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2019: la luna y el cerdo

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Por Maria Francesca Staiano (*)

El 2019 ha empezado con la noticia del aterrizaje de la sonda china Chang’E-4 en el lado oscuro de la Luna. La luna siempre ha inspirado la vida y la cultura china.(Yuè) en el pictograma original sugería dos fases de una luna nueva creciente: inclinándolo y luego dirigiéndolo hacia la Tierra, se deriva la exposición del hombre a la influencia de la radiación del rayo lunar, con efectos trascendentales en su vida (Tan Huay Peng).De hecho, en las tradiciones chinas, la luna tiene una importancia fundamental, sobre todo las fiestas: no sólo los cumpleaños, sino el nuevo año, la fiesta más importante en la cultura china.

El 5 de febrero se inaugura el nuevo año chino, en el así llamado Festival de la Primavera (, Chūnjié). El año chino sigue el calendario lunar, así que cada año cambia su fecha. Este año será el año del cerdo (zhū), el signo que representa la familia, el amor, la unión y la armonía familiar, también la casa debido a su origen: de hecho, el ideograma antiguo que representaba al cerdo (Shǐ), unido con el techo (), representa la familia, la casa (jiā) porque en la tradición agrícola china, el cerdo era el animal que aseguraba a cada familia la posibilidad de alimentarse y, una vez domesticado, se le permitía la libertad de vagar por la casa. El cerdo doméstico bien podría simbolizar la prosperidad de un hombre, tan estrechamente unidos y atados eran sus vidas. Esta interdependencia probablemente dio lugar al proverbial dicho "el maestro de escuela no debe dejar sus libros, ni el pobre su cerdo" (Tan Huay Peng).

Sin embargo, tal vez estos símbolos tradicionales han sido usados en clave crítica por artistas chinos. Un caso de estos es representado por la obra del reconocido Xu Bing, que en clave de arte conceptual deconstruye totalmente la lógica de los ideogramas chinos, inventándolos y escribiéndolos a través de sellos sobre cerdos en la célebre y muy debatida obra A case study of transference. La instalación ha sido recién expuesta en la Galería UCCA del distrito artístico 798 de Beijing, junto con otras obras vanguardistas de Xu, como El libro del Cielo (Tian shu ) y Phoenix en la muestra Thought and Method que he tenido el honor de poder visitar en julio de 2018.

Volviendo a nuestro interés hacia la críitica artística en clave conceptual, los cerdos, uno con pictogramas inventados en chino y el otro con sellos de palabras en inglés no-sense, en esta obra representan una versión satírica de la colisión entre oriente y occidente. Acá también la escritura se convierte en un mensaje de universalidad de la común incomprensibilidad de la vida, más allá de las diferencias, así como marcado también por “El libro del Cielo”. Entonces, la así llamada “chinidad”, así como la “occidentalidad”, sería un límite en vez de una característica, frente a la universalidad del hombre y de su misión desconocida.

De esta misma opinión era Liu Xiaobo, intelectual y poeta, que falleció en el 2017 después de muchos años de cárcel. Una personalidad “incómoda”, quizás instrumentalizada por Occidente en su crítica constante hacia el sistema político chino, enfatizando su disidencia en vez de su pensamiento. Con respecto a esta breve opinión, lo que nos interesa es la “Filosofía del cerdo” teorizada Liu en su tesis de doctorado en la Universidad Normal de Beijing con el título de “Estética y libertad del hombre” del 1988, que le hizo obtener el trabajo como Profesor por su gran valor científico y originalidad. En su teoría, Liu critica duramente la tradición china, el Confucianismo y la ideología comunista en su característica esencial de favorecer el bien común frente al individuo, que a los occidentales en cambio le fascina mucho frente a nuestro individualismo exasperado. Tampoco la nueva era de “reforma y apertura” inaugurada por Deng Xiaoping –que en diciembre de 2018 cumpliera 40 años con resultados muy positivos hacia la erradicación de la pobreza extrema- ha sido positiva en la opinión de Liu: darle prioridad al bienestar exclusivamente económico no favorecería al hombre, sino lo transformaría en un “cerdo”, es decir, satisfacer las prioridades básicas sólo en clave económica, sin una atención integral a las aspiraciones humanas más altas no significa –para el autor- “desarrollo humano”, sino involución a cerdo, animal. Como vimos en el proverbio tradicional chino: los libros son los compañeros de los maestros, mientras que los cerdos lo son de los pobres. El hombre sólo tiene como método para ser libre la experiencia de vivir la belleza. Esta la conclusión del autor.

Este 2019 se prevé como un año lleno de aniversarios especiales para China: entre estos, los más relevantes y antitéticos son los 70 años de la República (1° de octubre 1949) y los 30 años de las manifestaciones de Plaza Tian’anmen (abril-junio 1989). Dos revoluciones, una constitutiva de la República, la que tuvo el discurso ideológico fundacional de la República Popular, y la otra, una manifestación crítica que intentó transformarla.

El discurso fundacional se refiere a la revolución comunista que llevó a la Fundación de la RPC, mientras que con crítica, me refiero a las manifestaciones de Tian'anmen

Las celebraciones del nuevo año chino, entonces, se configuran para “cerdos que miran la luna”: interpretable en clave tradicional o crítica, según nuestro espíritu. Que la belleza de la luna nos inspire a todos hacia aquel modelo de altura intelectual capaz de transformar la estéril modernización económica en un desarrollo humano de más alto nivel. Este es el augurio global para 2019.

(*) Coordinadora del Centro de Estudios Chinos del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata (IRI-UNLP)

 

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