La Franja y la Ruta: oportunidad para la inserción global de Argentina mediante la cooperación en ciencia y técnica

8 julio, 2026

Por Carlos Manacorda, para DangDai. La relación bilateral entre Argentina y la República Popular China (RPCh) está marcada por ciertos hitos que representan saltos de calidad en la relación: el restablecimiento de relaciones diplomáticas en 1972, las primeras visitas de Jefes de Estado recíprocas, el apoyo argentino a la entrada china a la OMC, o los apoyos mutuos en reclamos soberanistas respecto de Malvinas y Taiwán.

Entre estos hitos relevantes para la política, la economía y la diplomacia, también destaca la adhesión de Argentina a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (o Belt and Road Initiative, BRI) en 2022. Más allá de su dimensión comercial o financiera, esta decisión apuntaló la consagración de una asociación estratégica integral establecida con anterioridad, en la que la cooperación científico-técnica emergió como un eje transversal y estructurante. Esta cooperación tiene el potencial de permitir a Argentina acceder a tecnologías críticas y financiamiento para desarrollo de capacidades nacionales, al tiempo que negocia su inserción en un orden multipolar sin renunciar a su soberanía. Este trabajo argumenta que, en el marco de la BRI, la cooperación científico-técnica ofrece una oportunidad de política exterior que permitiría equilibrar asimetrías mediante la apropiación de conocimiento y la coproducción institucional.

La relación Argentina-China ha sido históricamente marcada por simetrías cambiantes. Eduardo Oviedo señala que la relación histórica pasó, desde una posición relativa favorable a Argentina en las primeras décadas de la Revolución china de 1949, hasta un cierto equilibrio hacia fines del s. XX, para llegar en la primera década del s. XXI, a una situación en la cual la relación Argentina-China presenta características asimétricas típicas de “Norte-Sur”, más que de “Sur-Sur”, al menos desde el punto de vista comercial. Desde los primeros contactos diplomáticos en 1972 hasta el período menemista, la cooperación se limitó a intercambios puntuales sin una arquitectura institucional robusta. Sin embargo, a partir del gobierno de De la Rúa, y especialmente a partir de los gobiernos kirchneristas, comenzó a gestarse una dimensión técnico-científica más sólida, que incluyó Acuerdos de Cooperación en Geociencias, Convenios sobre Biotecnología y Bioseguridad, y proyectos en energía nuclear, satélites y ciencias antárticas, como ha señalado entre otros el académico Francisco Taiana. Esta evolución fue reforzada por la adhesión al marco de la BRI, que es parte de una estrategia geoeconómica global china, pero que ofrece oportunidades explícitamente en el campo de la C&T, y dentro de la cual, los actores latinoamericanos deberían buscar su nicho de especialización para insertarse provechosamente.

En este contexto, la cooperación científico-técnica puede pensarse como una “diplomacia del conocimiento”. A diferencia del comercio tradicional sino-argentino, predominantemente concentrado en commodities, los acuerdos en ciencia y tecnología implican coproducción, transferencia de capacidades y construcción de redes de investigación (y, eventualmente, infraestructura y financiamiento). Por ejemplo, el acuerdo para construcción de centrales nucleares chinas promovido desde 2015, ha escrito el economista Julio Sevares, aprovecha el historial impecable y alto prestigio de Argentina en el uso pacífico de esta energía de alta tecnología. Este tipo de acuerdos permiten a Argentina posicionar su capital humano —particularmente en áreas como la cooperación nuclear, exploración antártica (donde nuestro país tiene presencia desde 1904), y biotecnología— como un activo estratégico en la relación bilateral. Al respecto, el ejemplo cubano en su relación con China, muestra que es posible exportar bienes de altísimo valor agregado a China incluso siendo una economía relativamente débil y pequeña[1].

La energía es un eje clave en donde la cooperación científico-técnica se entrelaza con la BRI. Argentina destaca globalmente en reservas de gas no convencionales y posee capacidades técnicas en extracción y procesamiento, lo cual determinó inversiones de petroleras chinas en este ámbito. La firma de un MOU entre YPF y Sinopec en 2015, para la explotación del shale oil de Vaca Muerta, es otro ejemplo de cooperación técnica de alto nivel posible con China, que entrañaría una ganancia mutua y haría uso no sólo de los recursos naturales del país, sino de los recursos técnicos avanzados. Asimismo, el proyecto de la cuarta central nuclear Atucha IV —financiado con créditos chinos—, ha atravesado gobiernos argentinos de tendencias ideológicas disímiles, pese a que estos proyectos encuentran cierta resistencia de parte de sectores que apuntan a una posible dependencia tecnológica nuclear respecto de China, desaprovechando el know-how nuclear local, ya establecido. Pese a todo, estos casos ilustran cómo la BRI, para Argentina, se traduce potencialmente también en infraestructura física e intelectual.

Si bien el comercio entre Argentina y China, centrado en exportaciones agropecuarias argentinas con bajo nivel de procesamiento, y las importaciones de bienes industriales chinos cada vez más complejos, ha determinado una balanza comercial deficitaria para Argentina, se detectan en los últimos años entradas de compañías tecnológicas argentinas en el mercado chino. Dentro de estas compañías se incluyen las de química y biotecnología, y se ha visto asimismo un avance en temas de cooperación científica y tecnológica. Este tipo de relación, así como las inversiones chinas en el tan necesitado rubro de infraestructuras del país, representan campos de actividad importante para el desarrollo de Argentina, pero sus efectos son de largo plazo necesariamente, como ha señalado el consultor y ex diplomático Mario Quinteros.

Llamativamente, un trabajo de Fornes y Mendez advierte contra una “reprimarización” de la región debido a China (y a la falta de visión de los políticos latinoamericanos), pero simultáneamente admite con sorpresa que países como Brasil o México exportan aeronaves o autopartes a China. Esto, sumado al ejemplo de la exportación cubana de productos farmacéuticos y biotecnológicos, ponen en cuestión el concepto de “reprimarización inducida por China”, y sin duda análisis objetivos, comparativos, cuantitativos y longitudinales serios son necesarios para llegar a una conclusión basada en hechos al respecto, sin caer en falacias lógicas del estilo “post hoc, ergo propter hoc”, o su falacia emparentada, “cum hoc, ergo propter hoc”. Esto es vitalmente importante para estimar hasta qué punto se puede esperar una relación ganar-ganar, y los prospectos para el desarrollo de calidad en Argentina y otros países de la región.

Durante los últimos años, una serie de acuerdos institucionales refuerzan el carácter maduro de la relación, entrelazando intereses económicos, académicos y políticos que fortalecen el nexo entre países. Por ejemplo, un Plan de Trabajo 2017–2019 fue firmado para facilitar la inspección sanitaria de productos argentinos exportables a China, la creación del Centro Virtual Chino-Argentino en Ciencias Sociales (2018) y la multitud de acuerdos firmados durante la reunión del G20 en Buenos Aires, muestran una voluntad de institucionalizar la relación más allá del intercambio comercial.

Finalmente, esta estrategia responde a una lógica geopolítica más amplia. La cooperación científico-técnica ha sido crucial para consolidar el “apoyo mutuo” entre ambos países en temas sensibles: China respalda la posición argentina sobre Malvinas, y Argentina reafirma el principio de “una sola China”. En este marco, la ciencia no es un ámbito neutral, sino que se convierte en una moneda de intercambio simbólico y estratégico. Como señala Xu Shicheng, “fomentamos la complementación recíproca con nuestras respectivas ventajas, a partir de ser socios de cooperación en beneficio mutuo”. Argentina aporta biodiversidad, talento científico y legitimidad regional; China, financiamiento, tecnología y acceso a cadenas globales de innovación y al mercado asiático, la región de más rápido crecimiento y poder económico del s. XXI. Sin embargo, sobre todo para proyectos de largo plazo como la construcción de infraestructuras y los grandes proyectos de cooperación científico-técnicos, “los países asociados a China, en este caso Argentina, tienen que tener la capacidad para generar un campo propicio, en términos económicos e institucionales”.

En ese sentido, los abruptos cambios políticos argentinos demuestran inestabilidad. Dicha inestabilidad es preocupante teniendo en cuenta que más voces se han alzado en el país asiático respecto de moderar y monitorear más de cerca el destino de las inversiones. Eso demuestra que es poco probable que un simple cambio de signo político abra las puertas a inversiones o compromisos chinos en gran escala: más seriedad a nivel nacional se necesitaría para ello. Si bien algunas veces los cambios no han perjudicado la orientación general argentina hacia China, la elección de Milei aportó un factor ideológico contra China que ni siquiera el anticomunismo de Videla manifestó en su momento, como recuerda el mencionado Taiana. El tiempo dirá si la relación bilateral sale resentida a largo plazo o, por el contrario, China tomará este distanciamiento como un mal pasajero[2].

En conclusión, la inserción de Argentina en la Franja y la Ruta a través de la cooperación científico-técnica representa una estrategia sofisticada de política exterior y una oportunidad para aprovechar las oportunidades del orden multipolar sin renunciar a la soberanía científico-técnica, como el caso cubano demuestra. Si bien persisten asimetrías, la institucionalización de la cooperación y la focalización en sectores de alto valor agregado permiten a Argentina negociar su lugar en la relación con mayor capacidad de agencia que la limitación a materias primas de bajo valor agregado. Así, la apuesta por la cooperación técnico-científica no es sólo pragmática: es profundamente estratégica.

Referencias:

    Fornes & Mendez (2018). THE CHINA-LATIN AMERICA AXIS: Emerging Markets and their Role in an Increasingly       Globalised World 2nd EDITION. Palgrave Macmillan. ISBN 978-3-319-66721-8 (eBook).

 Libro Ruta de la Seda (2019). China: una nueva estrategia geopolítica global. La iniciativa la Franja y la Ruta. UNLP.

Mahbubani (2022). The Asian 21st Century. Springer.  ISBN 978-981-16-6811-1 (eBook). https://doi.org/10.1007/978-981-16-6811-1

 Oviedo, Eduardo D. (2010). Historia de las RRII entre Argentina y China. Dunken.

Quinteros, Mario (2019). “Sinergias entre China y Argentina en el sector privado”. En Estrategias de relacionamiento con China VII. CARI.

 Sevares, Julio (2019). “La relación económica sino-argentina: situación y perspectivas en tiempo de crisis”. En Estrategias de relacionamiento con China VII. CARI.

 Taiana, Francisco A. (2022). Argentina, China y el mundo (1945–2022).

 Xu Shicheng (2006). “Las diferentes etapas de las relaciones sinolatinoamericanas”. Nueva Sociedad 203 / Mayo – Junio 2006.

 Xu, Yanran (2016). China’s Strategic Partnerships in Latin America: Case Studies of China’s Oil Diplomacy in Argentina, Brazil, Mexico, and Venezuela, 1991–2015. Lexington Books.

Ver también

China prepara ensayos clínicos de fármacos de la biotecnología cubana. (2024, August 13). Embajada de Cuba En China.; El Blog de Cuba en China.

“Atucha III y Atucha IV se van a hacer con los chinos”. Diego Guelar, embajador argentino en China.

Clarín, 05/06/2016

“China ve a Milei como un accidente temporal en su relación con Argentina”. Entrevista a Francisco Taiana por Gustavo García, La Prensa, 28.09.2025


 

 

Categorías: Ciencia y Tecnología

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