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Fu Dai Ju, promotora del tango desde Shendhu

Cultura

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“Bailar tango es una obra de arte; debes sentirlo desde lo más profundo del alma…” Así es como comienza su relato la talentosa bailarina tanguera Fu Dai Ju, en una nota de Gaviota Ou Zhanming publicada en Wechat. Oriunda de Shendu, ciudad ubicada al oeste de China, tuvo desde sus comienzos, en el año 2008, que recorrer un largo camino para convertirse en la exitosa profesional del dos por cuatro que es en la actualidad. “No sabía de qué se trataba –confiesa- pero cuando lo escuché por primera vez, quedé maravillada. Estaba de vacaciones en Shen Zhen y conocí a un profesor de danza moderna que había viajado a Hong Kong a aprenderlo”.

 

Fu Dai -escribe Gaviota- se reconoce una persona curiosa por naturaleza, por eso, cuando el tango sonaba con sus primeros acordes en su mente, ella inmediatamente se puso en campaña y averiguó acerca de las raíces del ritmo. “Supe enseguida que se había originado en la zona del Río de la Plata, en el siglo XIX con un gran desarrollo en la Argentina, muy lejos de aquí…-comenta y se identifica como una de sus grandes descubridoras asiáticas. “Quería bailar algo donde pudiera expresar mis sentimientos, desde los más hondo de mi corazón…” Fu Dai hizo sus primeros pasos como bailarina de danza moderna y deportiva. Fue campeona en su categoría, pero insistía con probar nuevos estilos para perfeccionarse y no resignaba su búsqueda hasta que lo conoció: el tango la enamoró. “¡Me conquistó para siempre!”, dice apasionadamente.

El cambio de vida por el el tango

En el año 2008, Fu Dai viajó a Beijing. Había visto un anuncio en una revista de danza moderna que publicitaba la llegada de Juan Rosales, un profesor argentino que iba a dictar un breve curso sobre el arte de bailar tango. Así fue como Rosales se convertiría en su maestro. “La primera vez que me encontré con Juan me gustó mucho bailar esta danza pero fue una clase muy básica, aprendí sólo unos pocos pasos. Cuando regresé a mi pueblo no podía seguir practicando porque no tenía a nadie que me continuara enseñando –relata.  Por fortuna, en menos de un año, él regresó a Beijing a dar clases nuevamente y allí estuve presente”.  Fu Dai, hasta ese momento, enseñaba danzas modernas en Shendu a un grupo de estudiantes de la Universidad de Sichuan. Cuando ellos se enteraron que su profesora viajaría otra vez a la capital para continuar con “su” tango, se entusiasmaron mucho y le pidieron que, al regresar, les enseñara a bailarlo. Esto fue un gran desafío para ella. Sintió mucha presión y una gran responsabilidad al transmitir una danza tan remota y tan poco conocida en China, pero que la había encandilado desde el primer momento.

“Tenía la mayor barrera que se puede tener con culturas y costumbres tan lejanas y diferentes: el idioma –dice convencida Fu Dai-. No me podía comunicar con Rosales; él no hablaba chino y yo no sabía ni español ni inglés, así que tuve muchas dificultades para aprender. Solamente observaba y copiaba los pasos del profesor. Primero aprendí los movimientos que debe hacer la bailarina y después, ocupé el lugar masculino en la pareja para poder completar el baile y entender de qué se trataba. Fue muy difícil. Pero me pasó algo incomparable, maravilloso…Juan expresaba sentimientos cuando bailaba. Lo podía percibir en su cara y en la postura de su cuerpo. Al ver esto, decidí continuar con el gran desafío que significaba para mí ser una excelente profesora y profesional del tango argentino”. Esta fanática bailarina estudió cada día con mucho compromiso, entusiasmo y responsabilidad, para aprender a bailar un ritmo que requiere mucha técnica. Complejo, pero muy seductor y atractivo a la vez. “Le dedicaba seis horas diarias en el salón de danza. Cuando llegaba al hotel continuaba practicando los pasos muchas horas más, hasta que me iba a dormir. Casi todas las noches, soñaba con el tango, su cadencia, los pasos e imaginaba la música que invadía mi corazón” – confiesa.

 

Al cabo de dos meses, Fu Dai Ju regresó a Shendú con muchas esperanzas de transmitir lo que había aprendido en la capital. Allí, la esperaba uno de sus más entusiastas alumnos, Wang Chengming con cuarenta estudiantes universitarios que querían tomar clases de tango. Así fue como el 6 de diciembre del 2010, se convirtió en la primera profesora de tango en Shendu y esa ciudad, además, fue la tercera en implementar la enseñanza de este ritmo detrás de Beijing y Shanghai. Transcurrido el primer mes desde el comienzo de las clases, esta valiente bailarina fundó el primer espacio de tango en Shendu, un club de milonga que, al cabo de unos años fue bautizado con el nombre de “Rosas” y que hoy seduce a lugareños y turistas con toda su magia y encanto porteños. “Rosas abrió sus puertas como un salón muy modesto” –cuenta orgullosa Fu Dai- Cuando le pregunté qué tango sonó por primera vez, se le iluminó la cara y con gran emoción contestó enfática y en voz alta: “¡Por una cabeza!”.Pero un largo camino faltaba recorrer aún. “Aprendí con mucho entusiasmo y del mismo modo, lo transmití. Estudié muchas horas, hice muchos sacrificios. Cuando llegaba a mi casa, por las noches, estaba muy cansada pero tuve la satisfacción de ver a mis alumnos que aprendían a bailar e incorporaban el tango en sus vidas como un sentimiento, con mucho respeto y amor. Eso me colmaba el alma –recuerda-. Aunque llegó un momento en el que mis discípulos que estudiaban sus carreras en la universidad, comenzaron a graduarse y muchos partieron a continuar con sus proyectos. Lloré todos los días...” Fu Dai se había quedado sin estudiantes y tuvo que volver a empezar. Con sensaciones encontradas, mezcla de miedo de no poder convocar a nuevos aprendices y el fervor por seguir transmitiendo su baile, decidió poner un anuncio para atraer gente. “Me di cuenta que necesitaba hacerlo legalmente. Fui a la municipalidad, conseguí el permiso y el 5 de septiembre de 2011 fundé mi primera empresa de tango, el “Centro de Baile Rosas”, en el distrito de Jinjiang, lugar que mantuve hasta el 2017 del que luego me mudé para irme a un lugar más grande en Wuhou” - cuenta con orgullo. Mucha gente ayudó a Fu Dai Ju a resurgir el año en el que sus primeros alumnos, ya recibidos, partieron en busca de nuevos rumbos. El apoyo incondicional de numerosas personas que asistieron a sus clases, la hicieron renacer como el ave fénix.Puedo asegurar sin temor a equivocarme que hoy, habiendo transcurrido diez años desde sus comienzos en el tango, esta gran bailarina ha acrecentado su amor por el dos por cuatro. Ha invertido muchísimo dinero para invitar a maestros argentinos a dar clases en su academia. “Este lugar no es un simple negocio para mí …es mi pasión. Hoy en día, -comenta- trabajo con un equipo de personas que ama el tango tanto como yo y muchas veces, hemos cobrado muy poco dinero para dar clases con el fin de que la gente se acercara a aprender a bailar y elevar este ritmo, que comenzó siendo amateur a niveles nacionales e internacionales dentro de Asia. Nuestro principal objetivo es difundirlo mundialmente desde este lado del planeta”. Actualmente, Fu Dai no sólo ocupa su tiempo en enseñar y dar a conocer esta disciplina sino que es una gran estudiosa de la cultura argentina. “Me encanta conocer todo lo que rodea a mi danza. El tango ha armado su historia en base a testimonios, experiencias de la gente, amores, desamores, encuentros y desencuentros, mucho dolor, fantasía, baile, música… y así se ha transmitido de generación en generación, al resto del mundo, desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad”-explica y muestra un gran conocimiento acerca del tema.  Siempre tuvo la contención de su familia para desarrollar este proyecto. “Me ayudaron moral y económicamente en todo lo que pudieron. Entendieron que mi adoración por este estilo musical surgía desde el fondo de mi alma. El tango forma parte de mi vida cotidiana. Aprendí castellano e inglés para poder comunicarme con mis alumnos extranjeros y fui a la Argentina y a varios países de Europa para profundizar mis conocimientos. También viajé por el interior de China para ver el desarrollo de este hermoso ritmo en las distintas ciudades y comunicar mi experiencia como bailarina a academias de danzas, organizaciones culturales, profesores y maestros”.

 

Conexión y pasión

 

La alegría y el entusiasmo que transmite Fu Dai cuando habla de “su” ritmo es difícil de explicar con palabras. Ella es puro sentimiento. Tiene muy en claro que, más allá de bailar de manera extraordinaria, debe haber una conexión muy profunda de los bailarines con el tema musical.  Indudablemente, tanto el tango de salón como el de escenario deben ser una conjunción perfecta entre la música y la interpretación. “En los concursos de baile, los participantes no conocen el tema musical que les tocará -dice. Deben improvisar sobre lo que suena. Pero si no te conectas desde tus sentimientos con la música y ello, lo transmites a tu cuerpo y te mueves desde lo más recóndito de tu interior, no hay coreografía por más hermosa que sea, que pueda lucirse. Queda una performance vacía. El tango es una obra de arte. Necesitas un período de tiempo, de relajación y meditación para encontrar tu verdadera pasión. La sensibilidad del acto hace mover tu cuerpo. Si no mantienes el sentimiento, no puedes transmitir nada y el público que mira, que pagó su entrada para que le brinden un gran espectáculo, se va habiendo disfrutado quizás de una excelente coreografía, pero sin entender que el tango es puro amor. Este baile, como todo arte popular, no necesita ser entendido por su técnica o movimientos de unos bailarines con música detrás. La pareja que baila debe transmitir su fervor a través de sus posturas y desplazamientos. Esto jamás debe cambiar. Amor, pasión, entusiasmo, magia, ilusión, fortaleza, ternura, tristeza, delicadeza deben estar presentes siempre durante el desarrollo de la danza. Es el más hondo sentir”-concluye emocionada.Debo confesar que cuando terminó la entrevista, Fu Dai Ju había logrado enseñarme, en verdad, qué es el tango. Además de ser una profesional asombrosa, ella da cátedra de la palabra pasión. Pude comprender que este ritmo acerca el alma al espíritu. Que sólo se trata de eso; experimentar un auténtico frenesí. ¿Quién diría no? Un ritmo con orígenes tan remotos, con características sociales, costumbres y técnicas tan diferentes a las tradicionales, se clavó como una certera flecha en el medio de nuestros corazones. Adaptado, asombrosamente a nuestras vidas y en diferentes espacios y ciudades, hoy lo sentimos nuestro. Desde aquí… desde China, mi país, el tango argentino ha traspasado los límites del mundo.  Un arte de la humanidad, con mucho amor.

 

 

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