Trump y Xi llegan a Washington después de un año de intensa diplomacia presidencial
Antes de volver a encontrarse este jueves, Xi fortaleció sus relaciones con Rusia, Corea del Norte, la OCS y los BRICS, mientras Trump buscó ordenar sus alianzas occidentales y contener las guerras de Irán y Ucrania.
Por Gustavo Ng. Donald Trump y Xi Jinping volverán a reunirse este jueves 24 de septiembre en Washington, cuatro meses después de la cumbre que mantuvieron en Beijing. Ambos llegan a la cita después de desarrollar durante 2026 una intensa agenda presidencial, pero con orientaciones diferentes. Trump concentró sus principales reuniones en la relación con China y en la reorganización de las alianzas occidentales; Xi combinó el diálogo con Washington con un reforzamiento de los vínculos de China con Rusia, Corea del Norte, India y las organizaciones del Sur Global.
La reunión de Beijing, celebrada el 14 y 15 de mayo, fue la principal cumbre bilateral del año para ambos presidentes. Allí acordaron construir una relación de “estabilidad estratégica constructiva”, crear mecanismos bilaterales de comercio e inversión e iniciar conversaciones sobre inteligencia artificial. También discutieron tierras raras, Taiwán, Irán y posibles compras chinas de productos agropecuarios y aviones Boeing. El encuentro no resolvió las diferencias estructurales, pero frenó la escalada y estableció un marco para mantener la rivalidad bajo control.
Las principales reuniones de Xi
Pocos días después de despedir a Trump, Xi recibió a Vladimir Putin en Beijing, el 19 y 20 de mayo. Ambos presidentes reafirmaron la asociación estratégica entre China y Rusia, defendieron un orden mundial multipolar, criticaron la política militar estadounidense y firmaron numerosos acuerdos económicos, científicos y energéticos. Sin embargo, Moscú no obtuvo el acuerdo definitivo que esperaba sobre el gasoducto Fuerza de Siberia 2. China brindó respaldo político a Rusia, pero conservó su autonomía económica y evitó aceptar todas las condiciones solicitadas por Putin.
El 8 y 9 de junio, Xi viajó a Pyongyang para reunirse con Kim Jong-un, en la primera visita de un presidente chino a Corea del Norte en siete años. Los dos dirigentes acordaron ampliar la cooperación política, económica y cultural. La ausencia de una exigencia pública de desnuclearización fue considerada una victoria para Kim, mientras Xi consiguió recuperar parte de la influencia china sobre un gobierno norcoreano que había profundizado sus vínculos militares y económicos con Rusia.
El 31 de agosto y el 1 de septiembre, Xi participó en Bishkek, Kirguistán, en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái. Allí se reunió con Putin, Narendra Modi, el presidente iraní Masoud Pezeshkian y otros líderes euroasiáticos. La cumbre aprobó la Declaración de Bishkek, condenó los ataques y sanciones contra Irán y creó nuevos mecanismos de cooperación en seguridad, lucha contra el narcotráfico, inteligencia artificial, energía, clima y logística. Para China, el encuentro permitió presentar a la OCS como una estructura euroasiática con capacidad de actuación independiente de Washington.
El 12 y 13 de septiembre, Xi asistió en Nueva Delhi a la cumbre de los BRICS, que también constituyó su primera visita a India en siete años. La Declaración de Nueva Delhi rechazó el proteccionismo y las sanciones unilaterales, promovió el comercio en monedas nacionales, reclamó una mayor representación del Sur Global y respaldó el fortalecimiento del Nuevo Banco de Desarrollo. También llamó a la contención en Medio Oriente, apoyó la solución de dos Estados para Palestina y reconoció el derecho de Irán a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos bajo las reglas del Tratado de No Proliferación.
La secuencia diplomática permitió a Xi relacionarse con las principales potencias desde posiciones distintas: buscó estabilidad con Estados Unidos, reafirmó su asociación con Rusia, recuperó influencia sobre Corea del Norte, mejoró el diálogo con India y fortaleció los espacios multilaterales no occidentales. Su objetivo fue demostrar que un entendimiento con Washington no obliga a China a debilitar sus relaciones con Moscú ni a abandonar su papel dentro del Sur Global.
Las principales reuniones de Trump
Después de Beijing, Trump participó, del 15 al 17 de junio, en la cumbre del Grupo de los Siete celebrada en Évian-les-Bains, Francia. El mandatario estadounidense llegó con un entendimiento preliminar con Irán y obtuvo el respaldo de las principales potencias occidentales a los esfuerzos para detener la guerra, garantizar la navegación por el estrecho de Ormuz e impedir que Teherán desarrollara armas nucleares. Los líderes también ratificaron el apoyo defensivo a Ucrania y cuestionaron los subsidios y desequilibrios comerciales chinos. El entendimiento sobre Irán, sin embargo, no logró consolidarse y la guerra volvió a intensificarse.
El 7 y 8 de julio, Trump asistió a la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Ankara. Pese a las tensiones iniciales con varios gobiernos europeos, el encuentro concluyó con una reafirmación del artículo 5 sobre defensa colectiva, la renovación del compromiso estadounidense con la alianza y la autorización para producir nuevos sistemas Patriot destinados a Ucrania. La cumbre también confirmó el aumento del gasto militar europeo, aunque no disipó las dudas acerca de una futura reducción de las tropas estadounidenses desplegadas en Europa.
Estas reuniones mostraron a un Trump obligado a administrar crisis inmediatas. En Beijing buscó estabilidad comercial y cooperación sobre Irán; en el G7 intentó legitimar su estrategia para Medio Oriente; y en Ankara presionó a los aliados para que asumieran una parte mayor del gasto militar. Los resultados fueron parciales: Estados Unidos conservó el liderazgo sobre las alianzas occidentales, pero no consiguió cerrar las guerras de Irán y Ucrania.
La agenda tentativa de la reunión del jueves
Trump recibió personalmente a Xi este miércoles en la Base Conjunta Andrews, un gesto poco habitual dentro del protocolo presidencial estadounidense. La actividad central se desarrollará este jueves en la Casa Blanca y comenzará con una ceremonia oficial de bienvenida, revista militar y fotografías protocolares. Luego se realizaría una conversación privada entre ambos presidentes, seguida por una reunión ampliada con funcionarios y asesores de los dos gobiernos. Por la noche, Trump y la primera dama Melania Trump ofrecerán una cena de Estado en honor de Xi y Peng Liyuan.
El primer asunto sería la posible prolongación de la tregua comercial acordada en Busan, que vence el 10 de noviembre. Washington buscará compromisos chinos sobre compras agropecuarias, aviones Boeing y reducción de barreras no arancelarias. Beijing reclamará que Estados Unidos no reactive la escalada tarifaria ni imponga nuevas restricciones contra empresas chinas.
El segundo eje sería el intercambio entre tierras raras y tecnología. Estados Unidos quiere asegurar el abastecimiento de minerales e imanes procesados en China, indispensables para las industrias automotriz, aeroespacial, electrónica y militar. China procurará obtener alivio en los controles estadounidenses sobre semiconductores, servicios de nube, equipos de fabricación y modelos avanzados de inteligencia artificial.
La inteligencia artificial ocupará un lugar específico. Ambos gobiernos estudian establecer un diálogo bilateral y un mecanismo de notificación de incidentes que puedan comprometer la seguridad nacional. También podrían reafirmar que las decisiones sobre el empleo de armas nucleares deben permanecer bajo control humano y discutir reglas para evitar que un error tecnológico o un ciberataque provoquen una escalada militar.
Taiwán será el tema políticamente más sensible. Xi reclamará el cumplimiento del comunicado conjunto de 1982 y la reducción de las ventas estadounidenses de armas. Trump mantiene pendiente un paquete de aproximadamente 14.000 millones de dólares y podría utilizarlo como instrumento negociador. Beijing también buscará que Washington reafirme su oposición a cualquier iniciativa independentista taiwanesa.
La guerra contra Irán completará la agenda central. Trump quiere que China utilice su influencia sobre Teherán y limite las operaciones comerciales que permiten eludir las sanciones. Xi podría ofrecer cooperación diplomática y apoyo a una negociación, pero difícilmente acepte interrumpir la relación económica china con Irán. Ucrania, Corea del Norte, seguridad nuclear e inversiones empresariales también podrían aparecer en las conversaciones.
La visita concluiría el viernes con un té privado y una recorrida conjunta por los Archivos Nacionales. Allí Xi podría volver sobre los tres comunicados que fundamentan las relaciones diplomáticas entre China y Estados Unidos. Los analistas no esperan un gran acuerdo, sino una serie de señales: prolongación de la tregua comercial, continuidad del diálogo sobre inteligencia artificial, administración de las diferencias sobre Taiwán y confirmación de que ambas potencias desean evitar una nueva escalada.

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