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Mabel Dai Chee Chang: “El movimiento de un cuerpo es su identidad”

Cultura

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Le tengo rabia al silencio

Por todo lo que perdí,

Que no se quede callado

Quien quiera vivir feliz

Atahualpa Yupanqui 

Por Mónica Cofré

Daniel Dai Chee Chang conoció a Gloria Winiger en el mercado de San Telmo, cuando ambos tenían 19 años y él había desembarcado en Argentina siguiendo las huellas de su padre desde Cantón, China. Tuvieron hijos, tres mujeres y un varón. La segunda de las hijas es la coreógrafa, bailarina y maestra Mabel Dai Chee Chang.  Su arte es simbiótico, como sus genes: una mezcla de Oriente y Occidente, con rasgos y elementos en estado puro de ambas culturas. Lo primitivo emerge cuando Mabel urga, busca en las profundidades de la tierra: de aquella, la de su padre, y de ésta, la de su madre y su hija.

 

Para quienes se expresan con el cuerpo, hablar a través de las palabras, contar parte de la historia personal, las decisiones, el surgimiento de sus creaciones, resulta una tarea difícil, algo así como traducir a otro idioma su propio idioma. Sin embargo, tiene el sabor de los desafíos: para quien habla, para quien escucha, para quien lee. Es una invitación a un viaje a lo desconocido.

Una atmósfera y música azulinas, oníricas, envuelven formas que se mueven sobre el escenario. Varas unidas del árbol Kiri (originario de China) van mutando desde abanicos gigantes, alas flotantes de insectos que saltan, caminan y se contorsionan con sus patas muy largas, con caparazones y pieles que se enrollan y desenrollan a juncos y paredes que se balancean como olas como hojas. Sujetos, objetos de texturas flexibles se mueven al ritmo de la naturaleza en un tiempo asimétrico, momentos frenéticos, agitados y momentos lentos y cadenciosos. En Como el agua que fluye (2011), su obra que reconoce como “más china”, el componente chino “surge espontáneo, son los genes, no es que me lo propongo”, dice; fluye.

De su padre de origen cantonés, recuerda que hablaba muy poco, en parte porque hablaba poco español, y además, porque “estaba todo el tiempo fuera de casa, de trabajo en trabajo, rebuscándoselas para llevar plata a casa. Demostraba su cariño a su manera, era cero autoritario”.

Cuando le pregunto por qué eligió la danza como expresión, se sorprende y me responde enfáticamente: “¡Nooo, la danza me eligió a mí! Empecé de chica, a los 14 años dejé la escuela y me anoté en danzas y en bellas artes, hacía las dos cosas. Recuerdo que tenía el apoyo de la mamá de una amiga que era psicóloga y nos guiaba y estimulaba para que bailáramos”.

“Tenía mucho para decir, pero el canal del habla no estaba abierto, entonces conectaba mucho con el cuerpo…sentía placer al bailar, como que me curaba. Me limpiaba, sentía que después estaba colocada como cuando hago yoga, o cuando te hacen un masaje. Entrás en otro estado y siempre esa fue mi búsqueda.Y después la búsqueda estética en relación a que me gusta dirigir, mirar, y ver qué, por qué, en qué zona, eso me vale como un talento pero lo desarrollé con muchos años de trabajo para observar y decir cuál es el punto, cómo eso se puede transformar en algo”.

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Bailarina, coreógrafa y docente, egresada del Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín, reconoce en Ana Itelman (destacada bailarina y precursora coreógrafa) como a su maestra por excelencia. El cierre de la escuela del San Martín desató su primer espectáculo: Recortes. “Me puse a crear. Estuvo buenísimo y así empecé porque yo quería participar en los grupos de arte. Primero quería ser parte no se me ocurrió dirigir pero como no conocía a nadie y no me iba a quedar llorando… intenté yo”. Mabel Dai Chee Chang tenía 21 años y recibió muy buena crítica.

Después, salieron de su sombrero otras creaciones artísticas que exorcizó en distintos escenarios argentinos y de otros países. Su recorrido y formación heterogénea la llevaron por diversas técnicas corporales como yoga, tai chi chuan, eutonía, contact improvisación y actuación. Estudió actuación con el actor, director de teatro y docente Carlos Gandolfo. En 1982 comenzó a presentar sus coreografías, por las cuales obtuvo premios y reconocimientos a nivel mundial.

“Desde mi mirada y en mi trabajo, la danza no tiene que ver con pasos pre-establecidos o técnicas a las que se accede a través del pensamiento: el cuerpo, todos los cuerpos, naturalmente danzan, vibran, gritan, y de este modo existen. El movimiento de un cuerpo es su identidad”, asegura.

En 1990 formó el grupo de experimentación escénica Árnica danza-teatro, integrado por actores, bailarines y músicos. Se presentaron en Argentina y en varios países. A partir de una beca se perfeccionó en Holanda y en la India.

“(…) Ando por este valle hermoso, buscando huellas del olvido, huellas que no se han de perder porque las han pisado los indios”, recita a modo de baguala, las Coplas anónimas de Tucumán de la cantante, compositora y poeta, Leda Balladares. Un poncho y un sombrero, son los dos elementos con los que juega creando un clima denso, caliente, de letanía, lejano y cercano a la vez, desolado, desértico. De sus entrañas sale una voz, rugosa, gutural y grita: “Le tengo rabia al silencio, por todo lo que perdí, que no se quede callado, quien quiera vivir feliz”, Atahualpa se hace presente sobre el escenario que respira, late en rojo. Vientos rojos, una obra unipersonal en la que pinta y es parte de un paisaje identitario de la Latinoamérica en ebullición que se desgrana, desangra inspirada también por Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano.

Uno de sus recuerdos más alegres es la presentación de su obra De los huesos de pájaro en Chinatown de Nueva York. Invitada por la National Performance Network, fue una experiencia que incluyó una excelente crítica en The New York Times. Mabel sueña con viajar físicamente a China, la tierra de su padre, donde ya ha viajado con el alma; quiere bailar, hablar con el cuerpo, mezclarse con el pueblo chino y su cultura. Mientras tanto desde Merlo, San Luis, sigue quebrando silencios, llevando su trabajo a la mayor cantidad de lugares posibles, creando espacios, en contacto con la naturaleza y su naturaleza argenchina.

 

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