Tian Anmen

6 junio, 2014

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Una imagen de aquel junio.

En el Observatorio de Política China, una nota recuerda el 25to aniversario de la tragedia de la Plaza Tian Anmen, tema que sigue siendo de difícil digestión en China y estos días levanta mucha polémica. Entrevista al académico argentino Jorge Malena, de la Universidad del Salvador y el CARI, quien plantea que las jornadas con epicentro en el 4 de junio de 1989 dejó consecuencias tanto en el ciudadano común (y en particular los intelectuales) en cuanto a la difusión de conceptos como democracia, libertad, derechos humanos, transparencia, rendición de cuentas, y en la clase dirigente, que tomó conciencia sobre los efectos no deseados de la reforma y apertura económica.


¿Considera que el recuerdo de aquella tragedia sigue vivo en el país y constituye un asunto que preocupa a las autoridades chinas?

Debido a lo inusual de los acontecimientos (manifestaciones a lo largo de las principales ciudades del país, represión violenta de las mismas, imposición de la ley marcial durante meses, etc.), difícilmente esta tragedia haya quedado en el olvido en aquellos ciudadanos de más de 15 años de edad.

En cuanto a la dirigencia en particular, la paralización del poder central, la división respecto a qué hacer, la purga realizada (la cual alcanzó a la misma cúspide), etc, generaron la percepción de que podrían colapsar no sólo el gobierno del PCCh sino también la propia RPCh. Por tales motivos, las autoridades chinas  tampoco pueden olvidarse de la tragedia ni despreocuparse por el recuerdo que de la misma tiene el país.

¿Qué consecuencias políticas destacaría de aquella protesta?

Entre el ciudadano común (y en particular los intelectuales) la difusión de conceptos como democracia, libertad, derechos humanos, transparencia, rendición de cuentas, etc. Asimismo, la pérdida de legitimidad entre la población del “partido revolucionario”, el cual pasó a percibirse como un partido autoritario concentrado en el mantenimiento del poder.

Entre el liderazgo, la toma de conciencia sobre los efectos no deseados de la reforma y apertura económica (“las moscas entraron cuando se abrió la ventana”, hubiese dicho Deng). A partir de allí, no sólo la represión volvió a ser una herramienta central para que el PCCh se asegurase el control de la sociedad, sino que también el trabajo ideológico tomó nuevos bríos.

El logro de un crecimiento económico del 10% promedio durante la década de 1990 logró atenuar la situación, generándose un modelo de obediencia basado en la simulación y la conveniencia.

¿Estima que en algún momento el PCCh puede propiciar una relectura de su interpretación de aquellos sucesos?

Si fue posible que el PCCh efectuara, a principios de la década de 1980, una reevaluación del papel que le cupo a Mao Zedong en la historia, sería dable esperar que se haga lo propio con la tragedia de Tian Anmen. Una causa central para ello es la exigencia que aflora en la sociedad china de vigencia del imperio de la ley.

En esta década, “legalidad” significará también “memoria y justicia”, y -para que el PCCh ejercite legítimamente el poder- se tendrían que reinterpretar los hechos de abril-junio de 1989.

La nota  (incluye iguales preguntas a Jorge Tavares da Silva, presidente do Observatorio de Comercio y Relaçiones Internacionales de ISCIA y Profesor Invitado de la Universidad de Minho, Portugal).

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Categorías: Política

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