La transformación digital de la educación en las aulas chinas
Una columna publicada por la Red China y América Latina (REDCAEM) analiza la transformación digital de la educación china y sostiene que su alcance no depende solamente de infraestructura y tecnología, sino de la coordinación entre el Estado, los gobiernos locales, las escuelas y los docentes.
¿Cómo consigue una política nacional de digitalización educativa llegar efectivamente hasta las escuelas y mantenerse durante años? Esa es la pregunta que plantean Meiling Chen, Yuting Jie y Yuling Mou en “De la estrategia al aula: cómo China organiza la transformación digital de la educación”, una columna publicada por el sitio de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM). Las autoras proponen observar la experiencia china desde un ángulo menos habitual: además de las inversiones, la infraestructura y la dimensión de su sistema educativo, ponen el foco en la capacidad de las instituciones para coordinarse, aprender de la implementación y corregir los problemas que aparecen durante el proceso.
El principal ejemplo es la Plataforma Nacional de Servicios Públicos de Educación Inteligente, puesta en funcionamiento por el Ministerio de Educación de China en marzo de 2022 sobre la base de recursos digitales desarrollados anteriormente. La plataforma reúne servicios para la educación básica, técnico-profesional y superior, además de materiales para docentes y herramientas relacionadas con el empleo. Según los datos del Ministerio de Educación citados por las autoras, al finalizar 2025 contaba con más de 178 millones de usuarios y se habían formado más de 500.000 grupos de capacitación e intercambio docente, que acumulaban más de 90 millones de participaciones.
Sin embargo, la columna advierte que esas dimensiones no explican por sí mismas el funcionamiento del sistema. La clave estaría en una estructura que conecta al gobierno central con provincias, ciudades, distritos y establecimientos educativos. Mientras el nivel nacional proporciona infraestructura pública, normas y recursos, los gobiernos locales articulan sus propias plataformas y adaptan las políticas a las condiciones de cada territorio. Finalmente, son las escuelas y los docentes quienes determinan cómo incorporar esos recursos al trabajo cotidiano. Para las autoras, la coordinación centralizada no supone, por lo tanto, eliminar la adaptación local.
Chen, Jie y Mou relacionan ese mecanismo con una concepción más amplia de la gobernanza. La digitalización educativa exige combinar pedagogía, infraestructura, capacitación docente, protección de datos y, cada vez más, aplicaciones de inteligencia artificial. Esto obliga también a que quienes administran las políticas adquieran conocimientos, dialoguen con especialistas y revisen las decisiones a partir de los resultados. La columna vincula esa capacidad con planteamientos de Xi Jinping sobre la orientación hacia los problemas, los métodos científicos, la preparación profesional de quienes implementan políticas y la articulación entre los niveles central y local.
El análisis destaca además una característica del enfoque chino: la consideración de educación, ciencia y formación de talento como componentes relacionados de un mismo sistema de innovación. Las universidades forman investigadores y producen conocimiento, pero también se vinculan con la industria; las políticas de formación buscan responder a necesidades científicas y productivas, mientras la digitalización amplía las posibilidades educativas. La coordinación de esos campos, sostienen las autoras, permite reducir la distancia entre la planificación educativa y la velocidad de los cambios tecnológicos.
La experiencia tampoco es presentada como un proceso sin dificultades. Durante su primer año, la plataforma nacional fue actualizada varias veces, mientras diferentes localidades y escuelas desarrollaron proyectos piloto. Posteriormente incorporó nuevos niveles educativos y servicios. Las autoras utilizan esa evolución para sostener que una política de transformación digital no puede consistir en aplicar una fórmula previamente terminada: las desigualdades territoriales, los problemas de utilización y las necesidades concretas de los docentes obligan a modificar herramientas y prioridades durante la implementación.
La columna señala asimismo los límites del sistema. Una plataforma con cientos de millones de usuarios no elimina las diferencias de conectividad, equipamiento o capacidades profesionales entre establecimientos. También existe, advierten, el peligro de confundir indicadores como la cantidad de accesos con mejoras efectivas en el aprendizaje. Por eso consideran necesarios mecanismos que transmitan información desde las escuelas hacia los niveles superiores, evaluaciones de resultados y capacidad institucional para reconocer errores y modificar políticas.
La última parte del artículo traslada la discusión hacia América Latina y el Caribe. Las autoras aclaran expresamente que la experiencia china no constituye un modelo que pueda copiarse de manera mecánica debido a las diferencias políticas, administrativas y educativas. Su utilidad estaría, en cambio, en las preguntas que plantea: cómo dar continuidad a una política educativa más allá del mandato de un gobierno, cómo coordinar ministerios, autoridades locales, universidades y escuelas sin multiplicar la burocracia y cómo conseguir que los docentes sean participantes de la transformación digital en lugar de simples usuarios finales de tecnologías adquiridas desde arriba.
Desde esta perspectiva, sostienen, las decisiones sobre computadoras, plataformas y programas informáticos son solamente una parte del problema. La experiencia china mostraría la importancia de las instituciones intermedias, la formación profesional, la coordinación entre diferentes niveles administrativos y la capacidad de sostener servicios durante períodos prolongados. Las autoras concluyen que explicar el desarrollo educativo y tecnológico chino únicamente mediante la planificación centralizada resulta insuficiente: junto con una orientación de largo plazo funcionan mecanismos de formación de capacidades, adaptación local y corrección durante la ejecución.
La columna fue escrita por Meiling Chen, Yuting Jie y Yuling Mou. Chen es doctora en Ciencias Humanas por la Universidad Autónoma de Madrid, docente de la School of International Studies e investigadora del Institute of Country and Region Studies de la Universidad Sun Yat-sen, en China. Anteriormente trabajó como oficial superior de programas del Centro Internacional para la Innovación en la Educación Superior bajo los auspicios de la UNESCO y forma parte de REDCAEM. Jie y Mou son estudiantes asistentes de investigación del Institute of Country and Region Studies de la misma universidad.

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