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La corrida con el dólar vista desde Shanghai

Contribuciones

Con el sudónimo Shuimuran, un profesor de la Universidad de Shanghai publicó en el el portal de noticias de Wechat “Sohu” (http://www.sohu.com), especializado en América Latina, un artículo muy crítico con la política financiera del gobierno argentino a partir de la reciente corrida cambiaria. La traducción al español enviada a Dang Dai es del Institute for Global Studies. El artículo cuestiona la apertura de la cuenta de capital, el rol de las inversiones especulativas y el papel que juega Estados Unidos.

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Por Shuimuran

Lecciones históricas de una guerra financiera lanzada por EE.UU.

1 El colapso de un país

En estos días, el Banco Central de la República Argentina tomó una decisión lunática: subió la tasa de interés un 40%, acarreando un shock al mercado financiero. Esta es la tercera vez en ocho días que el Banco Central sube la tasa de referencia, pasando del 27,25% al 40%. La principal causa de este acelerado incremento es la devaluación de la moneda argentina.

Durante este año, el valor del peso cayó un 17%. Hace una semana los pesos fueron saldados por ventas sin precedentes. En un solo día el valor de la moneda cayó un 9%. Las medidas del Banco Central tampoco pudieron detener la venta masiva por parte de la población.

En efecto, la tasa de inflación es altísima en Argentina.  

Actualmente, la inflación vacila entre el 30% y 40%, una tasa superior al interés de referencia definido por el Banco Central. Es decir, si depositas pesos en un banco de Argentina, estás perdiendo dinero cada segundo que pasa.

La suba de la tasa de interés elevará el costo del capital, dando un golpe duro a la economía real. Ahora el mercado de bonos, divisas y valores a futuro va en bajada. ¿Qué sucederá luego?

No es la primera vez que la Argentina es saqueada de este modo. Argentina es un país que retrocedió del estatus de Nación desarrollada a un país en vía de desarrollo. En la actulidad sigue en la lucha contra la crisis económica y contra los conflictos sociales internos. En el 2001, por la devaluación de su moneda, el colapso del sistema bancario y la congelación de las cuentas, se explotó un revuelto social que afectó a todo el país, generando protestas millares de personas y el traspaso de cinco presidentes en un solo mes.

2. Colonización financiera

Argentina es un caso de lo que podríamos llamar, una colonización financiera.

¿De quién es la culpa? Pues, de EE. UU.

Cuando el dólar se convirtió en una moneda universal, los EE. UU. adquirieron la capacidad de saquearon activos y el capital de otro países. La colonización financiera es una forma de colonización invisible pero más profunda. ¿Cuál es su lógica?

Primero comienza con el camino de expansión cuantitativa, inyectando gran cantidad de moneda a otros países, elevando los costos de la economía y empujando los precios hacia arriba. Luego, de repente, cuando retira los fondos cuando la burbuja financiera ha sido creado, causando escasez de divisas en el mercado. Así baja los precios de los productos y activos de otros países.

En esto momentos, la Reserva Federal de EE.UU. subió la tasa de referencia para recuperar capital internacional. La expansión y contracción, para confiscar activos de otros países, son los movimientos de una guerra financiera.

Históricamente, en cada suba de las tasas norteamericanas los más afectados fueron los países emergentes. La primera espiral de este conflicto sucedió en los años ochenta del siglo pasado, cuando América Latina sufrió de las “crisis de deuda”. La segunda ronda fue en los años 90, cuando los países del sudeste asiático sea una tormenta de crisis financiera. En ese momento, Argentina no fue ajena.

3. La Guerra de Malvinas

La Guerra de Malvinas fue también una batalla financiera. A partir de 1973, el índice del dólar se mantuvo bajo, es decir, la Reserva Federal de EE. UU. mantenía una política de Expansión Cuantitativa. Este proceso duró alrededor de diez años en los cuales la oferta de la moneda se aceleró año a año. Y esos dólares fueron a América Latina. La disponibilidad de moneda impulsó la inversión en esta región, generando una prosperidad económica que se mantuvo hasta fines de ‘70.  

           

El índice del dólar comenzó a incrementarse en 1979. La Reserva Federal cerró la compuerta del aluvión de dólares. De repente, América Latina sufrió de una ruptura en la cadena de capital, debido al retorno de gran cantidad de divisas a EE.UU. Este fenómeno dejó una tasa de inflación del 600% a la Argentina en 1981, cuando el PIB bajó al 11,4%, la Industria de manufactura descendió un 22,9%, mientras el salario sólo incrementaba en un 19,2%. El resultado social fue una huelga general de largo plazo y el desprestigio del gobierno militar que por ese entonces gobernaba el país.   

Con su legitimidad en crisis, el gobierno militar intentó aliviar la crisis nacional a través de acciones violentas. . El 19 de marzo de 1982, los argentinos izaron la bandera nacional en las Islas Sandwich del Sur. Ese 2 de abril, el presidente Galtieri emitió la orden de ocupar las islas Malvinas y estalló una guerra.

Al principio, EE.UU. vio con buenos ojos el movimiento. Contribuía a generar más caos en la situación nacional y empeorar la inversión en la región, convenciendo a los capitales a retirar los activos. Al final, se decidió por apoyar a Inglaterra.

En ese momento, la Reserva Federal anunció una segunda suba de las tasas de interés. Se aceleró así, el retiro de los dólares en el mercado latinoamericano. El capital regresó a EE.UU., donde prosperaron los tres mercados (de Bonos, futuros y valores), generando el primer mercado en alza luego de la desvinculación entre el dólar y el oro. El índice del dólar subió de 60 a más de 120, es decir un incremento del 100%. Los inversores norteamericanos aprovecharon esta ocasión para adquirir activos de buena calidad en América Latina que estaban a muy bajo precio.

A partir de 1986, el índice de dólar fue cayendo por segunda vez. Esto generó una inundación de dólares en el mercado mundial durante más de 10 años. Es decir, EE.UU. se preparó para esquilar el mundo de nuevo.

¿Y dónde fue esta vez? A Asia.

4 La crisis financiera de Sudeste de Asia

A partir de los años 80, los cuatro tigres asiáticos, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur, y Taiwán adoptaron estrategias de desarrollo, orientadas a la exportación. Pusieron énfasis en la manufactura con mano de obra intensiva. En poco tiempo, lograron un despegue de la economía que los convirtió en zonas desarrolladas dentro de Asia. 

Es necesario tener en cuenta que la estrategia orientada a la exportación, en su esencia, es una forma de conseguir divisas extranjeras a cambio de productos; sin embargo genera una dependencia al mercado internacional. De este modo, Corea del Sur, Japón, Taiwán hasta el sudeste asiático se convirtieron en apéndices económicos de EE.UU. Por la misma razón, esas regiones tuvieron un desarrollo veloz.

Tras diez años de bajas tasas en el mercado norteamericano, cuando Asia prosperaba, EE. UU. redujo la oferta monetaria. Por lo tanto, estos países asiáticos sufrieron de escasez de capital, incluso algunas fábricas fueron cerradas. En Asia, aparecieron síntomas de crisis económica y financiera.

En ese momento, los especuladores financieros trajeron un “fondo cuántico” y atacaron como lobos a la moneda nacional de Tailandia.

El gobierno no pudo enfrentar la compra y venta de Bahts en el mercado internacional. Al no contar con suficientes reservas de divisas, estalló una crisis monetaria. La crisis afectó en cadena a Malasia, Singapur, Indonesia, Filipinas y a Taiwán, Hong Kong, Japón, Corea del Sur, hasta Rusia.

Los inversores internacionales juzgaron un empeoramiento del entorno en Asia y retiraron su capital. La Reserva Federal de EE.UU., atenta al mejor momento, anunció otra vez la suba de las tasas de interés. El capital que se retiró de Asia volvió a los tres mercados de EE.UU. creando una segunda etapa en alza. 

Con los bolsillos llenos, Norteamérica repitió la estrategia que había hecho en América Latina. Se compraron activos de buena calidad a un bajo precio, aprovechando que la economía asiática estaba en ruinas.

¿Por qué China resistió el impacto sin devaluar la moneda? Al no devaluar, se detuvo la salida de yuanes a dólares. Es una defensa ante al ataque de la Reserva Federal norteamericana.

Las guerras de Kosovo y de Afganistán fueron agitaciones, creadas por los EE.UU. para acelerar la guerra financiera.

Lo mismo que hace trece años, este movimiento se está repitiendo. El 17 de diciembre de 2015, la Reserva Federal anunció un incremento de un 0.25 en la tasa de referencia. Así, como el movimiento de un ala de mariposa, estalló una tormenta. A las 9:30 de la noche del día siguiente, el peso argentino cayó un 41%. Es decir, en menos de 24 horas, la moneda argentina colapsó. 

5. Nunca abran la puerta entera

Una de las razones por las que la Argentina fue saqueada repetidas veces, es que aquel país abrió de par en par las puertas a su mercado financiero. Así, les dio a los especuladores internacionales un cuchillo para dañarla.

Siendo fiel a EE.UU., Argentina confió en el neoliberalismo. De hecho, es uno de los países pioneros en aplicar un modelo de liberalización financiera.

Cuando estalló la crisis en Rusia en 1998, el ex ministro de Finanzas norteamericano O'Neill sugirió a las autoridades rusas aprender de las medidas en Argentina. Su argumento fue el siguiente: el sistema financiero argentino había abierto completamente sus bancos y se benefició mucho.

Durante el último cuarto del siglo XX, Argentina realizó dos reformas liberales del mercado financiero: la primera en 1976, la segunda en 1994. En los setenta, se liberaron las tasas de interés para depósitos de altos montos, luego se abrió el juego a  todo tipo de depósitos y préstamos, se anuló el sistema de reservas del 100%, eliminando así cualquier control del crédito. En la década de los noventa, se privatizaron las bancas. A partir de ese momento, los activos de los bancos comerciales en Argentina fueron controlados por el capital extranjero. 

En 1992, la totalidad de los activos bancarios controlados por el Estado, ocupaban un 82%. Sin embargo, en 2001, este porcentaje se redujo al 33%, y la porción de los activos bancarios controlados por capital extranjero subió al 70%.

Entre los diez bancos más grandes de Argentina, ocho están controlados por firmas externas como los bancos norteamericanos como Citibank, el Banco de Nueva York  y el Banco de Boston.

La liberalización financiera trajo una gran cantidad de moneda disponible y estimuló el crecimiento económico de Argentina, ocultando así los problemas esenciales. Cuando bajó la marea, los argentinos se dieron cuenta de que la apertura extrema había dejado entrar un lobo disfrazado de oveja.

El capital introducido subió los activos en Argentina, generando una prosperidad temporal. Sin embargo, con la tasa de cambio fija, la sobreestimación de la moneda trajo malas consecuencias. En el contexto de políticas liberales, la exportación argentina sufrió una mayor presión y terminó aumentando el déficit en la balanza de pagos.

Delante de esta crisis, EE.UU. que antes apreciaba las políticas argentinas, se sentó con los brazos cruzados, declarando que el país debía pagar sus propias cuentas. Rechazó múltiples veces el pedido de ayuda.

Ahora la situación es peor que en 2001, el nuevo gobierno argentino levantó el control de las divisas. Es decir, abrió la puerta para la salida de las divisas calientes y un nuevo saqueo internacional.

La liberalización financiera suena como una receta para la prosperidad económica, pero ha sido un veneno letal para muchos países. El colapso de Japón en 1980, la tormenta financiera del sudeste asiático en los años 90, la crisis argentina en 2001, están estrechamente vinculados con la liberalización financiera.

Muchos sucesos anteriores revelan que la apertura ciega, sin tener en cuenta las condiciones propias del país, sin tomar medidas necesarias para el control y supervisión, traen graves consecuencias. El ejemplo argentino da una lección de que los grupos de intereses vinculados al capital extranjero, junto con los problemas de corrupción, arruinan a los países. Sin una sólida base de las industrias reales, las finanzas son un espejismo. Sin las garantías de un Estado fuerte, el capital no sirve.

6. El último rival

En los últimos meses, EE.UU. tomó nuevas acciones. Los efectos fueron evidentes. Hong Kong subió la tasa de interés para los depósitos en dólares, los mercados de bonos y divisa bajaron en Rusia, Argentina subió tres veces la tasa en una semana. Y esto, posiblemente es sólo el comienzo.

EE.UU. tragó muchas economías de pequeños tamaños como una serpiente devorara los ratones. No obstante, un pequeño ratón ha crecido hasta el tamaño de un elefante. La serpiente, aun así, mantiene la ilusión de su capacidad para devorar un elefante. Este país es China. Durante la crisis del 2008, el PIB chino era de 30 billones de dólares, hoy en día asciende a más de 100 billones de dólares. EE. UU. no sabe dónde puede morder.

La Unión Europea está cada vez más debilitada, los países emergente no tienen suficiente capacidad de negociación. En esta batalla global, iniciada con la suba de la tasa del dólar, el mundo depende en gran medida de China.

Como un país emergente, China busca mantener un modelo sostenido de desarrollo. Por ejemplo, se planteó el concepto de la Comunidad del Futuro Compartido de la Humanidad, que busca la persecución de los intereses nacionales en un contexto apropiado para los demás países, incentivando así el desarrollo internacional. Otro ejemplo es la iniciativa de la Franja y la Ruta (OBOR por sus siglas en inglés), con la cual, China incentiva una nueva etapa de la globalización, creando nuevas cadenas de producción industrial. La mentalidad que se ha adoptado es la ayuda mutua y coordinación política conjuntas, bajo condiciones de igualdad y desarrollo conjunto.

Una nueva dirección para el desarrollo mundial implica una mayor multiplicidad y coordinación, sin una nación hegemónica. Las ideas chinas como la integración de la persona con la naturaleza, compartir valores manteniendo las diferencias individuales, son algunas propuestas para el siglo XXI. Los cinco principios de convivencia pacífica y la comunidad de futuro compartido demuestran una búsqueda pacífica y en equilibrio con el desarrollo mundial.

 
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