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Críticas en el Senado: "nueva dependencia", extractivismo y falta de transparencia

America Latina

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Se realizó ayer en el Senado de la Nación un debate sobre el rol de China en América Latina, organizado por la Comisión de Ambiente de la cámara alta. Los oradores, Alberto Acosta, de Ecuador, Ulrich Brand, de Alemania, y Maristella Svampa y Carlos Leyba, de Argentina, con presentación del senador Fernando Pino Solanas, arrojaron fuertes críticas a la presencia china en nuestra región. Si bien casi todos dijeron que no se trataba de señalar a China como “el malo” ni desconocieron la necesidad de tener una relación con “la nueva potencia”, cuestionaron el modo, las asimetrías, una “nueva dependencia” y la falta de transparencia y protección ambientales de algunos acuerdos, entre otros tópicos.

 

La mirada fue más bien condenatoria, como la que tiene una parte de los intelectuales latinoamericanos (y de otras regiones) sobre China, para quienes se estarían replicando acontecimientos pasados sobre “centro y periferia” y prácticas “imperialistas”. Ello, frente a otras posturas que, en cambio, observan las diferencias entre una posible hegemonía global china con otras anteriores y ven más bien las potencialidades de un relacionamiento con el gigante asiático.

En el acto, llamado ¿Cooperación Sur-Sur o nuevo imperialismo?, se repitieron algunas inexactitudes trilladas, como por ejemplo que la base espacial en Neuquén, de cooperación con China, es “militar” y fue hecha por  “obreros chinos” (Solanas) o que en China “sólo 300 millones de personas” se benefician de su modelo mientras que otros 1.100  millones de habitantes estarían excluidos (Brand). Otros cuestionamientos fueron más bienvenidos para el debate, esencial –por cierto- para abordar los lazos con China no sólo de Argentina y el resto de América Latina sino de todo el mundo, que observa un reformateo global cuyo pulso lo marca la economía china. Aunque ignoraron, en general, las falencias y límites propios que tienen las dirigencias latinoamericanas para afrontar el desafío y descansaron las críticas en lo que hace o no hace el otro, en este caso China.

Acosta, economista de Flacso, ex ministro e impulsor del ya ex presidente de Ecuador Rafael Correa, de quien luego se distanció con críticas ambientalistas, señaló algo cierto. La presencia comercial china en la región desplazó intercambio comercial entre los países latinoamericanos. Por ejemplo, entre Brasil y Argentina. Y criticó mucho a los gobiernos brasileños por el freno a iniciativas integracionistas (como el Banco del Sur) que permitirían a nuestra región negociar de otro modo menos desequilibrado con China. También criticó los modelos extractivistas, alimentados por el tipo de inversión china.

Esto último fue retomado por la socióloga Svampa. “Nadie niega el tener un vínculo con China, pero objetamos el modo. Es un relacionamiento que se da por demanda de materias primas y eso implica primarización económica y extractivismo. China está en todos los sectores extractivos: minería, energía, represas y negocios de transgénicos. Y los préstamos que otorga también se vinculan a ellos. ¿Entonces, es cooperación, como dicen los publicistas, o nueva dependencia?”. Según ella, “el Libro Blanco chino para nuestra región hablaba de cooperación, pero estamos frente a una gran potencia en tránsito a ser el nuevo hegemón. No podemos ser ingenuos y asimilar su discurso”. Para Svampa, hablar hoy de una relación Sur-Sur “ignora la lectura de un nuevo capitalismo de Estado (como definió a China)”.

Reconoció que en la década pasada los gobiernos progresistas se abrieron a China, “a veces para oponerse a Estados Unidos (como el caso de Hugo Chávez en Venezuela), pero hoy, diez años después, creció en forma alarmante este tipo de vínculo con China”. Indicó que en 2005, cuando el Mercosur, sus organizaciones sindicales y populares y sus gobiernos, derrotó al proyecto estadounidense ALCA, “pudo ser un punto de partida distinto, para negociar de otro modo con China”, pero se privilegiaron “relaciones bilaterales y no de conjunto. Sólo con integración regional se podría dar otro modo de vinculación; si no, va consolidándose una nueva dependencia, quizá distinta a la que tuvimos con EE.UU.”, afirmó la investigadora.

Brand, vinculado a la Fundación Luxemburgo, que co-organizó esta conferencia en el Senado argentino, comparó lo que pasa entre la Unión Europea y China, donde, afirmó, hay más simetría en la relación. Pero igualmente observó una nueva dependencia. Dijo que su perspectiva era “de clase”, para observar “quienes ganan y quiénes pierden con esta relación con China”, en términos de grupos sociales. “En Argentina y América Latina, y en China, la gran mayoría están excluidos”. Las mayores críticas europeas a los lazos con China, y que se repiten en América Latina, dijo, son: 1) la falta de transparencia en los acuerdos; 2) actitudes “como si fuera un nuevo poder imperial” (citó el caso de India, que no fue a la reciente reunión en Beijing por la Nueva Ruta de la Seda porque “además de ser competidor de China se queja de que los chinos imponen las reglas”); 3) la práctica de un comercio con Europa que “no se considera justo” (habló de los subsidios chinos, no dijo una palabra de los subsidios europeos); y 4)  que “China practica una falta total de estándares socioambientales”. Por todo eso, explicó, la UE no firmó el documento final de la cumbre de Beijing del mes pasado (sin embargo, trenes entre China y Alemania, España y Gran Bretaña, que son parte de la Nueva Ruta de la Seda) ya intercambian comercio. “Europa está atenta a un softpower chino más en lo comercial que en lo cultural, le preocupa eso”, sintetizó.

Ulrich Brand también reclamó que en vez de mega acuerdos y mega obras se deberían buscar con China convenios “más descentralizados y de menor costo ambiental”, con “más articulación con economías locales”. Y cuestionó que el país asiático, “en vez de invertir, en verdad ofrece créditos, con lo que el riesgo queda para el país deudor”.

Solanas, por su parte, criticó, entre otros aspectos, los acuerdos en materia energético y ferroviario que firmó Argentina. Sobre el primero, dijo que se acordó con China “un financiamiento de 12.500 millones de dólares para dos plantas nucleares, una con potencia de 721 MW y otra, con 1.150 MW. Por el mismo monto, podrían instalarse parques eólicos con una capacidad de 5.100 MW o granjas solares fotovoltaicas con una capacidad de 2.600 MW. Inclusive en países como Alemania, hay un proceso de desinversión y están cerrando sus plantas nucleares”.

Y sobre trenes, lanzó: “Se cerró la compra de 1.400 a 1.500 coches-motor eléctricos para equipar la Red de Expresos Regionales (RER), los cuales, de fabricarse aquí, representarían la creación de 90 mil puestos de trabajo. En un país con 32% de pobres y un 38% de trabajadores precarizados sin cobertura social, estamos frente a la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo estables”. Solanas condenó tanto los acuerdos firmados por los anteriores gobiernos kirchneristas como su continuidad en la administración macrista.

 

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