Alta dependencia y alta oportunidad: el campo argentino frente a China
Las relaciones agropecuarias con China, la necesidad de que se acelere la autorización de eventos tecnológicos, una visita inminente de las autoridades de la gigante COFCO a Buenos Aires –a ser recibida por el ministro Luis Caputo– y el pedido de que el Gobierno argentino concrete una tan anunciada como demorada visita de alto nivel a Beijing fueron temas tratados este miércoles n la presentación de un trabajo académico.
En el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, con introducción de sus presidente y vicepresidenta, Francisco de Santibañes y Carola Ramón Berjano, se presentó el documento “El comercio agroalimentario con China. Oportunidades y desafíos para la estrategia competitiva y de crecimiento de Argentina”, de Nelson Illescas (además director de Contenidos y Comunicación del Grupo de Países Productores del Sur (GPS), Marcelo Regúnaga (ex secretario de Agricultura) y Jimena Vicentín Masaro (grupo CEO SA).
Participaron además los funcionarios de Cancillería, el subsecretario de Negociaciones Internacionales e Integración, Roberto Salafia, y de la Secretaría de Bioeconomía, el subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal, Manuel Chiappe Berisso, y el subsecretario de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional, Agustín Tejeda Rodríguez. Del sector privado, dieron su parecer asimismo el presidente de la Cámara Argentina China, Javier Lozada, el principal directivo de COFCO en Argentina, Alfonso Romero Vedoya, y Alfredo Paseyro, director ejecutivo Asociación Semilleros Argentinos.
El contexto geopolítico, el cuello de botella que supone muchas veces la demora de China (8 a 9 años) en aprobar eventos biotecnológicos (alguien lo llamó “el estrecho de Ormuz” para el campo argentino, en referencia al conflicto actual con el petróleo iraní y sus implicancias en la economía global), pero también la “gran oportunidad” (por todos destacada) del presente comercial entre Argentina y China, con récords de aumentos en 2025 y ante una cosecha de excelente perspectiva para 2026, fueron tópicos centrales de los comentarios.
También, las viejas deudas argentinas de bajar la dependencia de la soja (aunque en los últimos años se ha reducido el porcentaje de la oleaginosa en la oferta exportable), ampliar la canasta exportable, agregar valor o diversificar. O las insalvables “asimetrías” entre los dos socios, en particular uno que tiene una estrategia continua, coordinada, sistémica, versus otro (Argentina) con sus dificultades de continuidad en las políticas y otras inconsistencias macroeconómicas.
A pesar el alineamiento del gobierno argentino con Estados Unidos, tanto funcionarios como empresarios dijeron que, en materia comercial, el gobierno chino se siente “muy cómodo” y “agradece” la apertura del mercado local, la política de desregulaciones, el RIGI y la simplificación burocrática.
Y confiaron en que, en próximas negociaciones ya pautadas, sigan abriéndose en el mercado chino los protocolos de ingreso para menudencias bovinas y porcinas, legumbres, pesca salvaje, ciruelas secas, afrecho de trigo, pellets de girasol, además de avanzar en el sector semillas (el último encuentro fue en septiembre pasado) y superar el problema de la enfermedad aviar que traba las exportaciones argentinas (“y de todo el hemisferio”, aclararon las autoridades de Agricultura) a través de una “zonificación del país que permita exportar a las zonas” sin la epidemia, lo que se está negociando con China.
Las exportaciones agroalimentarias a China son más del 80% del total, con dominio de soja y carne (dos tercios de ese porcentajes) pero con otros emergentes recientes como sorgo, aceite, aves y pesca. Y las metas para elevar las exportaciones de todo el campo son las de sumar otros 3.200 millones de dólares este año y llegar a agregar 8.000 en cinco años más. Esto supondría duplicar los embarques, dado que el año pasado, el complejo agroganadero exportó a China más de 8.000 millones de dólares.
El Documento de Trabajo del CARI (Nº 119, de febrero de 2026) tiene como contenido datos actuales e históricos del intercambio agroalimentario sino-argentino, un panorama de China como importador, con “oportunidad y restricciones”, la cuestión de la biotecnología con temas como “dependencia y desafíos regulatorios”, las políticas de aprobación de productos biotecnológicos por parte del gobierno chino, y recomendaciones, además de anexos estadísticos.

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