La función del arte en el vértigo chino del siglo XX
El viernes se presentó el libro “Arte Moderno y Vanguardia Gráfica en China”, de la historiadora Verónica Flores, a sala llena en el Museo Nacional de Arte Oriental.
Junto con la coordinación de Rubén Pose y elogiosos comentarios de Maya Alvisa, otros dos expertos en cultura y las artes chinas, Flores habló de esta cuidada y curada edición de su tesis doctoral en Historia y Teoría de las Artes en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, aprobada en 2018.
Hablaron también, en el comienzo, Jia Guo, presidenta de la Fundación Hanaq, a cargo de la edición –quien destacó el “nivel académico y el humanismo” que expresa esta obra, que es parte del trabajo cultural y de intercambios que promueve la Fundación-, el ministro consejero Zhang Xiaowei de la Embajada de la RPCh en Argentina, y la directora del MNAO, Rocío Boffo.

Flores contó que junto con el equipo de la editorial debieron reducir a la mitad tanto el texto como la cantidad de imágenes, en especial, grabados, respecto de la tesis original. Con todo, quedó una obra estupenda con 130 imágenes y unas 340 páginas que recoge material hasta ahora no disponible, al menos de ese modo presentado, en Argentina.
La autora arrancó explicando la importancia del negro en la tapa del libro y en materiales del interior, color que remite a la tinta, el papel y el grabado, invenciones chinas, recordó. También recordó al respecto una hermosa frase de Lu Xun, el escritor que recorre gran parte de esta investigación: la pólvora y la brújula, escribió en una ocasión, también fueron inventos chinos, pero “regresaron a la tierra de su origen como daño, en cambio el papel, la tinta y el grabado volvieron como arte”.

El libro, dijo Flores, está dividido en tres partes o momentos de la historia china entre fines del siglo XX y el triunfo de la Revolución en 1949. La primera son los agitados tiempos finales de la Dinastía Qing, que cayó en 1911, donde “hubo una complejidad y multiplicidad de hechos históricos” que pusieron en tensión al arte, los intentos reformistas y revolucionarios y la modernidad. La segunda parte fue definida como de “construcción” de un nuevo orden post-imperial, con la ruptura del arte moderno, su experimentación y el contacto con otras corrientes estéticas principalmente europeas, es decir, las que emanaban del colonizador. Y un tercer tiempo, donde Flores admite su mayor disfrute por el trabajo que logró, que es la del tiempo de la guerra (con un nuevo invasor extranjero, en este caso Japón, pero también la guerra civil entre el Partido Comunista y el Partido Nacionalista) y de la Revolución. “Es este un momento de emancipación política que recorremos a través del arte, desde su origen en Shanghái a todo el territorio chino”, señaló.
Para la autora (además investigadora del Conicet e investigadora en varias universidades del país asiático) “el libro puede verse como uno de los umbrales posibles, entre muchos otros, para entrar en la historia china”.
Más información en Xinhua.

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