones ejemplares. No separa ética, organización y poder; por el contrario, convierte la ética en el fundamento declarado de la legitimidad para gobernar a largo plazo.

El tercer “no” —el de no querer corromperse— sigue siendo un horizonte, y no un punto de llegada. Ese será el desafío decisivo que heredará el XXI Congreso.

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