El softpower del turismo
Por Héctor Lovaiza, para DangDai. El ascenso de China en el concierto internacional, como así su rol primordial en la configuración del orden mundial dando lugar a la diplomacia de gran potencia, no se puede entender solo desde su crecimiento económico, su accionar en los organismos internacional, su fuerza militar, sino también desde las diferentes características que les confiere a las relaciones internacionales, entre esas, el turismo global.
En este ámbito, la RPCh es un actor clave, y arquitecto, de este mercado internacional en el que tiene como característica el vertiginoso desarrollo en íntima relación con su trasformación económica. Asimismo, la transformó en una herramienta clave de softpower en su política exterior y como también de redefinición de conceptos turísticos en el sistema internacional.
Evolución del turismo emisivo como política
China ocupó la primera posición como el país que más gasta en turismo internacional desde 2023, año en que alcanzó la cifra de “180.600 millones de euros, por delante de Estados Unidos (137.850 millones de euros), Alemania (102.920 millones de euros), Reino Unido (101.100 millones de euros) y Francia (45.000 millones de euros)”, según informó en su momento Forbes. Unos 95 millones de chinos salieron del país, lo que significó 52% de aumento interanual y 82% de recuperación con respecto a niveles pre pandémicos en los primeros tres trimestres del año 2024 (ver aquí). Para 2025 se proyecta que habría cerrado con un total de 155 millones de viajes internacionales, lo que supera niveles pre pandemia con un presupuesto superior, 28% del total, a los 6.890 dólares por viaje.
Estos datos ponen de manifiesto la centralidad del gigante asiático en esta industria. Pero es oportuno retrotraerse en la historia para comprender el turismo como herramienta de política internacional que da lugar al softpower por parte del gobierno chino.
En “La política pública ADS (destino turístico aprobado) de la República Popular China con Argentina: CABA como caso de estudio”, que publicó en 2018 la Universidad Nacional de La Plata, Samanta Solari señala que la evolución del turismo esta intrínsecamente relacionada con las políticas públicas implementadas. Desde esta afirmación expresa que las primeras reformas en este ámbito se formularon en 1978 durante el mandato de Deng Xiaoping, periodo en el que inicia la reforma y apertura económica, donde se reconoció al turismo como un medio para el desarrollo. Su implementación se desarrolló por etapas, lo cual permitió primeramente el ingreso de visitantes extranjeros, luego se estimuló los viajes por placer al interior del país y finalmente se permitieron la salida de turistas chinos hacia el extranjero. Esto significó un giro drástico al periodo precedente a 1978, cuando solo estaban aprobados los viajes al exterior por cuestiones diplomáticas, estudiantiles y/o de trabajo, no así los viajes de ocio, expresa la autora. Asimismo, enuncia la idea de que el turismo podía servir como catalizador del desarrollo local dando comienzo a un vertiginoso crecimiento.

En 1983 se da un punto de inflexión en la internacionalización de este rubro en China debido a su incorporación a la Organización Mundial del Turismo (OMT), en la actualidad ONU Turismo, organismo especializado de las Naciones Unidas cuyo mandato es promover el turismo responsable. En el trascurso de ese mismo año el gobierno comenzó a permitir la salida de chinos hacia Hong Kong. Al siguiente año se extendió a la isla de Macao. Esto remarca que se priorizaba la actividad turística interna y receptiva.
En 2017 se inauguró oficialmente la World Tourism Alliance (WTA), proyecto iniciado por China. Está alianza pretende compartir sus logros y enseñar a otros países los beneficios económicos que representa esta actividad, invitándolos a invertir para mejorar sus espacios más visitados.
En marzo de 2025, el secretario general de ONU Turismo, Zurab Pololikashvili, concluyó una visita histórica a China en el que se consolido la cooperación en este ámbito a nivel mundial afirmando que China se posiciona como uno de los principales líderes del turismo mundial, tanto como país emisor de viajeros como destino. Además, lidera la transformación digital del sector y promueve activamente su desarrollo como motor de sostenibilidad global.
En este contexto, Pololikashvili reafirmó el respaldo del organismo internacional a la Iniciativa de Desarrollo Global (GDI) de China y al concepto de una comunidad de futuro compartido, orientados a impulsar marcos inclusivos e innovadores alineados con los objetivos de desarrollo. Asimismo, un aspecto clave que confirma el liderazgo global chino en el sector es la posible cooperación entre este organismo y la Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo de China (CIDCA) para financiar proyectos en los países miembros de ONU Turismo, especialmente aquellos vinculados al desarrollo sostenible y al turismo.
La Nueva Ruta de las Seda y el turismo como cooperación
Esta iniciativa impulsada por la República Popular China, como estrategia de desarrollo global, promueve la creación de nuevos paradigmas que redefinen las distintas formas de relación dentro de una sociedad y su propio desarrollo. En este marco, surgen nuevas maneras de comprender la práctica turística, concebida como una expresión y proyección internacional de los valores propios de la sociedad que la ejerce, como explican Kang Min, Echarri Chavez y Ramirez Fría en “Globalizar la cooperación en turismo. La experiencia china en la Nueva Ruta de la Seda”, artículo publicado en Revista International Journal of Safety and Security in Tourism de 2021 reproducida por la Universidad de Palermo.
Esos autores sostienen que, desde la perspectiva de la Franja y la Ruta, se han producido varios hitos, de los cuales dos resultan centrales para la relación bilateral y el enfoque de este análisis. El primero es la redefinición del concepto territorial, basado en la integración transfronteriza y transregional, donde las regiones se entienden más allá de sus límites tradicionales. En este marco, se promueve la creación de áreas turísticas sin barreras, el desarrollo de planes que integren múltiples territorios y el diseño de productos turísticos de forma conjunta, generando espacios continuos que permitan visibilizar la historia y la cultura, con la Franja y la Ruta como eje articulador.
Segundo, esta iniciativa impulsa plataformas de cooperación turística que integran actores no gubernamentales y transfronterizos, sin excluir a los gobiernos, en el contexto de la globalización económica. Estas instancias facilitan la planificación conjunta, la coordinación de recursos y la organización de foros periódicos para resolver problemas. A nivel regional, fortalecen la cooperación, evitan el desperdicio de recursos y la competencia desigual, y contribuyen a reducir las asimetrías económicas.
Turismo como softpower y diplomacia.
María Solís y Acosta, Danna G. han definido en “El rol de China en la redefinición de los destinos turísticos caso Argentina. Revista Realidad, Tendencias y Desafíos en turismo”, de 2017, que el poder blando o softpower es: “la capacidad de obtener lo que se quiere o desea, mediante el poder de atracción y la seducción de los otros, en lugar de utilizarla fuerza (hardpower) o manipulación”. Este poder, a diferencia del concepto tradicional de poder en el que se sustenta en la fuerza, coacción o represión, se vale de medios culturales o históricos, para alcanzar los resultados proyectado. Cabe agregar que tiene su origen en la diplomacia, en los valores políticos y en la legitimidad, recalcan las autoras.
En este mismo hilo temático, otros autores como Aranda y Van de Maele aseveran que China, basándose en su cultura milenaria, en la promoción de su modelo de desarrollo y en la cooperación internacional, han desarrollado una estrategia para proyectarse al mundo mediante su política internacional.
En este marco, el turismo se configura como una herramienta de poder blando para los gobiernos, al permitirles proyectar influencia más allá de sus fronteras. En esta línea, Solís destaca que para China el turismo funciona como un aliado de su política exterior, al actuar como un medio para fomentar el entendimiento y la amistad entre los pueblos. Surge así la diplomacia turística, entendida como el uso del turismo para promover destinos y resolver conflictos mediante negociaciones pacíficas entre países, apoyadas en el poder blando. El concepto surgió oficialmente en 2015 por iniciativa del gobierno chino, tras una práctica prolongada, y se basa en el softpower. Su formulación responde a dos factores: la promoción de una política exterior independiente y pacífica, abiertamente en contraposición a conceptos de política turística desde una óptica del poder, y el creciente volumen y poder adquisitivo de los turistas chinos en el exterior, que sustentan esta forma de diplomacia.
Reflexiones finales
Indubitablemente el turismo es una pieza fundamental de la estrategia de proyección internacional del gobierno chino para la construcción de una gobernanza global con características chinas.
Los hechos más relevantes por su magnitud y efectos revisionistas son, la redefinición del concepto territorial, basado en la integración transfronteriza y transregional, marcando una política rupturista, y la puesta en práctica de la política emisiva de turistas con el objetivo de ejercer influencia en el resto de los países emergiendo de esta manera la diplomacia turística, consolidando a la RPCh como líder en el sistema internacional. Un sistema donde hay tensiones también culturales con otros poderes globales que no deberían derivar en conflictos bélicos, pero sí de poder blando.

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