Según The Economist, China emerge como un nuevo poder capaz de influir sobre el precio mundial del petróleo
El manejo de sus importaciones, reservas, exportaciones de combustibles y consumo interno permitió a China amortiguar el impacto de la guerra con Irán sobre el mercado petrolero, una capacidad que empieza a compararse con la influencia que históricamente ejerció la OPEP desde el lado de la oferta.
China redujo entre febrero y junio sus importaciones de petróleo aproximadamente a la mitad, hasta unos 5,5 millones de barriles diarios, en momentos en que la guerra con Irán había bloqueado el tránsito de alrededor de 14 millones de barriles diarios a través del estrecho de Ormuz.
Especialistas estiman que la reducción de las compras chinas pudo restarle 30 dólares o más al precio del Brent, contribuyendo a evitar que alcanzara los 150 dólares por barril que algunos analistas habían pronosticado. La magnitud de la operación fue posible, entre otras razones, porque China había aprovechado los bajos precios anteriores al conflicto para comprar unos 200 millones de barriles adicionales y llevar sus reservas totales a alrededor de 1.000 millones.
A esa administración de inventarios se sumaron otras dos herramientas. Beijing restringió las exportaciones de combustibles refinados —que entre febrero y abril cayeron casi a la mitad, hasta 430.000 barriles diarios— y redujo el consumo interno: en junio las refinerías procesaron 2,7 millones de barriles diarios menos que un año antes, mientras la producción de nafta bajó 14% y la de diésel y combustible para aviación, 21%. El avance previo de los vehículos eléctricos, el transporte ferroviario y las energías renovables facilitó el ajuste sin provocar una crisis económica: durante un feriado de mayo, por ejemplo, la carga de vehículos eléctricos en las autopistas aumentó casi 55% interanual.
La información fue publicada por Ámbito a partir de un análisis de The Economist, que plantea que China está adquiriendo sobre la demanda una capacidad comparable a la que la OPEP ejerció tradicionalmente mediante el control de la oferta. Ese poder tiene límites porque los inventarios chinos no son inagotables, pero introduce una variable de importancia para Argentina: a medida que Vaca Muerta incrementa su producción y se orienta hacia las exportaciones, su rentabilidad depende cada vez más del precio internacional del crudo. En ese mercado, las decisiones de Beijing sobre cuánto petróleo comprar, almacenar, refinar y consumir pueden incidir directamente sobre las condiciones económicas de las exportaciones energéticas argentinas.

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