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Hace unos días se presentó en el Centro Cultural Paco Urondo de la Universidad de Buenos Aires, donde funciona su Laboratorio de Idiomas, el programa de becas 2018 para ir a estudiar a China, organizado por la Embajada de la República Popular China y la Asociación de Ex Becarios Argentina China (ver aquí). En esa oportunidadad, la coordinadora de Chino Mandarín del Laboratorio, Stella Maris Gómez, expuso sobre las actividades docentes de la UBA en la materia y sobre su propia experiencia en el aprendizaje del idioma durante su estadía en Tongling. En Leer más, su discurso.

 

-LA IMPORTANCIA DE ESTUDIAR CHINO

Por Stella Maris Gómez (*)

El Laboratorio de idiomas de la UBA inauguró el departamento de chino en enero de 2012, con un curso de verano en el que se inscribieron alrededor de diez personas. El primer cuatrimestre de ese año, ofrecimos 2 cursos de nivel 1, uno por la mañana y otro por la noche. Los dos llegaron a tener 12 inscriptos. Hoy en día nuestro departamento cuenta con 9 niveles de idioma y cerca de 90 estudiantes.

Debido a que nuestro Laboratorio de idiomas pertenece a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, muchos de nuestros estudiantes vienen de carreras que se dictan en esa Facultad (Letras, Filosofía, Historia) y por lo tanto su afinidad e interés por el idioma chino está directamente vinculado a los contenidos de sus carreras. Algunos son conocedores de la filosofía china, otros quieren profundizar en la literatura de ese país, otros son amantes de los idiomas, y atraídos por la extrañeza de la escritura, quieren saber de qué se trata aprender este idioma.

También recibimos a estudiantes que no son de la Facultad y se han conectado con el idioma por otras vías: son practicantes de tai qi chuan o de yoga, o se sienten atraídos por algún aspecto de la filosofía china como forma de vida, por ejemplo, el budismo.

Finalmente, están los que se acercan a estudiar chino para lograr una aplicación inmediata porque están relacionados laboralmente con China, o desean estarlo.

Es decir, la gente se acerca a nuestra casa de estudios por cuestiones muy variadas, más allá de lo meramente lingüístico: la literatura, la filosofía, prácticas de meditación, artes marciales, artes plásticas, el trabajo. En todos los casos, lo que realmente cuenta para poder avanzar en el aprendizaje es que el interés sea genuino. Cuando es así, y cuando nuestros estudiantes logran enamorarse del idioma, entonces, más allá de las dificultades aparentes y/o reales que implique su estudio (digo aparentes porque hay muchos mitos en torno a las dificultades que supone estudiar chino), vale la pena ir poco a poco planteándose metas más desafiantes y comprometidas. Metas que impliquen un mayor compromiso y conlleven un mayor y mejor aprendizaje. Una de las opciones que promete los mejores resultados es el aprendizaje de idiomas en inmersión, ir al país de la lengua meta, en nuestro caso, ir a China y sumergirse día a día en la vivencia de la lengua, de la cultura, de la vida cotidiana. Más allá de las frustraciones que esto pueda suponer, por lo emocional y por la dificultad en la comunicación, una vez que se asimila que esas dificultades son parte del aprendizaje, se puede seguir avanzando, sortear los escollos y tomarlos como parte del camino.

Para ilustrar lo que estoy diciendo les quería contar que la primera vez que estuve en China no hablaba ni una palabra de chino. En aquel momento decidí ir a vivir a Tongling, una pequeña ciudad en la provincia de Anhui (pequeña para las dimensiones chinas, claro está: Tongling tiene una población de 740.500 habitantes) para enseñar español en la universidad, a los estudiantes del interpretariado de inglés. Ellos no hablaban español, pero sí inglés. Con lo cual en el ámbito de la universidad, no tenía problemas para comunicarme. Los problemas surgían, paradójicamente, cuando salía de la universidad y quería hacer las cosas más sencillas: ir a comprar comida (que por otro lado es muy diferente a la que comemos nosotros), preguntar una dirección, tomar un taxi, tomar un café (pero primero tenía que ubicar el lugar específico donde sirvieran café), etc.

Solo voy a decir que al principio fue tal el shock que viví por no poder comunicarme y valerme por mí misma en la vida cotidiana, que al poco tiempo de llegar estuve casi una semana encerrada en casa, sin querer hablar con nadie por la frustración que me generaba toda la situación.

Antes de ir a China, me habían dicho que aprender chino era imposible, que ni lo intentara, que me comunicara con el inglés y con eso sería suficiente. Hoy me avergüenza reconocer que al principio no tenía ninguna intención de aprender chino. Sin embargo, me gustaba tanto estar allá, en mi “Macondo” china, como me gustaba llamar a Tongling, que por varios motivos, me empezó a parecer un desperdicio negarme la oportunidad de aprender esta lengua, ganar autonomía y conocer más a las personas que me acompañaban día a día. Mi camino hacia el idioma chino nació de la mano de la gente que conocí viviendo y trabajando en Tongling, que hizo de mi estadía, a pesar de las innumerables dificultades que me surgían, una temporada cálida que siempre recuerdo con mucho cariño. Mi motivación por el aprendizaje del idioma chino nació como consecuencia de mi convivencia con él.

Cuando volví a Argentina decidí que seguiría aprendiendo. Y luego volví allá en varias oportunidades para seguir nutriendo mi conocimiento.

El motivo por el cual cuento mi experiencia es para ilustrar que, sea cual sea el camino que se haya transitado para llegar a tomar la decisión de estudiar chino, pasar una temporada en China, más allá de lo que proponen los libros y las aulas, siempre es una excelente opción para avanzar.

Por otro lado, como todos sabemos y como lo atestigua el crecimiento en tan poco tiempo de nuestro Departamento, el chino es un idioma en expansión. El principal motivo para eso está dado por el lugar que ocupa China en la economía mundial. La apertura económica de China al mundo desde los años 80 es sin duda el factor desencadenante del gran interés por aprender mandarín y ha convertido a este país en un destino laboral al que muchos aspiran. Entre otras importantes consecuencias de este crecimiento, se produjo la apertura de los Institutos Confucio alrededor de todo el mundo a partir del año 2004. Actualmente existen 282 Institutos Confucio y 242 Aulas Confucio en todo el mundo. En Argentina existen 2, uno en Buenos Aires y otro en La Plata. En nuestro país, como en casi todo el mundo, el número de estudiantes de chino, que busca insertarse laboralmente en China o que quieren vincularse con ella desde nuestro país, sigue en aumento.

Considero que si bien las posibilidades de encontrar trabajo no son, ni deben ser, la única motivación para elegir un idioma, en lo que concierne al idioma chino, la posibilidad de inserción laboral es una de las razones por la que muchos se interesan en él. Las instituciones en las que se enseña chino debemos tener en cuenta esta realidad y actuar en pos de atender esos intereses.

Hoy en día, la gran demanda y el creciente interés por aprender chino requieren más profesionales avocados a la tarea de enseñarlo, y por lo tanto, más preparación académica para afrontar el trabajo. Es cierto que aún contamos con muchas dificultades en nuestro ámbito (falta de un centro de formación docente en nuestro país, falta de materiales de aprendizaje actualizados y adaptados a hispanoparlantes), pero el trabajo se está haciendo y estamos en pleno crecimiento.

Con respecto a esto, me parece pertinente mencionar que en China existen cada vez más profesionales preparados para la enseñanza de chino mandarín como una lengua extranjera. Para lograr mejores resultados en estudiantes ajenos a las prácticas de estudio y formas de enseñanza en China, los profesores han entendido la importancia de nutrirse de metodología y prácticas de enseñanza que difieren de las usadas en China para los chinos.

Por todo lo antes dicho, la oferta de becas para estudiar chino que año a año hace el gobierno chino en nuestro país, es de gran importancia. Es el complemento perfecto para todos aquellos que hayan comprendido que el estudio de un idioma es un compromiso que va más allá de las horas de clase, más allá de la propuesta de un libro.

No soy de las que piensan que solamente se puede aprender un idioma estando en el país que le da origen. Conozco a muchas personas que hablan idiomas extranjeros sin haber estado nunca en ese país. Estando en China, conocí a varios estudiantes de español que me sorprendieron por la claridad en su dicción y la amplitud de su vocabulario. Nunca habían salido de China, si bien planeaban hacerlo. Sin embargo, lo que sí es cierto es que la vivencia, la convivencia, el encuentro con la otra cultura, es lo que posibilita el conocimiento más amplio y verdadero. Un conocimiento que siempre va más allá del idioma. Porque el idioma no es otra cosa que una de las tantas manifestaciones de la cultura. Dominarlo es encontrar el picaporte que abre la puerta por la que podemos empezar a asomarnos al encuentro de ese otro. Y vivir en el país, hace que ese asomarse pueda adquirir diferentes matices y que las sombras vayan adquiriendo color.

Ir a estudiar a China favorece también, siempre que uno esté abierto a esta posibilidad, empezar a dejar de lado los prejuicios y encontrarse cara a cara con el otro. Entonces, ya será más difícil, comenzar una frase diciendo: “Sabés que todos los chinos….”, porque ese “todos los chinos” no existe. Y con suerte, también será casi imposible contestar una pregunta que comience, “ Vos que fuiste a China, es verdad que los chinos….?”, porque uno conoció allá a tantas personas, tan diferentes, que el título “los chinos” muchas veces no se ajusta a nuestra vivencia.

Pensando en todas estas cosas, que van mucho más allá del aprendizaje del idioma, pero que no le son ajenas, es que quiero agradecer a los representantes de la Embajada de la República Popular China, por elegir nuestra casa para hacer la presentación formal de la convocatoria a las becas de estudio de mandarín. Es un gran honor para nosotros. Estoy segura de que muchos de nuestros estudiantes querrán aprovechar la oportunidad que se les brinda.

(*) Coordinadora de Chino Mandarín en el Laboratorio de Idiomas de la UBA.

 

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