Presencia de China en la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires
La XX Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, que celebra sus 40 años, presenta proyectos de estudios argentinos vinculados con China y abre una reflexión sobre las nuevas formas de habitar territorios extremos. Desde un plan urbano para una ciudad de la provincia china de Anhui hasta las tecnologías empleadas en las bases científicas de la Antártida, la muestra permite explorar los vínculos entre arquitectura, innovación y cooperación internacional.
Por Gustavo Ng. La arquitectura se ha convertido en otro terreno de encuentro entre Argentina y China. La XX Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, cuya exposición central se desarrolla en el Museo Nacional de Bellas Artes bajo el título “Habitar”, reúne trabajos que permiten observar cómo los estudios argentinos proyectan ciudades en el país asiático y cómo los desafíos de la arquitectura contemporánea trascienden las fronteras nacionales.

Uno de los proyectos vinculados directamente con China es el “Master Plan ciudad Chizhou”, presentado por el estudio argentino Vila Arquitectos. La propuesta, localizada en la provincia de Anhui, integra la exposición “Habitar”, que invita a reflexionar sobre la relación entre las ciudades, sus territorios y las comunidades que las ocupan. Su presencia en la Bienal permite destacar una dimensión de los intercambios bilaterales que suele recibir menos atención que el comercio o las inversiones: la participación de profesionales argentinos en la planificación y el diseño urbano de ciudades chinas.
La experiencia de Vila Arquitectos se inscribe en una trayectoria más amplia de estudios argentinos que han desarrollado proyectos en China. Entre ellos se encuentra KLM Arquitectos, integrado por Kelly, Lestard y Maldonado, que obtuvo el primer premio en el concurso internacional para el Centro de Ciencia y Tecnología de Beijing. El proyecto, de aproximadamente 26.000 metros cuadrados, fue desarrollado en colaboración con el Beijing Institute of Architectural Design (BIAD), una de las instituciones de arquitectura más importantes de China.
Hernán Maldonado, socio de KLM Arquitectos desde 1997 y profesor titular de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA, mantiene una extensa vinculación profesional, académica y cultural con China. Entre 2010 y 2016 realizó diversos viajes al país asiático para desarrollar proyectos arquitectónicos, entre ellos un centro de ciencia y tecnología, planes urbanos, viviendas y un hotel. Entre 2014 y 2018 dirigió el Centro de Estudios de Arquitectura Asiática de la Universidad de Palermo y también dictó conferencias y publicó trabajos en la Universidad Tsinghua de Beijing. Esa experiencia dio origen a “Miradas sobre Beijing”, un libro de textos y fotografías que recorre la arquitectura histórica y contemporánea de la capital china y explora sus transformaciones urbanas, sus paisajes y su vida cotidiana. La obra, distinguida con una mención en los premios SCA-CPAU de 2014, fue publicada en 2024 por la Editorial Fundación Hanaq, que la eligió para inaugurar su catálogo. El volumen, de 272 páginas, fue presentado en el Museo de Arquitectura de Buenos Aires por Maldonado, la presidenta de la Fundación Hanaq, Jia Guo, y la especialista en arte asiático Verónica Flores. Constituye un aporte a los estudios sobre China realizados desde Argentina y a la comprensión de los vínculos entre las tradiciones arquitectónicas de ambos países.
Otro de los ejes destacados de la Bienal es “Habitar lo Extremo: Una biografía arquitectónica de la Antártida”, una propuesta que desplaza la mirada desde las ciudades hacia uno de los territorios más difíciles de habitar del planeta. La exposición examina cómo la arquitectura debe responder a condiciones de aislamiento, temperaturas extremas, fuertes vientos y restricciones ambientales, y cómo las soluciones desarrolladas para las bases científicas pueden aportar conocimientos aplicables a otros espacios.
La Antártida ofrece un escenario particularmente interesante para observar la relación entre arquitectura, ciencia y tecnología. Las estaciones de investigación deben funcionar durante largos períodos con suministros limitados, proteger a sus habitantes de condiciones climáticas excepcionales y reducir su impacto sobre un ecosistema frágil. En ese contexto, las construcciones dejan de ser solamente edificios para convertirse en sistemas integrados de alojamiento, investigación, producción energética y tratamiento de recursos.
Entre las experiencias internacionales que permiten comprender estos desafíos sobresale la estación científica china Qinling, inaugurada en febrero de 2024 en la isla Inexpressible, en el mar de Ross. Se trata de la quinta estación de investigación de China en la Antártida y una de sus instalaciones más modernas. Su edificio principal, de aproximadamente 5.244 metros cuadrados, fue diseñado para responder a condiciones climáticas extremas y facilitar el desarrollo de investigaciones científicas durante todo el año.
Uno de sus rasgos más reconocibles es la configuración de su estructura, inspirada en la constelación de la Cruz del Sur. La forma no responde únicamente a una intención estética: su diseño elevado y aerodinámico busca reducir la acumulación de nieve y favorecer la circulación de los vientos alrededor y por debajo del edificio. En una región donde las tormentas pueden comprometer el funcionamiento de instalaciones completas, la arquitectura debe contribuir directamente a garantizar la seguridad y la continuidad de las operaciones.
La estación incorpora soluciones de aislamiento térmico, fachadas resistentes a la corrosión y sistemas constructivos modulares. Buena parte de sus componentes fue fabricada previamente en China y transportada hasta la Antártida para su ensamblaje, una estrategia destinada a reducir los tiempos de construcción durante los breves períodos del año en que las condiciones meteorológicas permiten trabajar en el exterior. La experiencia muestra la importancia de combinar el diseño arquitectónico con la ingeniería de materiales y la planificación logística.
Otro aspecto destacado es la búsqueda de una mayor autonomía energética. El proyecto de Qinling incorpora tecnologías de aprovechamiento de energías renovables, particularmente eólica y solar, junto con sistemas destinados a optimizar el consumo y disminuir la dependencia de combustibles transportados desde otros continentes. También contempla el tratamiento del agua y los residuos, cuestiones fundamentales para mantener instalaciones científicas en un ambiente sometido a estrictas exigencias de protección.

La presencia de estas experiencias en el debate arquitectónico adquiere una dimensión especial para Argentina, uno de los países con mayor trayectoria de actividad científica permanente en la Antártida. Las investigaciones sobre nuevos materiales, eficiencia energética, prefabricación y funcionamiento de edificios en condiciones extremas ofrecen posibilidades de intercambio de conocimientos entre instituciones y profesionales de diferentes países, incluidos Argentina y China.
La relación entre ambas naciones en materia de arquitectura no se limita, por lo tanto, al diseño de edificios o ciudades. También comprende la circulación de profesionales, los concursos internacionales, la investigación universitaria y el desarrollo de tecnologías capaces de responder a nuevos desafíos ambientales y urbanos.
En ese sentido, la XX Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires ofrece una oportunidad para observar dos dimensiones complementarias de la experiencia china: por un lado, la escala de sus transformaciones urbanas, que abre espacios para la participación de estudios extranjeros; por otro, su desarrollo de infraestructura científica en territorios extremos, donde la arquitectura debe integrarse con tecnologías avanzadas.

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