La cooperación nuclear, entre el realismo periférico y las presiones de Washington

5 enero, 2026

Por  Hector Lovaiza, para DangDai. La disputa geopolítica y económica entre Estados Unidos y la República Popular China, se debe de interpretar, en términos de Débora Fegaburu, como una competencia entre proyectos hegemónicos cuyo objetivo es la reconfiguración del orden internacional, así como la promoción de narrativas de desarrollo orientadas a consolidar su liderazgo en la transición energética global en un marco multipolar.

En este escenario global marcado por la tensión, Argentina se inserta históricamente con proyectos de desarrollo económicos ideados desde los distintos gobiernos, y en distintos interregnos, permeables al alineamiento en política exterior, principalmente dictados de Estados Unidos, provocando el menoscabo del crecimiento económico y márgenes de autonomía del país.  En línea con este curso histórico, en los últimos 10 años, atravesados por los mandatos presidenciales de, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei, Argentina fue objeto de decisiones provenientes de Estados Unidos para, entre otras cuestiones, bloquear su política nuclear basada en la cooperación con la RPCh circunscripta a la construcción de la cuarta central nuclear en el país con el diseño chino ACP-1000, renombrada Hualong One (la que iba a ser Atucha III).

Estas líneas constatan un hecho de similares características (en su mayoría), pero con diferentes actores, en el trascurso de las décadas del 80 y principios de los 90, que fue el proyecto misil Cóndor donde, producto de presiones persistentes de los Estados Unidos, fue desmantelado. Esto ocasionó la pérdida de una variable política que habría determinado un aumento de desarrollo y autonomía estratégica de Argentina, en un escenario enmarcado por la perduración de su inserción desequilibrada en el escenario global la que se acentuó, suceso que puede reproducirse en la cooperación nuclear con el gigante asiático.  Por esta causa, un marco teórico pertinente para el análisis del tema es el del realismo periférico.

Esta teoría, desarrollada por el politólogo argentino Carlos Escude en los años 90, parte del supuesto clave de considerar primeramente al sistema internacional como asimétrico. En esta realidad dispar, los países periféricos deben de considerar actuar con un realismo estratégico en donde el costo de desafiar al centro es mayor que del beneficio. Por ende, dada su situación desventajosa en el sistema, en lugar de confrontar a las grandes potencias, les conviene una política exterior pragmática, adaptativa y de bajo conflicto.

¿Que fue el proyecto Misil Cóndor?

Fue un proyecto desarrollado en Argentina entre los años 80 y 90. Pero Estados Unidos detuvo su desarrollo porque hubiera cambiado radicalmente la historia del país en términos del dominio de esa tecnología en la región. Su objetivo al principio fue el desarrollo espacial de Argentina y no se tenía pensado usar como cabeza balística, pero eso cambió a raíz del conflicto por Malvinas y las hipótesis al respecto que consideraba el Presidente Alfonsín.  El programa del misil correspondía a uno de alcance de 750 a 1000 kilómetros y un sistema de guiado mediante una computadora inercial y tobera móvil. Las razones por la que EEUU temía y bloqueo un arma de tales características tenían que ver con su alcance, lo que consideraba amenaza para su aliado británico en las Malvinas ocupadas y porque podría desembocar en una carrera armamentística en Latinoamérica.

Ante este escenario, Washington impidió la transferencia de tecnología. Todo culminó con el gobierno de Carlos Menem, quien decidió finalizar la investigación y fabricación del mismo.

La cooperación nuclear entre Argentina y China: principales hechos.

Es primordial recalcar la génesis de esta relación de cooperación en materia nuclear, que tuvo como principio el “Acuerdo para la Cooperación en los Usos Pacíficos de la Energía Nuclear entre el Gobierno de la República Argentina y el Gobierno de la República Popular China “, firmado en la ciudad de Beijing en 1985, cuya entrada en vigor fue el 30 de octubre de 1989 mediante la ley argentina 23.712. En el mismo se expone:” Destacado que la utilización de la energía nuclear para propósitos pacíficos constituye un importante factor para la promoción del desarrollo económico y social de los dos países”.

Otro suceso importante es la reactivación del plan nuclear nacional en 2006 por parte del Presidente Néstor Kirchner. Entre los objetivos planteados se anunció la finalización de Atucha II, inaugurada en 2014, y la realización de estudios de factibilidad para la construcción de una cuarta central nuclear. Posteriormente ambos países firmaron una serie de acuerdos de cooperación nuclear en 2012 bajo la Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, lo cual culminó en 2015 con la suscripción de acuerdos para la construcción de la cuarta y quinta central nuclear. Una cuarta central iba a seguir el diseño canadiense (CANDU) con una potencia de 700 MW. Y una quinta seguiría el diseño ACP-1000, renombrada posteriormente Hualong One, y funcionaria con uranio enriquecido y agua liviana, con un costo estimado de 8.500.000.000 dólares, sostienen los autores.

Es primordial subrayar que, bajo esta presidencia, en 2014, se rubrico la declaración conjunta sobre el establecimiento de la asociación estratégica integral entre ambos países.

Presiones de Estados Unidos.

Esta acción inicia durante la presidencia de Mauricio Macri, la cual se caracterizó por la creciente presión del gobierno estadounidense para desmantelar el proyecto de central nuclear CANDU con China, presión favorecida por la afinidad ideológica del gobierno argentino. La decisión se vinculó al acuerdo stand by con el FMI por 57.000 millones de dólares en 2018. Aun así, funcionarios argentinos continuaron un año negociando con China para avanzar con la central Hualong One. Según el subsecretario de Energía Nuclear, Julián Gadano, las presiones estadounidenses aumentaron durante las negociaciones y llegaron a sostener que China busca generar dependencia y que su tecnología no es madura.

El periodo presidencial de Alberto Fernández estuvo signado por un mayor alineamiento con la RPCh. En este se firmó el contrato entre la empresa estatal NASA y la Corporación Nuclear Nacional de China para la construcción de la cuarta central nuclear argentina, que sería Atucha III. Su potencia eléctrica bruta será de 1.200 MWe, abasteciendo al Sistema Argentino de Interconexión (Argentina,2022). La oferta original de 2014 preveía el financiamiento del 85 por ciento por parte de China, y el 15 restante por parte de Argentina. En abril del 2022 se buscó incrementar al 100 por ciento. El monto total ascendía a 8.300 millones de dólares.

Este acto generó rápidas respuestas a raíz de la preocupación por parte de senadores estadounidenses. Por ejemplo, Jim Risch señalo: “Me preocupan los planes para instalar tecnología nuclear no probada china en Argentina y sus implicaciones para la seguridad regional y la soberanía de Argentina. Dada la mala experiencia con la estación espacial Las Lajas, Argentina debería dar marcha atrás”.

En este devenir histórico, la presidencia de Javier Milei es la sustancialmente más opuesta a una equilibrada relación con China, por su exacerbada unión con la administración Trump. El mandatario argentino, en el marco de un draconiano ajuste fiscal determinado por la deuda contraído con el FMI por el presidente Macri, detuvo el avance de obras estratégicas como los reactores RA10 y CAREM, interrumpió la puesta en funcionamiento de la Planta Industrial de Agua Pesada y generó incertidumbre sobre la extensión de vida de Atucha I y sobre el contrato con China para Atucha III.

Esto fue ratificado en la afirmación del presidente argentino, tras el encuentro con la generala de EE.UU. Laura Richardson, jefa del Comando Sur, en Ushuaia en 2024, y es muy importante para este texto el lugar del encuentro a razón de su importancia geoestratégica por su cercanía con el continente antártico y las Islas Malvinas, donde se comprometió a frenar el avance del proyecto de Atucha III, así como el resto de las obras comprometidas con China tanto en el acuerdo de cooperación como en la Ruta de la Seda.

En la actualidad, el reactor Hualong One se encuentra en una situación de incertidumbre, sujeto a los acontecimientos políticos mundiales en el que el gobierno argentino decida su inserción.

Reflexiones finales.

El enfrentamiento entre Estados Unidos y China incide en las estrategias de adquisiciones de capacidades y/o desarrollo tecnológico del estado argentino. Asimismo, se repite un patrón histórico: la intervención de los EEUU en la política económica argentina ante un incipiente muestra de capacidad de crecimiento económico soberano a través de la vinculación con su oponente en el escenario global.

Argentina supo interpretar, mediante algunos gobiernos, los actores principales del sistema internacional, principalmente China, en el cual se asoció bajo el paragua de una política de desarrollo, en este caso nuclear, bajo la premisa de no confrontación con una potencia, del realismo periférico. Esta decisión soberana, puede, o podría en relación a la actualidad, coadyuvar al país a superar esa situación de periferia y mayo margen de autonomía.

Pero la administración actual toma un camino inverso, desencadenando nuevamente el ciclo histórico de marginación internacional.

Categorías: Ciencia y Tecnología

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