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Tesis sobre desarrollo pacífico e inversión externa de la República Popular

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Con su Estudio preliminar de la política exterior y las inversiones extranjeras directas de China en Argentina (2003-2013), la santafecina María Mercedes Carrizo Gorgni completó su licenciatura en Relaciones Internacionales en la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Católica de Santa Fe. En su tesis, estudia la teoría del “desarrollo pacífico” con que la República Popular expresa su ascenso y el impulso a que se expandan fuera de sus fronteras las nuevas empresas transnacionales (ETN) chinas. China –dice- comienza a “proyectar una mayor influencia internacional a partir del inicio siglo XXI, cuando incrementa vertiginosamente el comercio con América Latina y la República Argentina en particular, siendo visto el país asiático como un poder hegemónico que busca establecer relaciones de cooperación y aprovechar las ventajas que ofrece el mercado argentino principalmente en términos de recursos naturales, ámbito a donde se dirigen las IED de origen chino, especialmente desde el año 2010”. La autora adelanta aquí, para Dang Dai, su trabajo.

Carrizo Gorgni –quien está estudiando ahora en la Universidad de Estudios Internacionales de Beijing- señala que fue a fines de 2002 cuando “Zheng Bijian, por ese entonces miembro del IX Comité Central del Partido Comunista Chino (PCCh), menciona por primera vez el término ascenso pacífico (和平崛起) en un discurso que tuvo lugar en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Estados Unidos”. Y que mientras Zheng comienza a presentar la teoría del ascenso pacífico en el ámbito académico, “el presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao la promueven en el ámbito político doméstico e internacional. Hu menciona por primera vez el término a fines del año 2003, durante la celebración del 110º aniversario del nacimiento de Mao Zedong, en presencia de varios miembros del Comité Permanente del PCCh”.

 

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Zheng Bijian, ex dirigente del CC del PCCh

 

Escribe: “Si bien la teoría deja en claro que China no busca la hegemonía y que desea ascender de una forma pacífica dentro de la estructura internacional de poder, lo cierto es que el término da lugar a cierta desconfianza acerca de cómo se llevará a cabo dicho ascenso. Esta cuestión preocupó especialmente a los miembros de la ASEAN, quienes se vieron amenazados ante una posible política exterior hegemónica en la región tras años de influencia de la política exterior estadounidense”.

A partir de 2004 hay un cambio por el sentido del término asenso pacífico y se opta por desarrollo pacífico (和平发展), que en chino se traduce como “desarrollarse, expandirse, crecer”, ya con “una connotación más positiva que ‘ascenso’ y poniendo énfasis en la continuación del proceso de desarrollo económico doméstico de China sin entrar en conflicto con los intereses nacionales de otros países”. En 2005 se publicará un Libro Blanco titulado justamente El camino del desarrollo pacífico de China.

También da cuenta sobre cómo el PCCh, que en sus orígenes renegaba del confucionismo, toma ahora enseñanzas como “poner al pueblo primero” o “buscar la armonía en medio de las diferencias”.

Al pasar al tema de las empresas transnacionales que salen al mundo, la autora revisa la anterior idea china de que las ETN cuando se expandían eran vistas como una forma de “explotación capitalista”: ahora se consideran parte del desarrollo económico. Y sostiene que las tres formas que implementaron las ETN chinas fueron los joint ventures, las cooperativas (cooperative ventures) y empresas de capital extranjero.

Carrizo Gogni avanza luego en un rastreo de la política de go out con que Beijing impulsó a que sus empresas salieran al mundo, en especial a partir del plan quinquenal 2001-05, pero pulida con otros condimentos (por ejemplo atraer inversiones hacia la RPCh) en los planes quinquenales posteriores.

“Se puede observar que la salida de IED en el año 2003 tuvo una cifra muy baja, 2.854 millones de dólares, pero termina el período en el 2013 con la salida de 101 mil millones de dólares, es decir, con un crecimiento del 3.438%”, escribe. Y también: “Desde el punto de vista de la IED de origen chino en existencia (stock), se evidencia un crecimiento continuo que comienza con una suma de 33.222 millones de dólares, para concluir la década con 509.001 millones de dólares”, una cifra muy alta aunque todavía menor a otros inversores globales líderes. En el siglo XXI un elemento clave será la llegada hacia América Latina (luego de un impulso original en Asia, su espacio natural). La llegada de capitales chinos a América Latina significará un gran impulso y reemplazará de algún modo a la IED china que iba anteriormente a Europa. Más de 60% serán empresas estatales.

En la región los principales socios fueron Argentina, Brasil, Chile, Perú y Venezuela. Y los sectores, energéticos, minero, agro, manufacturas e infraestructura. Llegaron en forma directa o indirecta a través de paraísos fiscales, o bien de compra de activos ya existentes o por acuerdos intergubernamentales.

Respecto de la relación con Argentina, predomina –dice la tesis- la llegada por vías indirectas como las mencionadas. Todavía en stock de inversiones es inferior a las de EEUU, España o Brasil pero ya supera a Gran Bretaña o Canadá. Y plantea que para cumplirse con el precepto de “beneficio mutuo” Argentina debería hacer valer más su capacidad de dotación de materias primas como la soja, lo cual “depende de nuestra propia capacidad de lograr acuerdos que favorezcan el desarrollo económico de ambas partes”.

La autora concluye que “la emergencia de China como potencia mundial de primer orden no debe ser vista como una amenaza sino más bien como una oportunidad de desarrollo para aquellos países que deseen aprovecharla. La política exterior china, enmarcada dentro de la teoría del desarrollo pacífico, propone relaciones cooperativas y de beneficio mutuo; sin embargo, en el ámbito comercial las relaciones han probado ser conflictivas en el caso de determinados productos. En este sentido –dice finalmente-, el aprovechamiento de estas posibilidades depende en gran medida de nuestra propia capacidad de adoptar una estrategia de relacionamiento con el gigante asiático que sea funcional con nuestro desarrollo económico en el futuro, haciendo valer nuestras ventajas comparativas en la producción de bienes de mayor valor agregado. Por ello, la entrada de las IED de origen chino puede ser utilizada como una herramienta para dicho desarrollo o puede conformar una posibilidad desperdiciada que otros países en vías de desarrollo sí aprovecharán para posicionarse en un lugar más alto dentro de una nueva estructura internacional multipolar”.

 
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