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Un viaje que sirvió para “borrar nuestros prejuicios”

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Mont Wutai, uno de los puntos del viaje

Cécile Tougeron y Caroline Dietrich son estudiantes de la escuela de negocios Skema Business School, de Francia, y están en Argentina con una pasantía que es parte de esa maestría. Escribieron para Dang Dai sobre su experiencia de vida en China, donde se instalaron por cinco meses en Suzhou y pudieron visitar regiones como Yunnan, Haïnan, Shanxi, Guizhou, Zhejiang. Aquí el artículo.

Por Cécile Tougeron y Caroline Dietrich

El año pasado, como parte de nuestro programa de estudio, nos ofrecieron a ir a estudiar a China. Un país con una historia milenaria y que, a la vez, es en este momento uno de los más importantes en la geopolítica y la economía mundiales. No estábamos seguras de si aceptar o no (nos habían dado otras opciones), si sería lo más conveniente, si nuestra decisión sería la correcta, pero nos entusiasmaba la idea de aprender, no sólo de aprender el idioma chino sino también de vivir en una cultura diferente.

A pesar de nuestras dudas, decidimos radicarnos cinco meses en Suzhou, ciudad vecina a Shanghai. Nos dio un poco de miedo, ya que esa cultura es totalmente diferente a la nuestra. Pensábamos que íbamos a tener dificultades para comunicarnos ya que allí no hablan francés, ni español; sólo inglés en la grandes metrópolis como Shanghai y Beijing. También dudábamos si nos íbamos adaptar a la comida china, ya que los chinos comen arroz con todo las comidas y jamás imaginábamos que podríamos comer carne de perro, insectos o escorpiones. También teníamos dudas acerca de la política de este país en donde se habla tanto de comunismo como de un régimen totalitario. ¿Cómo nos resonaría toda la situación social a nosotras que crecimos en un país donde  se respetan las libertades individuales?...  

Nuestras primeras impresiones

Cuando salimos del aeropuerto de Shanghai, lo primero que nos llamó la atención fue una enorme nube gris que cubría el cielo. ¡Habíamos llegado en un día lluvioso! Con el tiempo nos dimos cuenta de que la polución es algo normal en esa metrópolis. ¡Esta nube nos envolvió durante los cinco meses de nuestra estadía!

A medida que avanzamos hacia el centro de Shanghai descubrimos una ciudad muy moderna llena de luces y sonidos comparable a Nueva York y nos sentimos empequeñecidas ante la cantidad de “buildings”, negocios, restaurantes, bares con una población de 15 millones de persona que se expresan mucho, que hablan fuerte y se empujan cuando están haciendo una fila.

La noción de intimidad y pudor no es igual para los asiáticos que para nosotros los occidentales: ellos nos tienen ningún problema en limpiarse la nariz en un restaurante, cortarse la uñas en un transporte público o ir al toilette en un restaurante o en un bar sin tener la delicadeza de cerrar la puerta. Incluso en algunos de estos lugares no hay puerta. Nos sorprendió también la falta de normas de higiene tanto en los restaurantes como en la calle: los platos los lavan en la vereda, un poco más lejos despluman una gallina… En algunas regiones menos desarrolladas los niños hacen sus necesidades en la calle como algo normal.

Otro de las cosas que nos llamó la atención fue el tema de la seguridad. Podíamos salir de noche, tomar un taxi o mismo a veces los locales nos ofrecían llevarnos en su motoneta y nosotras aceptábamos sin ninguna aprehensión. Jamás vivimos una escena de violencia, robo, agresión. Vivir en china es vivir sin tener miedo del otro.

El ser europeas nos permitió conseguir pequeños trabajos con facilidad. Los chinos admiran los rasgos occidentales y en ocasiones no pasaba un día sin que alguno nos pidiera una foto junto a toda la familia o nos filmaran. También teníamos la posibilidad de comprar productos electrónicos, aparatos domésticos, incluso ropa hecha a medida, todo a bajo precio si uno tiene la suerte de saber regatear.  ¡Una  noche de hotel con una buena cena cuesta 200 pesos!

Respecto a la política social y económica  percibíamos situaciones confrontadas: en efecto la mayoría de los chinos tienen acceso a la tecnología y al consumo pero  otra gran parte de la población no tiene acceso a la educación. Hay niños que no pueden concurrir a la escuela por carecer por medios de transporte.

Para ingresar a Internet hay un sistema único chino. Si deseábamos ingresar en Google,Youtube, Facebook debíamos hacerlo como hacen los chinos:“jaquear” el sistema.

Los paisajes  y gente

Durante estos cinco meses tuvimos la suerte de poder viajar por numerosas regiones de China y de disfrutar de sus magníficos paisajes. Recorrimos una parte de la gran muralla china con un grupo de amigos  en la frontera con la Mongolia, especialmente recorrimos una sesión no restaurada y vimos paisajes extraordinarios. Ascendimos durante seis horas al Mont Wutai,   patrimonio mundial de la Unesco, y llegamos a la cima más alta a 3061 metros de altitud y con una temperatura de 10 grados bajo cero.

Un esfuerzo que valió la pena: estábamos en medio de la nieve, asombradas frente a la belleza del paisaje, contemplando caballos salvajes y más lejos un templo muy lindo que visitamos después. Los monjes budistas nos dieron de comer y nos alojaron. Subimos también el Monte Tianzi : son unas montañas  que se elevan hasta en cielo. Teníamos la impresión de estar en un sueño, mágico, no parecía real.  Al bajar las montañas se puede observar una cuantidad enorme de monos salvajes. Este lugar fantástico sirvió de modelo a James Cameron para hacer la película Avatar.

China es un país con regiones muy diferentes, cada persona puede encontrar el suyo. Ciudades muy modernas como Hong Kong y Shanghai para la gente que le gusta la fiesta o ciudades como Kunming o Dali, que son más tradiciones para los que quieren gozar  de la naturaleza.

En la cultura asiática, la familia y las tradiciones son valores importantes. Los jóvenes respectan mucho a los ancianos y éstos se juntan en la calle para jugar a juegos de mesas. Además, en las grandes ciudades, notamos una gran diferencia entre las generaciones de nuestra edad (20-25 años) y la generación anterior: la primera  vive en su propio mundo, constantemente con los celulares en la mano (hasta  los utilizan comiendo) y la segunda  trabaja mucho y no se queja de nada.

Después de varios meses de convivencia podríamos afirmar que si alguna persona tiene la posibilidad, no deje de  conocer China. Descubriría que existe otra manera de vivir y de pensar, que uno se puede comunicar también por gestos, con expresiones, con sonrisas; que los derechos respecto a la educación y la salud,  algunas poblaciones los tienen y otras no. 

Es indudable que China después de treinta años de expansión económica y social se ha transformado en la primera potencia mundial. A pesar de esto su población continúa mostrándose simple, amable, servicial y muy acogedora.

Definitivamente borramos nuestros prejuicios.

 
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