“Los cambios en Tíbet son un microcosmos de los cambios en toda China”
En entrevistas con medios latinoamericanos, entre ellos DangDai, expertos en tibetología de Lhasa y Beijing ofrecieron su mirada sobre la Región Autónoma de Xizang, su desarrollo económico y el budismo tibetano.
Se llevaron a cabo en el marco de un programa de visitas denominado “Global South Media Workshop” durante julio pasado, organizado por las oficinas de Informaciones y de Asuntos de Derechos Humanos del Consejo de Estado con apoyo de periodistas de Global Peolpe.
Zhao Jin, académica del Instituto de Investigaciones de la Comunidad China en la Universidad de Xizang, resumió lo que consideró “grandes logros de 75 años de la liberación pacífica del Tíbet. Hubo cambios extraordinarios, los he visto en los 27 años que llevo vividos aquí: son un microcosmos de los cambios en toda China”.

Zhao dividió su exposición en los campos económico, político, cultural y ecológico. En términos productivos, dijo que desde 1959 se fue instalando el concepto de desarrollo en un territorio que “hasta ese año tenía un sistema feudal y de servidumbre. Xizang (Tíbet) tenía un 5% de su población formado por nobles y monjes acaudalados que poseía los medios de producción, la tierra, todo, y el 95% restante no tenía nada, ni libertad personal ni derechos humanos; eran siervos de la gleba con un servicio de corvea, sometidos totalmente con trabajo forzado, incluso bajo torturas. El templo era el principal acreedor de todos ellos, ¾ de toda la deuda del pueblo”.
Hoy la Región autónoma (una de las 5 que forman parte de China, cada una con fuerte peso de etnias) tiene un PIB de 300 millones de yuanes (unos 45 mil millones de dólares, cifras de 2025). “Ha sido una de las tantas regiones y provincias chinas donde se aplicó el programa de alivio a la pobreza, se han construido 125 mil kilómetros de autopistas, a Lhasa llegan trenes de alta velocidad (ahora están terminando el que llega desde Sichuan y será el más alto del mundo) y tenemos 7 aeropuertos en toda la región”, detalló la profesora.

En lo político, contó cómo se pasó de un régimen teocrático a tener las primeras elecciones en 1961, se acabó con el analfabetismo que cundía, y “la etnia tibetana es parte de la Asamblea anual de las Dos Sesiones (las reuniones anuales y simultáneas de la Asamblea Popular Nacional, máximo órgano legislativo, y del comité asesor de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino formado por otros partidos y asociaciones, las cuales se celebran cada mes de marzo).
En cultura y educación, “hay mucho cuidado por el patrimonio cultural inmaterial que tenemos aquí, se enseña el idioma tibetano, hay mejoras edilicias, fuertes inversiones en escuelas y hospitales, etc.”.
Y en lo ecológico, “el altiplánico representa un contexto ecológico frágil, por eso hay un régimen especial de cuidado para protegerlo, que incluye reforestación o tipos especiales de remoción de tierras por ejemplo cuando se construyen las vías férreas”.
Por su parte, Bai Lina, investigadora asociada del Instituto de Historia del Centro de Investigación de Tibetología en China, recorrió la historia del lugar recordando que el budismo ingresó a China desde India durante la dinastía Han (en el cambio de milenio anterior, ya en la “era cristiana”) y que en el siglo VII se instaló allí la dinastía Tubo, todavía afuera de lo que era el territorio imperial chino. “Pero ya la dinastía china Yuan, fundada por mongoles en el año 1271, tomó contactos con los tibetanos y comenzó el proceso de integración, comenzando por la administración de tres áreas de lo que hoy es la Región Autónoma de Xizang. Luego la dinastía Ming siguió con ese proceso y la dinastía Qing, la última de la China imperial, caída en 1911, incluso tuvo gobernadores residentes imperiales en el Tíbet. Por otro lado, desde el siglo XVII ya había audiencias entre el Dalai Lama del momento con el emperador en Beijing, o ayudas de Beijing a la región ante amenazas externas. Los Qing instalaron muchas instituciones en Xizang”.
Bai sostuvo que “con la República de China de 1912 se intentó consolidar el territorio que seguía bajo amenaza extranjera (británica básicamente, desde la India) en un marco donde los foráneos, también Estados Unidos, promovían la idea del separatismo. Con la Revolución de 1949 se proclamó a la región como parte de la nueva República Popular dados todos los antecedentes de siglos y entre 1951 y 1959 hubo muchas negociaciones, que resultaron en al menos 17 acuerdos. En 1959, ante la guerra por la rebelión del Dalai Lama (que no era el líder territorial, en todo caso era el líder de la religión dominante) entró el Ejército Popular de Liberación y expulsó a los invasores extranjeros. Hay 700 años de dominio chino sobre el Tíbet. La corriente independentista fue alentada por fuerzas imperialistas”, dijo.

Desde aquel conflicto, el Dalai Lama se exilió en India, donde proclama un gobierno en el exilio, y cuenta con un apoyo muy fuerte de Estados Unidos.
En 1965 fue instituida la región con su nombre actual, Región Autónoma de Xizang, y sobre todo desde 1990 EE.UU. comenzó su campaña de “denuncia” de “violaciones a los derechos humanos” en el lugar.
Bai dijo que en “1974 se terminó de derrotar completamente al grupo armado pro independencia del Tíbet en Nepal, que tenía origen en la rebelión de 1959. Pero en la frontera con India sigue habiendo grupos separatistas”.

El programa para periodistas latinoamericanos, que incluyó a otros colegas de Argentina, de Brasil, de México, de Perú, de Bolivia y de Chile, incluyó en Lhasa visitas al Palacio de Potala, levantado en el siglo VII; el templo de Jokhang, sitio de gran importancia para el budismo tibetano; la calle Barkhor, lugar típico de pergrinación, empresas de medicina tradicional y de alimentos y el Museo de Xizang, que testimonia las terribles condiciones de vida de la mayoría del lugar en tiempos de la teocracia.
En Beijing, el programa añadió otra entrevista colectiva en este caso con Li Decheng, experto del Centro de Investigación de Tibetología de China, quien además de relatar aspectos de la historia del lugar abordó los ritos de la reencarnación, que “comenzaron a formalizarse a fines del siglo XIII y proporcionaron las bases ideológicas de los budistas vivientes y del budismo tibetano (que es uno de los budismos de China, no el único)”.

En China hay reconocidos 1.300 budistas vivos (datos de 2017) y en torno a la futura reelección del Dalai Lama (el actual en el exilio, el número 14, ya tiene 91 años) hubo una disputa en 1995 sobre el Pachem Lama, la segunda autoridad del budismo tibetano y quien tiene a cargo el estratégico proceso de selección y elección del sucesor.
Li comentó que “las dinastías Ming y Qing reconocieron a los sucesivos Dalai Lama, elegidos según los ritos establecidos. Y se estableció que el Dalai Lama debía ser siempre aceptado por el gobierno central, lo mismo con el Pachem Lama”.
En las elecciones participan cuatro monasterios, la Asociación Budista, el gobierno central y varios monjes, o sea, no hay una sola persona que tenga la decisión y la búsqueda de la persona a reencarna. Y siempre el proceso debe ser en China.
“En Tíbet hay distintas religiones. El actual Dalai Lama no puede atribuirse liderazgo de la religión ahí. Es solo un budista viviente, nada más. Además, hay varias escuelas budistas aun dentro del budismo tibetano. Él es solo el líder de una de ellas (Guelug), que sí es la más fuerte, pero no la única”, concluyó el entrevistado.

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