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Debatieron el impacto chino en América Latina

Economía

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China es vista casi siempre como riesgo o como oportunidad. En un intercambio académico en el Instituto Germani de la Universidad de Buenos volvió a ocurrir. Como peligro, por quienes no aceptan su retórica win-win ni su -postulan- "pretendida" posición compartida de una visión desde el Sur o antihegemónica. Como oportunidad, por sus postulados de cooperación y a favor de la paz con inversiones abiertas al comercio o la integración física entre los países. El Grupo de Estudios del Este de Asia de la Facultad de Ciencias Sociales convocó a los economistas Ariel Slipak, de la Universidad Nacional de Moreno; a Guillermo Santa Cruz, del CARI, y a Leonardo Stanley, del CEDES, y debatieron sobre esos ejes, en una mesa sobre el impacto de las transformaciones chinas en América Latina.

Slipak fue el escéptico, mostrando, entre otros datos, algunos que evidencian cómo la presencia de manufacturas chinas en la región, en especial de bajo o mediano valor agregado, fue "desplazando" exportaciones entre países vecinos, en especial dentro del Mercosur, donde tradicionales intercambios de autopartes o textiles, por ejemplo, de Argentina a Brasil y viceversa, han ido gradualmente cayendo a la par que crecían las exportaciones chinas.

Cruz fue el optimista, sobre todo pensando en cómo la Nueva Ruta de la Seda que impulsa China para Eurasia podría "extender" su influencia propositiva hacia América Latina. Acaso Stanley presentó una postura intermedia, o en todo caso sus prevenciones fueron no tanto por razones chinas sino por taras históricas de la dirigencia latinoamericana para encarar desafíos globales semejantes.

Para Cruz, las intenciones de chinas en la OBOR (la sigla en inglés de One Belt, One Road) tienen que ver con reemplazar rutas de su conexión con el mundo que hoy pasan en un 85% por el Mar del Sur de China, amenazado por riesgos bélicos (presencia de EE.UU.) y conflictos soberanos. Y por otra parte, los seis corredores de la OBOR buscan llevar desarrollo a zonas conflictivas en el Asia Central que también garantizarían seguridad a China. Por ejemplo, el corredor de Kasghar, al extremo occidental chino, al puerto de Gwadar en Pakistán, con un plan que involucra 46.000 millones de dólares.

“Estamos en la tercera apertura china, luego de la de Deng Xiapoing a fines de la década de 1970 y de la del ingreso a la Organización Mundial del Comercio en 2001. En esta nueva etapa, Occidente se percibe debilitado y China se presenta como una fuerza pacificadora e integracionista”, dijo el expositor.

Respecto de América Latina, dijo que el proyecto Belgrano Cargas, el de un tren entre Brasil y Perú o los acuerdos comerciales sobre el Pacírico podrían llevar a que nuestra región se proponga articularse con OBOR.

Peor según Slipak, los peligros chinos provienen de que el carácter de los acuerdos son desintegracionistas para el Cono Sur. “Su retórica se desmitifica”, dijo, cuestionando calificaciones como “socio estratégico”, “modelo”, “Sur global” o “contrahegemónico”, y vio más bien a China como una potencia militar, financiera y cada vez más fuerte en comercio e inversiones internacionales.

La cuestión de fondo es la seguridad energética china, que busca cambiar de matriz, opinó. Y mencionó luego el desplazamiento de comercio que ha producido en nuestra región, “donde además no se verifica, al contrario, que el perfil de intercambio vaya agregando valor. Las ventas de Argentina o Brasil a China cada vez se primerizan más”. Sobre OBOR, también criticó el impacto ambiental, y aseguró que forma parte de un “Consenso de Beijing” que perjudicaría a la región, donde “las inversiones chinas son por eso geopolíticas, sin importar en un primer momento si logran ganancias”.

Finalmente, Stanley habló del “nuevo modelo” en la economía de la RPCh. Su primera versión fue del tipo asiático, ir avanzando en las cadenas de valor (como hicieron Japón, Corea del Sur, Taiwán), aunque diferente porque fue menos autónomo y cerrado, ya que descansó en inversiones externas. Ahora ha virado hacia otro enfatizando más su mercado interno. Su Estado dirige el crédito, la política industrial, la política cambiaria, diio.

Una vez lograda esa etapa vino la política de go out que impactó en inversiones e infraestructuras en todo el mundo, como en América Latina. “Ya es un gran exportador de capitales. Si hoy su PBI ya no crece a tasas de dos dígitos, sí lo hace a dos dígitos su tasa de crecimiento en inversiones externas. Ya se presenta a licitar hasta trenes balas en… Estados Unidos”, ejemplificó.

Y sobre la relación con la región, criticó la falta de coordinación de nuestros países en negociar más de conjunto. Aceptó que nos falta inversión y capital para infraestructura que China aporta, pero cuestionó la falta de transferencia de tecnología porque “siempre negociamos con urgencias” y eso hace que “las condiciones las ponga el inversor”. Y habló de la dependencia que ello produce, “que se ve en cómo el presidente Mauricio Macri había dicho que se revisarían acuerdos, y vimos cómo no le quedó otra que continuarlos”.

 

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