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Xuexi chino sin morir en el intento

Educación e Idioma

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Los profesores Liu Shu y Zhong Chuanmin, o Susana y Pablo, llegaron a la Argentina hace varios años. Aquí criaron a sus hijos, que hoy van al Colegio Carlos Pellegrini y a la Universidad de Buenos Aires, y que los ayudan en las traducciones al español de sus libros de texto de enseñanza del idioma chino o de la difusión de la literatura de su país de origen. Con enorme entusiasmo y amabilidad, hoy enseñan chino mandarín en varias escuelas y universidades argentinas. En el Número 5 de la Revista Dang Dai, de reciente aparición, cuentan esa experiencia. En Leer más, la entrevista.

Los profesores Liu Shu y Zhong Chuanmin, o Susana y Pablo, llegaron a la Argentina hace varios años. Aquí criaron a sus hijos, que hoy van al Colegio Carlos Pellegrini y a la Universidad de Buenos Aires, y que los ayudan en las traducciones al español de sus libros de texto de enseñanza del idioma chino o de la difusión de la literatura de su país de origen. Con enorme entusiasmo y amabilidad, enseñan en la Escuela de Estudios Orientales de la Universidad del Salvador y tienen experiencia docente en la Cámara empresaria bilateral y en universidades como la UTN o de La Plata. Oriundos de Sichuan, Susana se graduó allí en la Universidad Normal y tiene el certificado de China National Office for Teaching Chinese as a Foreign Language para enseñar chino mandarín, en tanto Pablo se especializa en literatura y escritura, publica en el diario China Daily y tiene, como su esposa, el certificado de capacitación de Hanban, el órgano chino de difusión de idiomas. Su método goza de gran suceso entre estudiantes de Argentina e incluye textos propios con soporte de audio en internet.

¿Qué nos pueden decir, en líneas generales, de la enseñanza del chino en Argentina?

A gran escala, es relativamente nueva, de no más de 10 años. Existía antes, pero creció notablemente a partir de 2004, motivada por universitarios, ejecutivos o por la necesidad de distintas personas de aprenderlo. En general, lo que se dice es que no es fácil y que se diferencia del aprendizaje de otra lengua occidental o de raíz europea. Pero que sea difícil no quiere decir que sea imposible aprenderlo.

¿Cuáles son sus características particulares?

Varias. Por un lado, el chino es monosilábico. Esto significa que a cada sílaba le corresponden varios significados o ideas, que sólo se distinguen por el caracter o ideograma. Tenemos 400 sílabas, y unos 1.200 ó 1.300 sonidos con distintos tonos, cuatro más uno ligero. Ahí ya hay una gran diferencia con el español, que tiene muchas menos sílabas, pero muchas más combinaciones de sílabas para expresar ideas o palabras. En cambio, en chino las formas silábicas para expresar palabras son escasas. Y en cuanto a los caracteres o ideogramas, mientras cada país desarrolló su escritura adecuándose a su lengua, el monosilabismo determinó a la nuestra. Mientras las lenguas europeas tienen una estructura fonética, en la china predomina la ideografía: una representación de palabras mediante signos pictóricos. La impresión es más visual que auditiva.

Cuando hablan de las formas silábicas escasas, eso dificulta la pronunciación, ¿correcto?

Claro, es otra de las dificultades. Porque hay pronunciaciones desconocidas para los hispanoparlantes (consonantes y vocales que no se conocen aquí) por ejemplo “zh”, “sh” o vocales como “iou”, “uei”, “iong” o “uang”, entre otras. Por eso hay que aprender con mucha paciencia. Lo mismo sucede con los cuatro tonos: alto y sostenido, ascendente de medio a alto, descendente y ascendente, descendente de alto a bajo, más el neutro. Aprender cada tono en palabras de una sola sílaba no es tan difícil, pero cuando hay dos sílabas o se combinan tonos, las reglas cambian y eso es difícil de aprender. En una oración larga se cambia de tono constantemente, sube, baja, vuelve a subir, a bajar….

¡Qué difícil!

Pero no imposible, esa es la idea.

Además, a cada sonido le puede corresponder varios significados…

Claro, pero teniendo paciencia y constancia se aprende. Vea. El chino tiene una gran escasez de formas silábicas, y tiene por eso un gran número de homónimos, palabras que se pronuncian igual o de modo muy semejante y aun con un mismo tono. Por eso algo importante de nuestra lengua es el contexto.

¿Y los ideogramas?

Es otro rasgo distintivo. Muchos alumnos a veces reconocen algunos y saben su significado, pero ¡no recuerdan cómo pronunciarlo! Es distinto con un idioma alfabético. A veces, según nos han contado, han ido a China y los confunde un cartel, no se escribe igual que el sonido, como pasa con el español e idiomas similares. De un ideograma hay que conocer primero el sonido y luego su significado. Un ideograma es un sonido, una forma y a la vez un significado. Requiere por lo tanto mucha memorización, pero insistimos, ¡no es imposible de aprender! Nosotros también cuando aprendimos español tuvimos que lidiar con las conjugaciones verbales, que en chino no existen.

Bueno, al menos un alivio.

Susana y Pablo comentan que con los años fueron puliendo  las técnicas de aprendizaje. Parten de lo más simple a lo más complejo, primero usando el Pinyin (método que oficialmente empezó a usarse en 1956 pero -cuentan- fue introducido hace 500 años por misioneros) y pasando a los ideogramas en los niveles superiores. En ellos, dicen, “empezamos con los más simples, de pocos trazos (人,口,日,月,木,雨, o sea gente, boca, sol, luna, árbol, lluvia respectivamente), y luego compuestos, de dos o más componentes (学,汉,语,班,围 ). Empezamos por los más simples porque es más fácil pero también porque muchos de esos ideogramas luego se usan en otros más complejos, que se relacionan con la idea expresada por los simples(林,众,明,吃,雹  o sea árbol bosque, persona multitud, brillante, comer, granizo respectivamente.)“Los métodos de enseñanza –afirman- pueden ser variados según la demanda y las condiciones de los alumnos. Lo importante es cómo lograr un buen resultado”. Ciertamente es una tarea ardua y constante para todos los profesores. “Primero creemos que es mejor soltarse a hablar, luego enseñar los ideogramas, no al revés. O sea, como aprendimos de chicos”, explican Pablo y Susana.

¿Y la gramática?

Quizá ahí a veces tenemos una “ventaja” sobre el español. Aparentemente la nuestra es más fácil porque, por ejemplo, no hay conjugaciones verbales. Lo que a veces resulta más difícil es el orden de la frases que debe seguir algunas reglas. Si tradujéramos literalmente la oración “¿Sabés dónde está él?” en chino sería “¿Vos sabés él está dónde?” Ese orden a veces confunde a los estudiantes.

Es difícil. Claro, ustedes dirán que se puede, que no es imposible, que con paciencia…

Exactamente.

 

Para Shu y Chuanmin, se necesita además un esfuerzo conjunto del alumno y del profesor, buenos métodos pedagógicos y materiales. “Escribimos varios libros al respecto. En 2007 –cuentan- publicamos el primero, Chino para Hispanoparlantes. Luego uno referido al tema de negocios. Y en 2010, el libro Hi, Hola, Ni Hao. Ahí tuvimos en cuenta las dificultades que nos iban diciendo los alumnos. Algunos textos tienen soporte en internet, en http://chinozhong.jimdo.com”. Hasta ahora, en ocho años de trabajo ambos profesores han tenido alrededor de seiscientos alumnos, muchos de los cuales fueron avanzando y necesitando material más profundo y variado, y ello los llevó a publicar libros como Cuentos detrás de las frases hechas (bilingüe) y rescatar viejas leyendas o cuentos clásicos de China, traducidos al español, como Cuentos Fantásticos de Liao Zhai (聊斋志异), muchas veces llevados al cine o al teatro. “Los alumnos más persistentes –señalan- son los que aman la cultura china, estudian por gusto, no por un negocio o algo puntual. Para muchos, el objetivo es conocer la cultura china milenaria. No es tarea sencilla aprender otra cultura. Debe haber un sentimiento amplio y fraternal, y alegría al estudiar, al disfrutar la otra cultura”.

¿En cuánto tiempo se aprende chino?

Si uno estudia en China, quizá dos años son una buena base para la expresión oral y la comprensión lectiva. En otro país, como en Argentina, lleva mucho más. Influye el contexto, la edad (los jóvenes y chicos aprenden más rápido), y obviamente el tiempo que se le dedica.
 

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