La mujer y la práctica del kung fu en la Escuela Shaolin Argentina
Enmarcado en una rígida tradición patriarcal, el kung fu va mutando su forma ante la presencia cada vez más numerosa, decidida y protagonista de las mujeres. Una de las cabezas del milenario Templo Shaolin, el monje Shi De Yang, otorgó el mismo status de maestro a los argentinos Daniel Vera y Yamila Melillo. Ambos dirigen en igualdad de condiciones la Escuela Shaolin Argentina, en el barrio de Almagro. Hablamos con Yamila y las profesoras de la escuela Laura Rodriguez y Silvina Lipovetzky sobre la importancia de la práctica de kung fu como recurso defensivo de las mujeres, su incidencia sobre diferentes aspectos de sus vidas y sobre la presencia de las mujeres en la historia de la disciplina.
– La Historia
Para revisar el lugar que ocupan las mujeres en la tradición shaolin, Yamila Melillo empieza por la historia. “Hasta ahora las mujeres no ha tenido protagoinismo en la tradición Shaolin, dice. Sin embargo, al revisar la historia, me sorprendió descubrir que desde muy temprano, sí hay monjas presentes. Se cuenta que la princesa Zhuanyun ya vivía según los principios del budismo antes de que Boddidharma o Da Mo, reconocido como el primer maestro de las artes marciales shaolin, llegara al templo en Shaolin, en el siglo VI d.C. Luego, entre los cuatro primeros discípulos que tuvo Boddidharma, estaba otra princesa, Ming Lian, miembro de la familia imperial, que sólo tenía 13 años. Como monja, se la considera la fundadora del templo Yongtai, construido en el lugar donde estaba la ermita de la monja Zhuanyun. Desde entonces, las monjas del templo Yongtai han entrenado el mismo kung fu que sus vecinos, los monjes del templo Shaolin, organizadas con la misma estructura jerárquica”.
Por otra parte, Yamila también menciona la leyenda de Ng Mui, una monja shaolin que creó en el siglo XVII la rama de kung fu wing chun.
Ante el relato histórico, Laura Rodriguez observa que “podría ser que se enfatice la presencia de la mujer en la tradición Shaolin por el tema de la mujer en la sociedad de hoy. La historia va cambiando desde el presente. María Magdalena era un personaje muy secundario en los evangelios, pero cuando la mujer empezó a ocupar otro lugar en el siglo XX, empezó a aparecer con un rol importante.”
La mujer se hace lugar
Yamila Melillo concluye que “de una u otra manera, lo cierto es que las artes marciales tienen un fuerte sesgo masculino” y da testimonio desde su hitoria personal. “Mi ingreso y mi recorrido dentro del kung fu fue un camino arduo. Recién en el II Festival Latinoamericano de Wushu Shaolin, que se llevó a cabo el año pasado, sentí que se había hecho un reconocimiento pleno del desempeño de las mujeres que igualara al de los hombres. Escuché a muchos hombres felicitar a las mujeres, exclamando ‘¡pero qué bien!’ casi como si se sorprendieran, o expresando asombro a modo de felicitación. La primera vez que vino el monje shaolin Shi De Yang, nos dijo al director de la Escuela Quanfaguan, Daniel Vera y a mí, la codirectora, que nos tomaría examen a los dos para admitirnos como sus discípulos. Yo esperaba que le tomara examen al director y que luego éste me tomara a mí, me sorprendió mucho que el nos igualara. Con el tiempo observé que él no sólo no discrimina a las mujer, sino que promueve su presencia en el kung fu y las demás disciplinas shaolin. Por otro lado, también noté que en el ámbito del shaolin se prevén roles ligeramente diferentes para hombres y mujeres. Los hombres están en los grandes asuntos, la gran aparición, el protocolo, y las mujeres en la solución de las cosas, en lo diligente, viabilizando todo, mientras los hombres están como allá arriba. Esto viene del mundo tradicional, en el que los roles están muy marcados, pero las cosas cambian.
En 2011 Yamila Melillo y la uruguaya Marina Miguez fueron admitidas como las primeras latinoamericanas en el linaje de maestros shaolin, como parte de la 32ª generación.
“Al principio yo sentía que daba clases en condición de ‘la esposa del Maestro’, no como la Maestra que ya era. Sentía cierta inseguridad al darle clase a los hombres”, dice Yamila.
Por su parte, Laura aporta que “como instructora, sentía que si no tiraba la mejor patada voladora, no tenía autoridad. Como mujeres, tenemos que mostrar más. habilidad, demostrar saber hacerlo bien.
¿Un deporte mixto?
En la Escuela Qunagfaguang Shaolin Argentina la proporción de hombres y mujeres es pareja, lo que la configura fuera del promedio, dominado por varones.
Laura relata que “elegí empezar a hacer kung fu en esta escuela, porque como había tantas mujeres como hombres, la actividad no era violenta, no estaba basada en la fuerza masculina. Noté que había un nivel avanzado, pero desarrollado más a partir de la armonía. De hecho, las más avanzadas eran mujeres. Yo tenía fantasías de que debería enfretarme a entrenamientos y luchas brutales, pero no fue lo que encontré. Podemos practicar kung fu siendo ajenas al deseo y el goce del combate”.
El lugar de la mujer en el kung fu pareciera involucrar cierta filosofía de este arete marcial. “La lucha inherente al kung fu puede ser medida, dice Laura. Esto es para hombres y mujeres. Se puede controlar la agresividad y educar el centro de la persona. Los combates no son entre hombres por un lado, y entre mujeres, por otro. Son en ronda, todos contra todos, y ahí es donde se da el control. No vas a matar al otro. La práctica no está enfocada en el combate”.
Yamila acota que “hay escuelas que sí tienen el combate como eje de su práctica, y hasta ahora sus alumnos han sido mucho más varones que mujeres. Sin embargo, observo que cada vez hay más chicas. Quizás haya algo generacional en todo eso”.
Concluye, asimismo, que “cuando te metés en la práctica, las diferencias entre hombres y mujeres se borran porque siempre el desafío es con uno mismo”.
El recurso de la defensa
Un tema recurrente es la práctica de las artes marciales como recurso defensivo ante ataques físicos. “El kung fu me ayudó mucho cuando fui tomando consciencia de que tenía una herramienta de defensa en mi propio cuerpo, relata Yamila. Era muy joven y fui a México, y allí vi que había muchas advertencias de que las mujeres no anduvieran sola, no anduvieran de noche porque podían ser violadas, atacadas. Me enfurecía esa diferencia. No soportaba que, por ser mujer, una estuviera condenada a no poder hacer lo que quería. Al tiempo de empezar a practicar kung fu había encontrado un modo de hacerme cargo de esa situación. Ante un escenario de indefensión, yo estaba calma”.
Silvina Lipovetzky precisa que “el kung fu me ha hecho más atenta. Me da herramientas para defenderme, pero antes que eso, me arma de atención para distinguir situaciones amenazantes y no entrar en ellas. En definitiva, me dio un conocimiento sobre mí misma que no tenía. Hice psicoanálisis durante muchos años y practicando kung fu entendí que eran dos formas de conocerse. El kung fu era una forma de conocerse tomando consciencia del cuerpo”.
Agrega que “incorporar la práctica corporal del kung fu me influye mucho en la manera en que me desenvuelvo en las situaciones difíciles. Las encaro sin opción de desviarme, de dudar en hacerlo o no ni de retroceder. Simplemente, voy hacia adelante. Esto tiene mucha incidencia en mi vida laboral (soy abogada). Me manejo con mucho respeto, soy más respetada y así avanzó siempre. Pienso que esto tiene que ver con la confianza que he ganado, y eso también es porque siento mi cuerpo más fuerte”.
Yamila habla desde el sentido común: “cualquier mujer debe cruzar de vereda cuando delante ve unos muchachos que sabe que la van a molestar de alguna manera. El kung fu te da aplomo. Los demás notan la seguridad que tenés en vos misma. Eso se consigue operando sobre el centro de nuestra energía. Los chinos le dicen tan tien, los japoneses hara. El kung fu trabaja con ese centro como base de todos sus movimientos. Las acciones del kung fu nacen impulsadas desde ese centro, y cuando alguien practica, va incorporando esa estrategia, hasta que la hace automáticamente, en todos los órdenes de su vida. Y cuando estás afirmada en tu centro, se te nota, y entonces, ante una situación como la de los muchachos en la vereda, no sos una hojita temblando”.
Silvina coincide: “Cuando estás basada en tu centro de energía, estás más lúcida, pensás más claramente, tu cuerpo está listo para hacer cualquier movimiento y estás en equilibrio”.
Laura agrega que “si una mujer va distraída, es vulnerable, pero si va aguerrida no va a animarse a atacar. El kung fu desarrolla el estado de atención. En la película El Tigre y el Dragón la maestra quiere sacarle la ficha a una jovencita. Disimuladamente dejar caer una taza al piso, la chica reacciona como un flash y la ataja, y entonces la veterana sabe que la chica es una guerrera”.
Apelando a su historia perosnal, Laura cuenta que “a mí el kung fu me dio el ‘puedo’. Cuando empecé me la pasaba quejándome, me enojaba porque tenía que entrenar, porque no podía faltar, porque me daban órdenes, todo el tiempo estaba fastidiada, preguntándome ¿por qué tengo que hacer esto? ¿Por qué me toca justo a mí? Pero no había muchos miramientos ni concesiones a mi actitud de nenita, y con el tiempo se me fue imponiendo la idea de que sí podía hacerlo. Eso me fue alentando. Cada vez más y entonces empecé a hacerlo por el placer de haber vencido mi resistencia sin razón. Se me fue haciendo acto reflejo. Es un poco como los chinos hacen las cosas, ‘podés o podés’, y es así como integrás la idiosincrasia china a través de la práctica de un arte marcial”.
Cuando le preguntamos cuál fue la estrategia del kung fu para que superara su fastidio, Laura explicaz que “me resultó muy importante la disciplina. Suena medio feo, a mí me sonaba horrible pensar en ‘disciplina’ porque se me venía a la cabeza la idea de algo militar, duro, de obediencia ciega, anulación del individuo… pero en la práctica fui aprendiendo que no es posible conseguir un gran logro sin practicar lo necesario, respetar las reglas que aceptaste y mucha concentración en lo que hacés. La disciplina no me llegó desde el autoritarismo o el castigo, todo eso, sino por el ejemplo y por el respeto. Me llegó mirando lo que hacían mis compañeros y a través del respeto que me causaba lo que hacían. Me fui convenciendo de que a través de la disciplina yo me daba orden, le daba valor a las cosas, ganaba persistencia y me permitía concentrarme.”
El kung fu y el cuerpo de mujer
Yamila sostiene que “las mujeres encuentran en el kung fu una mejor relación con su cuerpo, en una época de mucho sedentarismo. Vivimos en una cultura que deforma los cuerpos de las mujeres, los debilita.”
Silvina relata que “a mí me ayudó en el segundo parto. Soporté mejor el dolor, me controlé más para calmarme, y tuve una mejor recuperación”.
En tanto, Laura dice que “soy profesora de matemáticas. A los 30 me mataban los nudos en el cuello. Estaba tensa todo el tiempo, tenía los músculos agarrotados, pero no tenía consciencia de mi cuerpo. La práctica del kung fu me dio flexibilidad y fuerza y me hizo tomar consciencia de la tensión y la contractura con la que vivía”.
También observa que “otra cosa que me dio el kung fu fue una mayor fluidez en la expresividad. Saco todo afuera, no se me bloquea la energía”, con lo que coincide Yamila: “yo me comí las uñas toda mi vida, hasta que empecé kung fu. Canalizás la agresividad”.
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