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La diversidad y el aporte del inmigrante, en un colmado auditorio de la UADE

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Un panel de lujo entre destacadísimos inmigrantes chinos contó ayer su experiencia en Argentina ante unos doscientos alumnos de distintas carreras de la UADE, en un panel sobre Presencia china y taiwanesa en Argentina: identidades, cultura y testimonio. “¿Quién de nosotros no cortó fiambre alguna vez en un supermercado chino?”, preguntó uno de los oradores para arrancar la primera carcajada del público, y varios de sus colegas levantaron la mano, cuando ahora son exitosos empresarios, docentes, locutores, actores, ópticos, dirigentes políticos o difusores de la cultura oriental en nuestro país, como en otras décadas lo fueron inmigrantes de otros países, en su mayoría de Occidente, que nutrieron la formación de la identidad argentina:  mosaico, mezcla, crisol o de diversidad, como la fueron definiendo oradores y auditorio.

La actividad se realizó en el marco del proyecto de investigación Identidades chinas en Buenos Aires: entre las prácticas socioeconómicas y culturales y las redes transnacionales, que dirige la doctora Susana Brauner en el Instituto de Ciencias Sociales y Disciplinas Proyectuales (INSOD) de la Universidad Argentina de la Empresa, en la Ciudad de Buenos Aires.

Participaron Antonio Chang, presidente de la Asociación Barrio Chino; Ana Kuo, directora de la Asociación Cultural Chino Argentina; Yu Sheng Llao, abogado, traductor y crítico gastronómico; Ángela Chung, profesora experta en ceremonia del té y cuya familia dirige el Instituto de Medicina Tradicional China; Ignacio Huang, actor y director de teatro; Carlos Lin, periodista y locutor, Andrés Hung, secretario del legislador porteño (el primero de origen chino en América Latina) Fernando Yuan, y los directores de la revista de intercambio cultural Argentina-China Dang Dai, Gustavo Ng y Néstor Restivo. Coordinó la profesora de la UADE en la Carrera de Periodismo Romina Casas.

En su mayoría de origen taiwanés, ellos formaron parte de la primera gran oleada que llegó a la Argentina a inicios de la década de 1980, y contaron sus experiencias en la formación del Barrio Chino desde sus orígenes, el choque cultural que vivieron siendo muy niños o niñas en las escuelas y los barrios donde vivieron, los mandatos familiares cuando fueron creciendo y, cada vez más integrados, se fueron “argentinizando” y eligiendo carreras y profesiones a veces a disgusto de lo que pretendían los padres, entre otros aspectos de su vida en nuestro país.

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Sus muchas anécdotas así como sus profundas reflexiones sobre la identidad cultural atraparon por más de dos horas la atención del público estudiantil que colmó el auditorio de la UADE. Contaron por ejemplo el periplo que vivieron algunos inmigrantes que antes de llegar a Argentina pasaron por Japón, Estados Unidos o países latinoamericanos; o el hecho de que ir a comprar como simples clientes a un súper chino les genera una casi segura pregunta de otro cliente argentino sobre, por caso, “¿me dice donde está la góndola de la leche”?, como si creyera que por ser chino necesariamente trabaja ahí. “Siendo argentinos, no podremos escapar de nuestra cara”, dijo otro de ellos con su mejor sonrisa.

Del mismo modo, se habló de la convivencia en el país del histórico perfil nacional de puertas abiertas y acogedor –que los participantes reconocieron y agradecieron- pero tambiél el país con experiencias discriminatorias o aún xenófobas que como en todo el mundo existen.

Si bien volcados en un primer momento al comercio, los tenedores libres o los supermercados -como en las décadas siguientes harían sobre todo inmigrantes de la provincia de Fujián, de la República Popular China- esta primera y aun segunda generación de “argenchinos” se destaca notablemente en sus profesiones, así como otros pares lo hacen en arquitectura, dirección de cine, comercio exterior, ingeniería, psicoanálisis, moda o artes.

El último dato que se conoce sobre inmigrantes chinos en Argentina lo dijo la Embajada de la RPCh a medidos de este año: 180.000, pero el número es muy confuso. El Censo Nacional de 2010 arrojó una cifra absurdamente menor. Entre otras cosas porque falta definir qué es o si se considera ser chino o ser argentino en el caso de familias inmigrantes, con hijos nacidos aquí o llegados de muy chicos, residentes algunos, nacionalizados otros. En todo caso se trata ya de la cuarta comunidad de recientes inmigrantes luego de la que proviene de países limítrofes. Y a ellos se agrega, en mucha menor medida en cuanto a número, quienes vienen por trabajo profesional en las empresas chinas que se van radicando en el país a partir del acercamiento comercial bilateral en la última década.

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Foto de Argchina

En cuanto a supermercados se estiman en 10.000 locales, otra cifra incierta. Algo más preciso es un estudio de la Universidad Nacional de San Martín, adelantado por Dang Dai, que relevó un mapa de 65 organizaciones chinas en el país, entre de residentes (35%), comerciales y económicas (25%), religiosas (22%) y culturales, educativas y laborales (6% cada uno de esos tres rubros).

En cualquier caso, y como se reflexionó también en el panel y en el auditorio, un caudal de experiencias que, como antes mayormente europeas, trae a la Argentina ahora y va cimentando, como pasa con los inmigrantes latinoamericanos o incluso africanos, un enorme bagaje cultural, en este caso de los laboriosos y milenarios orientales.

Más información en Argchina (en chino)

 
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