Desafío EE.UU.-China sobre la construcción naval: ¿nuevo golpe a las cadenas de valor globales? 

2 abril, 2025

Por Herta Manenti (*) para DangDai. Mientras Europa observa, crece el desafío naval entre EE.UU. y China junto a sus repercusiones globales.

El 24 y 26 de marzo de 2025 se llevó a cabo en Washington DC la audiencia pública convocada por la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR), en el marco de la investigación de la Sección 301 sobre las prácticas chinas en los sectores marítimo, logístico y de construcción naval. Lo que está en juego es significativo: si se implementan las medidas propuestas, los costes podrían ser elevados no solo para la economía estadounidense, sino para todo el sistema comercial global, con repercusiones también para la Unión Europea.

Lanzada en 2024 a solicitud de cinco sindicatos estadounidenses, incluidos United Steelworkers y el International Brotherhood of Boilermakers, la investigación calificó las políticas industriales chinas como “irrazonables” y perjudiciales para el comercio estadounidense. En particular, se critica el uso sistemático de subsidios estatales, el control gubernamental de las empresas y la aplicación de planes industriales a largo plazo. El resultado: Beijing controla hoy más de 50% de la producción naval mundial y 95% de los contenedores marítimos, una posición que, según Washington, crea dependencias críticas en las cadenas de suministro y reduce la resiliencia del comercio global.

En febrero de 2025, la USTR propuso:

•          Tarifas portuarias de hasta 1,5 millones de dólares por cada barco construido en China y 1 millón por cada escala de operadores vinculados a astilleros chinos;

•           Cuotas obligatorias para el transporte marítimo en barcos estadounidenses, con una progresión del 1% al 15% en ocho años, de los cuales al menos el 5% en buques construidos en EE.UU.;

•           Restricciones al uso de la plataforma china LOGINK, considerada vulnerable desde el punto de vista de la seguridad estratégica.

La audiencia reunió a más de 60 testigos, incluidos sindicatos, empresas, representantes del Congreso y observadores internacionales. Por un lado, los promotores del paquete normativo destacaron la necesidad de restablecer una base industrial soberana en EE.UU., denunciando los subsidios chinos como competencia desleal. La senadora Tammy Baldwin calificó las medidas como “cruciales para la seguridad nacional”.

Por otro lado, operadores de los sectores logístico, agrícola y manufacturero expresaron su preocupación. Seaboard Marine, por ejemplo, declaró que 16 de sus 24 barcos están construidos en China y que la imposición de tarifas podría comprometer la supervivencia de las flotas estadounidenses. El American Farm Bureau estimó una posible caída de 12% en las exportaciones agrícolas, con un impacto económico de hasta 65 mil millones de dólares. También el sector minorista alertó sobre el riesgo de aumentos en los precios al consumo y la posible desviación del tráfico hacia puertos canadienses y mexicanos.

A nivel internacional, la Cámara Internacional de la Navegación criticó las medidas por ser ineficaces para contener a China, proponiendo en su lugar incentivos directos para la construcción naval estadounidense. El CARICOM solicitó exenciones para los países del Caribe, altamente dependientes de flotas construidas en China para el abastecimiento de bienes esenciales.

Para Europa, lo que está en juego es doble. Por un lado, la Comisión Europea sigue de cerca los acontecimientos, consciente del riesgo de una nueva escalada proteccionista y del impacto en las exportaciones hacia Estados Unidos. Por otro, la cronología de esta ofensiva comercial se cruza con movimientos diplomáticos más amplios: mientras se intensifican las señales de una posible apertura de la UE hacia Pekín en temas estratégicos, Estados Unidos eleva su apuesta también en clave de negociación geopolítica.

La USTR aceptó comentarios escritos hasta el 2 de abril y actualmente evalúa la adopción definitiva del paquete de medidas. Fuentes cercanas a la Casa Blanca indican que la administración estaría preparando una orden ejecutiva para destinar los ingresos de las tarifas al relanzamiento del sector naval nacional.

Europa, aunque formalmente ajena a la disputa, pronto se verá obligada a tomar una posición. Porque si lo que está en juego es la soberanía industrial, Bruselas tampoco puede permitirse quedarse al margen.

(*) Sinóloga italiana. Investigadora del Ward Research Institute de Beijing sobre las Relaciones China-Europa.

Categorías: Economía

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