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Nicolás Bierti del Rey, Ingeniero en tierra de ingenieros

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Con 19 años, flaco, muy blanco, con los pelos un poco revueltos y los ojos de recién levantado, Nicolás Bierti del Rey llegó desde el otro lado del mundo, la provincia de Salta. Saltaba del norte de Argentina al norte de China. Iba a estudiar chino, pero su adaptación fue sobre rieles y lo condujo a hacer la carrera de ingeniería y luego a cursar un postgrado en la prestigiosa Universidad de Tongji, donde ha trabajado en innovativos experimentos de articulación de acero y madera en la construcción.

- En varias ciudades de China funciona la Asociación de Argentinos en China (ADEACH), que brinda beneficios mutuos, representa muy bien a la nuestro país y va camino a sumar 200 miembros. Presentamos en esta nota el caso de Nicolás Bierti del Rey, uno de los socios.

Llegó a Changchun cuando tenía 19 años. En la larga historia de China, Changchun, capital de la provincia de Jilin, muy cerca de Corea del Norte, también es joven. Hace dos siglos era una villa junto a un río ancho.

En 2010, con 19 años, flaco, muy blanco, con los pelos un poco revueltos y los ojos de recién levantado, Nicolás Bierti del Rey llegó desde el otro lado del mundo, la provincia de Salta. Saltaba del norte de Argentina al norte de China.

Cuando era un estudiante de Ingeniería Civil se inscribió “por curiosidad en un curso de idioma chino. Me resultó divertido, casi terapéutico, estudiaba sin presión”.

Luego de seis meses, se enteró de que podía presentarse a becas del gobierno chino para ir a estudiar allá. Sintió urgencia por lanzarse al otro lado del mundo. Cuando apareció la oportunidad de una beca, la capturó. “Me fui sin pensarlo. Muchos me decían que era una locura. Yo calculaba que si iba y no me gustaba, podía volverme tranquilamente. Había mucho por ganar y nada por perder”.

En agosto de 2010 llegó a Changchun para hacer un curso intensivo de idioma. “La verdad es que el cambio repentino de vida no me sentó mal. Sólo dos hablábamos español en todo el campus universitario, pero no me costó acostumbrarme. Era tanto lo que tenía que aprender que me resultaba imposible aburrirme. Aprender el idioma, pero también aprender a convivir con gente de diferentes culturas, religiones, con vidas muy diferentes a la mía. En ese momento aún no había smartphones. La comunicación no era tan fácil como ahora, especialmente si no manejabas el idioma, pero con mucha maña, muchas ganas y mucha curiosidad, con el pasar del tiempo todo se hizo más fácil”.

¿Cuán fácil se le hizo la comunicación a aquel flaquito argentino, rockero en un país en donde la gente no conoce AC/DC, Linking Park ni Oasis? Lo suficiente como para que después de un año de estudiar el idioma local fuera capaz de ingresar a la Universidad de Ingenieria de Harbin, en la provincia de Heilongjiang.

Lo suficientemente fácil para estar allí instalado estudiando Ingeniería Civil, en lugar de haberse vuelto a Salta. Pasó de estudiar el idioma a estudiar ingeniería, en un país donde la ingeniería parece ser el verdadero corazón del funcionamiento de la nación. En China ha habido más mandatarios ingenieros que abogados. Las obras de ingeniería cubren el territorio como milagros de la Humanidad y se están expandiendo a muchos países. Allí, donde sólo uno de cada cientos de chicos puede llegar a estudiar ingeniería, ocupaba un banco el salteño Nicolás Bierti del Rey.

El camino que siguió le fue regalando desafíos mayores. “Durante la carrera de ingeniería civil en Harbin, lo más difícil no fueron los contenidos o la presión de estudio, sino el estar lejos y solo”. Nicolás enfrentó el momento estableciendo “amistades fuertes, que aún conservo. Formé una banda de música (toco la batería desde chico) y eso fue como un cable a tierra”. ¡No era fácil para sus antiguos compañeros que quedaron en Salta imaginarlo tocando en casamientos, fiestas y bares en China! Sin embargo, eso fue parte de su vida por tres años y medio. “Convivir con la banda mejoró mi nivel de idioma chino; aprendí cosas que no están en los libros. Fue un tiempo en que hice muchos amigos chinos. Encontré una zona de confort muy lejos de casa”.

“Mi carrera fue un reto. Fue en chino. Pero con mucha voluntad se puede”, sintetiza en dos líneas el ingeniero. Con mucha voluntad se graduó. No es larga la lista de argentinos graduados como ingenieros en China.

Ya terminando, “en los meses previos a rendir mi tesis, comencé a pensar cómo seguiría mi vida. ¿Volvería a Argentina? ¿Me quedaría en China? Durante los cuatro años de la carrera escuché reiteradamente que mis profesores y compañeros nombraban a las universidades de Tongji, en Shanghai, y Qinghua, en Beijing, las más importantes en investigación relacionada con el campo de la ingeniería civil. Averigüé cómo sería entrar, me contacté directamente, seguí los procedimientos y terminé obteniendo becas en ambas para seguir una maestría. Opté por la Universidad de Tongji”.

En Shanghai Nicolás se halló en un mundo diferente “La rapidez del ritmo de vida se multiplicaba y la vida era más cómoda, había acceso a todo. Ahí sentís ritmo el avance y el desarrollo de China. Había llegado a Changchun no muchos años antes con la dirección de la universidad impresa en un papelito para mostrarle a un taxista y ahora ya pagaba todas mis compras con el teléfono celular mientras hablaba por WeChat con mi mamá”.

En la Universidad de Tongji, Nicolás se concentró más en el estudio, rodeado de buen acceso a bibliotecas internacionales, posibilidades de intercambio con muchas universidades y profesores de un excelente nivel. “Después de casi seis años en China, manejándome con la independencia de un estudiante de posgrado, me permití dar clases de matemáticas, de física, hacer traducciones y visitas guiadas a ferias o fabricas y… seguir con la música que es parte de mi vida”.

La profesora Minjuan He tomó al argentino como discípulo y “trabajé en experimentos de articulación de acero y madera. Luego de meses de diseñar ensayos y llevarlos a cabo, fueron un éxito y posiblemente sean publicados en una conferencia sobre ingeniería estructural en el MIT (Massachussetts Insdtitute of Techonology)”.

Cuando publique la tesis, La Universidad de Tongji ya no será el hogar de Nicolás. ¿Qué hará de su vida? “Me gustaría aportar en el área de la construcción, entre Argentina y China. El boom de la construcción de China ya se instaló en África e inevitablemente se moverá a América Latina. Tiene mucho que aportar en tecnología e innovación y es crítico que el gobierno argentino sea inteligente en lo que decida para el futuro”.

Nota publicada en la Revista Dang Dai Nº22

 

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